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Cheo Feliciano, un soneo para el adiós

Cheo Feliciano en concierto | Foto: Raúl Romero

Cheo Feliciano en concierto | Foto: Raúl Romero

El cantante, que falleció el jueves, será velado mañana y el domingo en San Juan de Peurto Rico. El entierro se realizará el lunes en su natal Ponce

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Cheo Feliciano comenzó su historia en la música cargándole las maletas y los atriles a Tito Rodríguez. Aunque su primer interés fue la percusión, terminó cantando como suplente en la orquesta del músico boricua, cuando reinaba en el popular Palladium Hall, ubicado en la calle 53 de Broadway en Nueva York.

El compositor puertorriqueño –cuyo nombre significará siempre salsa y bolero– finalizó su vida ayer de madrugada, cuando manejaba sin cinturón de seguridad hacia su casa en Cupey –a las afueras de San Juan– proveniente de un casino.
Su cuerpo fue embalsamado en la funeraria Ehret de San Juan, donde también fueron velados artistas como el compositor Catalino “Tite” Curet Alonso –autor de la popular “Anacaona” y otra treintena de temas que Feliciano grabó–. Las exequias serán mañana y el domingo en el Coliseo Roberto Clemente de Puerto Rico. Su cuerpo será expuesto el lunes en el Teatro La Perla, en su natal Ponce, antes de ser enterrado en el cementerio de la zona.
Nacido el 3 de julio de 1935 en el barrio Pancho Coimbra, a los 17 años de edad Feliciano partió con rumbo a Estados Unidos en busca de fama y dinero. Y los encontró. Primero con Tito Rodríguez, una experiencia determinante en su carrera. “Era un hombre correcto, responsable, serio. Cuidaba tanto los detalles que sus músicos le apodaban ‘el Pequeño César”, dijo Feliciano sobre el artista. Posteriormente se incorporó al sexteto de Joe Cuba, con el que actuó por una década.

De estos años provienen varios de sus éxitos profesionales, como el tema “El ratón” –que luego Fania All Stars reeditó con arreglos de instrumentos de viento y la guitarra eléctrica de Jorge Santana–. Pero también un logro personal: el mismo día que debutó con la banda se casó con la que sería su pareja de toda la vida, Socorro “Cocó” Prieto. Luego se lanzó como solista y llegó a trabajar con grandes como el pianista Eddie Palmieri.
El intérprete solía recordar una época terrible en su vida: cuando se dejó llevar por la adicción a las drogas, lo que casi finaliza su matrimonio. Pero, hombre de voluntad, cumplió su período de rehabilitación y junto con la Fania y Tite Curet volvió al ruedo y lanzó un disco de éxito que incluyó temas como “Mi triste problema” y “Pa’ que afinquen”. Cuando llegó el boom de la salsa, Cheo Feliciano ya era importante, hecho reconocido incluso por el receloso Héctor Lavoe.

Feliciano fue símbolo para muchos artistas. Fue querido e imitado, al inicio, por Rubén Blades –como él hizo en su momento con Tito Rodríguez – y admirado por otros artistas como Willie Colón. Hizo sonar la salsa no sólo en emisoras populares, sino también de corte más pop; y la llevó a escenarios como el Madison Square Garden de Nueva York y el Lido de París.

Bautizó con romanticismo sus melodías. “Para mí la canción romántica –dijo en una ocasión – es la expresión de muchas cosas (…) es el amor realizado, el despecho, la ausencia del amor, la necesidad. Hay amor en la vida por la tierra, la patria, la gente, la mujer, por tantas cosas lindas. Y no cabe duda de que esa expresión del amor es muy necesaria, es la esencia de la vida”.

Y cantó también sobre temas sociales. Era un “cronista de lo cotidiano”, como definía su oficio. Así grabó temas como “Juan Albañil”, “Las caras lindas” y “Los entierros”. “Siempre quise cantarle a la gente humilde, porque es la que nos da el mayor soporte. Además porque es la esencia de nuestra música, la salsa nace allí, en el barrio, es la temática fundamental de nosotros los salseros. Quiero que esa gente oiga mis discos y pueda decir esa canción es para mí”, expresó.

Pero su voz no dio solo para el soneo salsero –que desarrolló con maestría –; también supo enamorar con el bolero. “Cheo sobresalió por su color de voz. Era impresionante, un cantante de mucho ángel. Además tenía tino para escoger las canciones; siempre tuvieron éxito”, expresó el cantante de música popular Henry Martínez.
“Amada mía” fue uno de los clásicos que lo traerán a la memoria. También “Eres una en un millón”, que llegó a interpretar junto a Soledad Bravo en un concierto que ofrecieron en la Sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño en noviembre de 1992.

Tuvo varios amigos en el país, le gustaban la cerveza y la isla de Margarita, donde actuó en 1993 en el Margarita Latin Festival y presentó su – entonces – más reciente LP Motivos, una regresión al bolero.

Solía visitar Caracas para celebrar fechas importantes, redondas: se presentó en el Poliedro cuando celebró 35 años de carrera y en el Teatro Teresa Carreño al alcanzar el medio siglo de arte. En el complejo cultural de Los Caobos había actuado años antes para festejar el Día Nacional del Bolero. ¡Sentimiento tú!