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Chataing, el ícono pop que hace del humor venezolano un "acto de sanación"

Pocos han logrado en Venezuela hacer de su apellido una suerte de marca registrada como Luis Chataing | Foto: EFE

Pocos han logrado en Venezuela hacer de su apellido una suerte de marca registrada como Luis Chataing | Foto: EFE

Cada vez cobra más fuerza entre sus seguidores la idea de ver a Chataing como un líder político

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Pocos han logrado en Venezuela hacer de su apellido una suerte de marca registrada como Luis Chataing, el polifacético comediante de los medios de comunicación cuyo humor, tras 24 años de carrera artística, se ha ido transformando en un “acto de sanación” para millones de sus seguidores.

Chataing, descendiente de una familia de históricos arquitectos venezolanos, sabe cómo romper el molde en sus ocupaciones como locutor, animador, escritor e incluso actor, con un dominio increíble en los medios digitales en el que, según cuenta a EFE, ha logrado “marcar tendencia en las nuevas generaciones”.

“Es un compromiso, yo intento hacer las cosas lo mejor que puedo, he sido lo más sincero conmigo mismo en el sentido de responder a mis inquietudes, no por complacer a una audiencia, sino por estar tranquilo con mi consciencia”, confesó Chataing en una entrevista con EFE desde su casa en Caracas.

El comediante, que se ha convertido en un ícono pop de la cultura venezolana, intenta “encontrar humor en prácticamente todo” lo que hace, porque, dice, es “un acto de sanación, es una válvula de escape, es una forma de comunicar, es una forma de denunciar, de reclamar, de opinar”.

Apenas en 2015 Chataing visitó 40 ciudades alrededor del planeta presentando su monólogo humorístico, en “rincones impensados” del mundo donde “jamás pensó que podía haber tanta gente” de su país y “conversar con ellos, comprender sus tristezas, sus añoranzas, y las oportunidades que les brinda estar en otros lugares”.

Confiesa ser gran admirador de humoristas iberoamericanos como el mexicano Adal Ramones, el español Andreu Buenafuente, o sus compatriotas Laureano Márquez y Emilio Lovera, quienes además, asevera, son sus “buenos amigos”.

El humor de Chataing ha “emigrado de contenidos 100% destinados al entretenimiento” a “algo más crítico, algo más político probablemente”, en la medida en que “la situación en el país se ha ido agravando”, una situación que lo ha hecho participar, explica, “en una tribuna” que lo “asoma mucho más como ciudadano”.

“Las tres horas que estoy al aire son unas horas muy intensas, que implican para mí un desgaste emocional muy fuerte, toda vez que tengo yo la oportunidad como venezolano de dirigirme al país y eso es algo envidiable y delicado en tiempos como los que se están viviendo en Venezuela”, apuntó.

Ya que, como en la de muchos venezolanos, la coyuntura política, económica y social que atraviesa el país también influye en la vida de Chataing, un crítico férreo del Gobierno venezolano hoy en día.

Su último programa en la televisión venezolana, llamado Chataing TV, fue sacado del aire en 2014 “por presiones del Gobierno”, aseguró el humorista, y desde entonces ha sido cada vez más agudo en sus comentarios antichavistas, lo que ha devengado en una ola de críticas en su contra por parte de los simpatizantes del Gobierno.

“Las críticas por parte del Gobierno no son críticas, son ataques, son temores, son actos de cobardía (…) los ataques del Gobierno significan que lo que estoy haciendo está sonando, esta ardiendo”, dijo.

Cada vez cobra más fuerza entre sus seguidores la idea de ver a Chataing como un líder político y convertirse en el otro Jimmy Morales de Latinoamérica, un rol que cumpliría “sin pensarlo dos veces” si “sintiese ese llamado”.

“La verdad es que felicito a Jimmy Morales, comediante guatemalteco, que ha alcanzado la Presidencia de su país, supongo que él sintió el llamado del cual estaba hablando”, dice.

Cree que “en el ‘dos mil quién sabe' podría” ser candidato a la Presidencia de Venezuela, aunque sabe que “hay mucha gente hoy preparada, mucha gente que se ha sacrificado mucho en los últimos tiempos y que merece la oportunidad de ser presidente de este país”.

“Ronald Reagan era actor, terminó siendo uno de los presidentes más queridos de los Estados Unidos. Evo Morales terminó siendo presidente de Bolivia. En Venezuela tenemos a un señor que conducía un autobús del metro. ¿Por qué un comediante no podría llegar a ser presidente?”, señala entre ironía y seriedad, su gran especialidad.

El también escritor, cuya cuenta en la red social Twitter supera los cuatro millones de seguidores, estudia muy de cerca el mundo digital “para aprovecharlo en todo su potencial”.

“Creo que el humor está haciendo un trabajo heroico en esta Venezuela de hoy día porque invitamos a la gente a reflexionar a través de la risa, a tomarse un chance (oportunidad) para calmarse y luego actuar. Todos los extremos son malos, un país sin humor es terrible, un país meramente humorístico es peor”, afirmó.