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Charly García revivió apoyado en The Prostitution

Charly García puso a rockear a Caracas | Ernesto Morgado

Charly García puso a rockear a Caracas | Ernesto Morgado

La dimensión desconocida fue un show completo con juegos de luces y una puesta en escena vintage

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Charly García tenía en la tarima del Anfiteatro del Sambil todo lo que necesita para vivir. Un sofá, un libro, pintura, una victrola e instrumentos musicales. Arte en varias formas. 1962 decía la franela blanca que vestía bajo su chaqueta negra porque quería ubicarse en ese año.

El ídolo argentino no hizo pataletas. No rompió nada ni detuvo las canciones por la mitad. Y, aun así, pudo ser. Recorrió su vida a través de canciones, envueltas en un traje al que llamó La dimensión desconocida, y apoyado en una banda de 10 artistas que bautizó como The Prostitution.

Comenzaría por el principio, por algo de Sui Géneris, pero decidió dejarlo para el final. Prefirió subir el telón con “El amor espera”, rock de Influencia (2002) con un guiño claro a “Sing This All Together” de los Rolling Stones.

“Una canción de la que con el tiempo salimos victoriosos”, dijo García, sonriente, sentado frente a los teclados, justo antes de cantar “Los dinosaurios”, que culminó con un diminuto homenaje a Led Zeppelin que le abrió camino a “Rock n’ roll yo”.

La audiencia cantó “Promesas sobre el bidet”, mientras los juegos de luces y la pantalla de leds comenzaban a surtir efecto. “Una canción de un lugar donde nadie siente nada”, anunció. “El Negro” García López, el guitarrista, le avisó que no venía “Anhedonia”, a lo que respondió: “Tenés razón, pero estás despedido de la banda”.

El músico rectificó y dijo: “Tango desde Buenos Aires hasta Caracas”. Y comenzó a tocar en el piano de cola “Canción de 2x3”. Un redoblante alocado agitó a la multitud porque era el síntoma inequívoco de que comenzaba “Demoliendo hoteles”.

El hombre del bigote bicolor contó que una vez se reunió con Tony Sheridan, el primer artista que llevó a The Beatles a un estudio de grabación, y que juntos escribieron una canción. Se refería a “I’m Not In Love”. Contento por el sonido de una banda potente, decía: “Esto va como un Rolls Royce”.
Alejandro Terán, director de los 11 episodios sinfónicos de Gustavo Cerati, era el director de su sección de cuerdas. Fabián Von Quintiero, que ha tocado con Soda Stéreo –entre otros– era el tecladista, y Fernando Samalea, baterista de los más grandes artistas argentinos, incluido Cerati, fue percusionista.

La hermosa cantante Rosario Ortega bailó a su lado y cubrió los baches que dejaban las carencias vocales de García.

Con “Instituciones”, de Sui Géneris, culminó el primer acto. Tras un corto, muy a lo Buñuel, comenzó la segunda etapa con “Cerca de la revolución”, “Popotitos”, “Marilyn, la Cenicienta y las mujeres” y la sublime “Ojos de videotape”. Tocó “Influencia”, “Pasajera en trance” y “Me siento mucho mejor” –con la melodía de “La grasa de las capitales” como intro–. “Vía muerta”, “Piano bar” y la monumental “Eiti Leda”, del primer disco de Serú Girán, le dieron fin al segundo capítulo.

García, que dio un show gratuito ayer en la plaza Diego Ibarra, se despidió y volvió par rendirle homenaje a Erik Satie con “20 trajes verdes” y agitar a todos con “Fanky”. Le dieron un cartel que decía: “¡No te mueras nunca!”. Lo tomó y dijo: “Bueno, no voy a poder cumplir este pedido”. Le pidieron “No voy en tren” y se negó. Prefirió volver a sus comienzos y cerrar la velada con “Canción para mi muerte”.