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Cecilia Martínez: “He votado en todas las elecciones”

“Cumplir 100 años no es fácil”, reconoce la bisnieta de Cristóbal Mendoza, presidente de Venezuela durante la guerra de Independencia | Foto Raúl Romero

“Cumplir 100 años no es fácil”, reconoce la bisnieta de Cristóbal Mendoza, presidente de Venezuela durante la guerra de Independencia | Foto Raúl Romero

“Me siento muy bien: ¡viva!”, proclama la voz radial que causó un escándalo en tiempos de Gómez

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Como el árbol de la secuoya, es una medida de la verdadera escala del tiempo. El período de la historia contemporánea del país que comenzó en 1998 apenas luce como una fracción al lado de la vida de una venezolana que nació cuando Juan Vicente Gómez apenas iniciaba su larga dictadura, recibió una inyección para la difteria de José Gregorio Hernández, bailó con Carlos Gardel en el Club Paraíso, salió con Pedro Estrada y modeló para Armando Reverón.

“A veces me siento un poco cansada de haber vivido tanto”, confiesa de entrada Cecilia Martínez, la pionera de los medios de comunicación nacida el 24 de noviembre de 1913 entre las esquinas caraqueñas de Truco y Guanábano.

“Pero estoy muy contenta. Hay muchas viejas que protestan y eso me choca. Tengo muy buena salud. ¿Que cómo me siento luego de haber cumplido mis 100 años? Muy bien: ¡estoy viva!”, proclama la consentida de una residencia privada para personas de la tercera edad en Caraballeda, que enumera los regalos que recibió por su “cumplesiglo”: “Un televisor de mi nieto varón, que vive en Estados Unidos. De mi hija (Elena), un aparato que todavía no sé manejar, para mantener el ambiente fresco. Fuera de eso, cremas, pulseras, zarcillos. Creo que voy a abrir una tienda con todo lo que me dieron”.

Al baño con John. Aún canta completico el anuncio publicitario que causó un escándalo en tiempos de Gómez, aquel en el que se metía en el baño con un tal John Laud, que en realidad era un jabón. Cuando se encendió la primera señal de televisión en el país, la legendaria india Alida Palmero de la radionovela El misterio de los ojos escarlata estuvo allí vestida de toga con Tribunal juvenil, un fugaz programa equivalente al actual Se ha dicho, de Televen. El dictador Marcos Pérez Jiménez se apropió de una frase suya, “¿cuánto tiene el pote?”, en el también pionero concurso televisivo Monte sus cauchos Good Year.

En tres espacios que se transmitieron entre 1954 y 1982, Cosas de mujeres (RCTV), Nosotras las mujeres (Venevisión) y Toda una mujer (VTV), acompañó a las venezolanas en la transición entre el ama de casa y la profesional (fue la primera que tuvo, por ejemplo, una sección de yoga). Además, Cecilia Martínez ganó la primera demanda por divorcio que se sentenció en el país, en 1940, y desde que se instauró el voto femenino en esa misma década, asegura que jamás se ha perdido una elección.

“¿Que si voto en estas elecciones municipales? ¡Por supuesto! Hay que ver cómo salimos de  este bigotudo. Me toca por aquí cerca. No sé mucho dónde es, pero mi hija me agarra de la mano y me lleva”, detalla, y aprovecha para dar su mensaje a los venezolanos: “Tenemos que colaborar los unos con los otros para ver si sacamos este país del hueco en el que está. Este señor, Maduro, lo está haciendo mal. Venezuela no es que me preocupa, no. Me aterra. La comida no se consigue. Las medicinas tampoco. No se consigue lo bueno. Ni siquiera lo malo. Vivimos una angustia horrorosa. Soy católica, apostólica y romana, y le pido a Dios que nos meta mano”.


No le tocó el pote. De aquel rudimentario concurso en el que los participantes se ganaban 200 bolívares y pegaban un caucho con un imán en un automóvil de utilería, Cecilia Martínez confiesa que a ella no le quedó ningún pote. “Trabajé toda mi vida, pero dinero no he tenido nunca. Por otro lado, no mucha gente llega a los 100 años. He viajado y he tenido la oportunidad de ver cosas que otra gente no ha vivido”.

En su lucidez portentosa, con la que distingue nítidamente los tiempos en que mataba murciélagos con una china y por error le pegaba piedras a la imagen del Cristo de Limpias del cuarto del colegio Juan Nepomuceno Chaves, donde la encerraban por mojar con una manguera a sus maestras, revela que siempre está pendiente de lo que se transmite en la pantalla pequeña.

“Las cosas que pasa el gobierno no las quiero ver ni pintadas. Pero la verdad es que lo que veo en general en la televisión venezolana no me parece tan criticable como la mayoría de la gente imagina. Por supuesto, el que ha participado en mucha televisión, como yo, siempre piensa: ‘Yo no hubiera hecho eso’. Critico, pero para mis adentros. Me han entrevistado un millón de veces. Estuve en radio desde los 13 años y he soltado todas las necedades y tonterías posibles. Voy perdiendo un poco la cabeza y el volumen de los conocimientos. Pero siempre hay algo que decir”. 


De primera mano

José Gregorio Hernández 

“Yo lo vi muerto. Estaba chiquitica. Él vivía a una cuadra y salí corriendo cuando lo atropellaron. Mi papá lo invitaba a comer pollito. Era un hombre muy bello. No sé si será santo, porque para eso exigen una pila de cosas. Pero para mí, que lo conocí de cerca, era un santo”.

Armando Reverón

“Era primo hermano de mi papá. Por supuesto que lo conocí: lo queríamos mucho, a pesar de su locura, porque era medio malo de la cabeza y pataruco. Lo obligábamos a salir con nosotros a comer. Fui modelo suya. ‘Párate ahí, Cecilia’, me decía. Hacía una muñeca horrible, y esa era yo”.

Los presidentes

“He vivido los malos y los buenos. ¡Se me olvida cuáles eran! A ver, nómbremelos. Mi papá decía de Gómez: ‘Ese no sirve para nada’. Pero López Contreras no era malo. Raúl Leoni, tampoco. Rómulo Betancourt, tampoco. Eran presidentes que podían no estar: no eran buenos ni malos”.