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La Cátedra Vargas Llosa puso al boom en su santo lugar: ¿Y qué más se puede decir?

Caricaturas que Rubén López hizo de Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes cuando vinieron a Caracas a recibir el Premio Rómulo Gallegos. Ellos fueron los tres primeros escritores que obtuvieron el galardón. Acaban de publicarse junto al libro Utopías en movimiento, que editaron hace unos días Monte Ávila y el Celarg

Caricaturas que Rubén López hizo de Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes cuando vinieron a Caracas a recibir el Premio Rómulo Gallegos. Ellos fueron los tres primeros escritores que obtuvieron el galardón. Acaban de publicarse junto al libro Utopías en movimiento, que editaron hace unos días Monte Ávila y el Celarg

Un congreso que recorrió España y convocó a una treintena de escritores hispanohablantes visibilizó obras que se mantuvieron en la sombra por años, como la de José Balza

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Lo llaman boom porque fue una explosión literaria sin precedentes. Ocurrió en la década de los sesenta y catapultó la obra de escritores como Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes, entre otros, hoy centrales de la cultura latinoamericana.

Los críticos coinciden en que, aunque sus efectos se sientan hasta ahora, el fenómeno propiamente dicho duró poco más de una década, desde que Vargas Llosa publicó La ciudad y los perros –hace exactamente 50 años– hasta el asesinato del poeta cubano Heberto Padilla, que causó la indignación de círculos intelectuales en el mundo y la enemistad de algunos escritores con Fidel Castro.

El congreso El Canon del Boom, que terminó hoy, contribuyó no sólo a recordar la literatura fundacional de la modernidad hispanoamericana, sino que también permitió la reflexión en torno a perspectivas hasta ahora inéditas. “Hablamos ya de clásicos, de modo que hay que tener mucho cuidado con las palabras que usamos”, aclara Armas Marcelo: “Lo que entendemos por canon se abre y se cierra cuando releemos y cuando lo hacemos, en efecto, redefinimos”.

Y justamente de eso se trata, de definir. “Puso al boom en el lugar histórico que le corresponde”, afirma el madrileño Marcos Giralt Torrente, que presentó la ponencia Una Lectura trágica de La invención de Morel y de El sueño de los héroes. Añade que el encuentro estableció que aquel fenómeno comercial pero también estético fue un hecho único: “Que se benefició de un contexto y unas condiciones irrepetibles, y vaciando de toda añoranza la mirada acerca de él”. Aunque hasta ahora se hablaba del movimiento literario con la esperanza de que se repitiera o, por el contrario, para criticar su influencia, cree que su importancia crucial fue poner en las librerías del mundo grandes obras latinoamericanas: “Por fin dejamos de esperar que se repita. Y eso está muy bien. Y se ha asumido que lo principal que significó fue la incorporación de Iberoamérica y su literatura al mercado internacional y, por lo tanto, al canon. No habrá nuevos booms, pero el hecho es que antes de éste era casi imposible encontrar en las librerías americanas, francesas o alemanas a autores que escribieran es español o portugués, y hoy eso es perfectamente posible. Ahora lo encontramos normal, cuando en realidad fue la principal consecuencia del boom, que nos puso en igualdad de condiciones con otras tradiciones literarias y otras lenguas”.

El congreso pasará a la historia de la literatura en castellano, quizá como lo hicieron las mesas redondas que se asociaron al Premio Rómulo Gallegos en su primera época, como un momento que definió la tradición literaria iberoamericana y que señaló también qué podría constituirla, pues centró su mirada en los periféricos del movimiento: sus precursores y sucesores, esas figuras que se beneficiaron de sus efectos y enriquecieron su proyección, y también en el aporte de países como Venezuela.