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Carrie-Anne Moss, la sensualidad al poder

Carrie-Anne Moss / Cortesía

Carrie-Anne Moss / Cortesía

Su nombre estará por siempre asociado al de Trinity de Matrix, pero la actriz vuelve al ruedo con otro papel de una mujer de armas tomar en la serie Vegas

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Si hay algo que no es muy común en Hollywood es que un determinado intérprete quiera seguir asociado al papel que le dio renombre. Por lo general, la tendencia es, en los mejores casos, intentar despegarse de ese personaje; y, en los peores, olvidarlo como si no hubiese existido en su carrera. Por eso, lo de Carrie-Anne Moss es una anomalía. En realidad, todo su camino en el cine parece haberlo sido.

En primer lugar, porque cuando recuerda la oportunidad que, allá por 1999, le dieron los hermanos Wachowski con Matrix, lo hace siendo consciente de que Trinity será siempre parte de ella: "Ese personaje fue una bendición en todos los aspectos", asegura Moss, "me dio la libertad económica para mantener a mis hijos y no trabajar por un tiempo, y también me dio la posibilidad de ponerme más selectiva desde ese momento en adelante. Fue un regalo y lo voy a seguir considerando así".

En segundo lugar, porque su evolución como actriz estuvo siempre marcada por los contrastes. Veamos: su primer traspié lo sufrió en Vancouver, donde su profesor de teatro le dijo lo único que no deberías decirle a alguien que quiere hacer de la actuación un recorrido serio: "Deberías considerar una profesión alternativa". En muchos otros actores ya contaminados por el funcionamiento del sistema, la anécdota puede sonar a uno de esos inventos que se conciben para que la historia de cuento de hadas tenga mayor eficacia. En el caso de Carrie-Anne Moss, sin embargo, suena extremadamente real, lo cual tiene mucho que ver con su necesidad de mantenerse alejada de los espejitos de colores de Hollywood. "Siempre me voy a acordar de ese consejo que me dio el profesor, fue lo más desalentador que escuché en mi vida".

Pero claro, para un intérprete, muchas veces el desánimo puede operar como incentivo. Y así sucedió con ella. En España logró su primer trabajo en la serie Justicia ciega, lo que la condujo, a su vez, a ser una de las protagonistas de la soap-opera Models, Inc., suerte de continuación del exitoso producto televisivo Melrose Place.

Y aquí es donde la carrera de Moss se empieza a desarrollar a través de una sumatoria de anomalías. Porque es extraño que de ser estereotipada en el personaje de una modelo pases a protagonizar una de las sagas más exitosas de la historia del cine. Matrix, claro. Antes del papel de Trinity hubo otros, sí, pero en películas menores donde Moss no encontraba su lugar. Pero a veces el lugar tiene que dártelo un artista, un visionario. Alguien que observe en vos las cualidades necesarias para ofrecerte la oportunidad justa.

En este caso, estamos hablando de dos visionarios: Andy y Lana Wachowski. Uno puede trazar paralelismos entre Matrix y Dark City de Alex Proyas (cabe decir que ambas se dieron a conocer con un año de diferencia) y cuestionar la originalidad de los hermanos, pero si pensamos en todo lo que filmarían después y si incluimos a Cloud Atlas en el combo, entonces no hay dudas. La ambición que tienen como directores es correlativa a lo inventivo, lo fundacional, lo poderoso. Fueron ellos quienes, como en Cloud Atlas acertaron en poner a Doona Bae en el rol de Sonmi, en 1999 descubrir que Moss era más que una mujer atractiva, que tenía el talento interpretativo suficiente como para personificar a Trinity.

Como si esto fuera poco, seis años antes de la primera entrega de Matrix, Moss había participado en una serie canadiense del mismo nombre. ¿Coincidencia? Ahora, evocando ese momento de fama, Moss no piensa tanto en términos de alfombra roja, premios y fanatismo desmedido, sino en la creatividad de los Wachowski: "Son dos personas muy inteligentes que se interesan por crear algo que no se haya visto antes. Siempre sentí la necesidad de protegerlos porque ellos inspiran eso. Ésa es la clase de personas que son. Especiales. No hay otra manera de definirlos".

Pero independientemente del buen ojo de los realizadores, hay que darle gran parte del crédito a Moss por poner a Trinity, si de heroínas del cine hablamos, en un lugar superior. "Yo nunca me sentí una pionera, especialmente si pienso en Sigourney Weaver y todas las mujeres con roles similares que estuvieron antes", declara con cierta modestia, para luego reconocer el efecto que Trinity tuvo a fines de los 90 y principios del 2000: "De todos modos, sí pienso que fue un papel que influenció películas y series con mujeres liderando la acción. De hecho, recuerdo que cuando Matrix salió se me acercó una autora de novelas de acción y me agradeció porque le estaban dando más oportunidades para escribir".

De Memento, el bajo perfil y el resurgir en Las Vegas

Si hay algo en lo que puede dar cátedra Carrie-Anne Moss es en trabajar con visionarios del cine contemporáneo. Porque no solo tenemos que circunscribir todo a los Wachowski. Moss también fue parte de la explosión de Christopher Nolan. Del Nolan que homenajeaba al cine negro. Del Nolan que ya comenzaba a jugar con la temporalidad y con los puntos de vista. Del Nolan de las películas modestas. Del Nolan pre-Batman. Del Nolan de Memento . Un año después de Matrix y tres antes de las últimas dos partes de la trilogía, Moss pudo volver a explorar la sensualidad combinada con la inteligencia en la mencionada Memento, esa gran película donde el realizador le dio a la actriz un personaje símil femme fatale en una historia que, más allá de los giros policiales, más allá de los enigmas, en el fondo es una historia de amor. "Me pasó lo mismo que con Matrix", recuerda Moss. "Cuando leo los guiones no soy de focalizar tanto en la acción sino de concentrarme en el nivel cósmico que tienen. En el plano del amor. A Matrix, por ejemplo, la vi como una historia del amor que lo puede todo. Vi fe, esperanza, destino, decisiones. Supongo que todo tiene que ver con eso".

Justamente, en relación a la toma de decisiones y después del éxito de la saga de Matrix (por más olvidable que sea la última entrega, Moss optó, como ella misma lo contaría después, por aprovechar la libertad que le dieron esas películas y elegir papeles no demasiado trascendentes pero sí variados y desafiantes para su profesión. Por eso, no sería una sorpresa si no recordásemos sus recientes intervenciones. Moss volvió a elegir la anomalía, yendo del cine independiente (Snow Cake, Mini's First Time), producciones canadienses también de proyección limitada (Normal) hasta su inmersión en el cine de videojuegos (no solo le puso la voz a Aria en Mass Effect sino que también fue parte de la secuela de Silent Hill). ¿Su más reciente paso? Vegas , la flamante serie creada por Nicholas Pileggi y Greg Walker, ambientada en los 60 e inspirada en los sucesos reales protagonizados por Ralph Lamb (Dennis Quaid) un sheriff de Las Vegas que debió investigar el asesinato del empleado de un casino y a controlar los tejes y manejes de Vincent Savino (Michael Chiklis), un líder de la mafia.

¿Qué papel juega Moss en esta historia? El de la abogada Katherine O'Connell, quien explota al máximo el privilegio de poder trabajar, en ese contexto y en esa época, en una profesión que no estaba precisamente ligada al universo femenino. Nuevamente, Moss se inclina por un personaje influyente, esas mujeres pioneras que tan bien puede dominar. "Lo que me atrae del personaje es que ella creció en Las Vegas cuando éste era un lugar hermoso y puro. Y amo eso. Amo esa pelea que lleva a cabo por devolverle la pureza. Es algo muy auténtico", asegura Moss y, en una movida interesante, establece una analogía con Hollywood: "Es lo mismo que sucede en la industria, donde uno debe intentar permanecer fiel a sí mismo y con honestidad. Sobre todo cuando sos madre. Y ésa es la razón principal por la cual yo elegí este camino y no cualquier otro".