• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

Carmen Victoria Pérez: “Tengo una lentejuela en el alma”

“Vengo una escuela magnífica e irrepetible que se llama Renny Ottolina, Aldemaro Romero y Joaquín Riviera”, dice | Foto Manuel Sardá

“Vengo una escuela magnífica e irrepetible que se llama Renny Ottolina, Aldemaro Romero y Joaquín Riviera”, dice | Foto Manuel Sardá

La animadora que conducirá el jueves Nuestra Belleza Venezuela piensa que en la televisión nacional existe mucha improvisación. Nunca ha dejado de ver el Miss Venezuela, pero cree que merece una actualización

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

El vino blanco se menea en su copa con sutileza, como queriendo apartar el calor de la tarde que amenaza con entrar. Ella lleva puesta una corona y brilla entre los tantos objetos y espectadores que escuchan su voz, ese sonido ronco que es autoridad y también risas. Carmen Victoria Pérez –peinada, maquillada, con las piernas debidamente cruzadas– deja claro que ella no es la animadora número 1 de Venezuela. Ese es el puesto de Renny Ottolina. “Yo considero que he cumplido mi misión”.

La locutora regresa al lugar del que nunca se ha ido por completo y conducirá Nuestra Belleza Venezuela, junto con Josué Villaé. El concurso creado por Carlos Escobar y producido por Gabriel Ramos se realizará el jueves en el hotel Eurobuilding y será transmitido en streaming por la página web de El Nacional.

“Decidí formar parte del proyecto porque soy de naturaleza iniciadora. Este certamen les da la oportunidad a jóvenes que a veces no pueden participar en otros concursos de belleza”, dice y recuerda que el “trapo” que utilizará ese día –diseñado por Richard Febles– será un secreto hasta el último momento, como sucedía cuando animaba el Miss Venezuela vestida por Guy Meliet.

—¿Cuál es la magia del mundo de la belleza?
—Los medios de comunicación son mágicos, porque pueden cambiar lo cotidiano de la gente. Y esa noche es un momento diferente, hay una presión que es de alegría, angustia. Es algo que no puedo explicar, pero que es. Y uno trata de transmitirlo al público.

—¿Qué recuerdos le trae volver a animar un concurso de este estilo?
—Todos muy buenos. Y especialmente algo que he usado toda la vida que se llama respeto, porque trabajas con público. No lo puedes dejar de lado nunca.

—¿Qué debe ofrecerle la televisión para animarla a volver?
—Que hubiese buenos productores, porque es uno de los ámbitos que siento más vacío. Hay una confusión en el ambiente de que si no se tiene muchísimo dinero la cosa no funciona. No. Es cuestión de que tengamos gente con iniciativa, creatividad y humildad. Y si propones un producto, te lo aceptan y luego no te ayudan para que funcione, estamos absolutamente fritos. Para evitarme esas preocupaciones, no propongo nada hasta que sienta que las cosas vuelven a su nivel.

—¿Cómo observa a la nueva generación de animadores?
—Muy improvisada. Y me llama la atención que muchas de las presentadoras son periodistas, han estudiado por lo menos cinco años en la universidad. Entonces, ¿cómo vas a pasar por allí, te vas a sentar en un sillón y vas a mostrar una lola?

—¿Qué debe tener el animador para la televisión actual?
—Preparación. Te voy a explicar esto: el rol más duro, más ingrato y desagradecido que hay en el medio artístico es el del animador porque tiene una misión muy fuerte, que es la de romper el hielo. Cuando se anuncia la fanfarria y la música, al pobre mortal que camina por el escenario lo que le toca, le toca. Entonces la preparación es fundamental. Pero ahorita lo que hay es un desmadre.

—Pero en medio de las lentejuelas, ¿hay talento?
—Sí lo hay, pero pudiera estar mejor desarrollado. Claro, a veces uno tiene que dejarse asesorar, porque no somos dueños de la verdad ni la tapa del frasco de nada. Yo vengo una escuela magnífica e irrepetible que se llama Renny Ottolina, Aldemaro Romero y Joaquín Riviera. Pero si no me hubiera dejado asesorar en su momento, no hubiéramos podido lograr tantas cosas.

—¿Qué representa la radio para una mujer formada en pantalla?
—Es el posgrado. Es la verdadera realización de un presentador. Tiene cosas que la televisión no: en pantalla me pongo un zarcillo o muestro una pierna y distraigo al televidente. En la radio me tengo que poner tan creativa que le pueda llevar mi imaginación al oyente, este la reciba y la acepte.

—¿Qué le renovaría al Miss Venezuela?
—Excepto las jóvenes, que las pondría más naturales, y el zar, todo lo demás. Yo siento un gran respeto por el concurso, nunca he dejado ni dejaré de verlo; pero creo que merece una actualización. Ya en las últimas ediciones sabemos lo que va a pasar y eso no debe ser. ¿Dónde está la magia? No seguiría escatimando en los lujos que merece un concurso como este.

—¿Qué rescata de la televisión nacional?
—Yo no veo televisión nacional

—¿Y qué le gusta ver?
—Las noticias, es lo que me nutre para desenvolverme. Soy adicta a las entrevistas. Veo shows, porque también tengo una lentejuela en el alma; festivales, entregas de premios.

—¿Qué no negocia jamás un animador?
—Hay muchos códigos. Primero, no se arrodilla ante un productor. No negocio la falta de cultura, la falta de respeto al público, la improvisación y tampoco negocio la estupidez.

—¿El glamour es algo que se pierde?
—No. Y el que lo pierda, pobrecito. Porque hasta para morirse hay que tener glamour.

—¿Qué nutre su vida?
—Conversar esto que estoy conversando contigo. Y la copa que tengo en la mano. Y la gente que tengo a mi alrededor en este momento. Porque eso forma parte de mi vida y ha sido así por muchos años. Es un nutriente, por eso no bebo Ensure.