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Carmelo Niño reinterpreta obras clásicas de manera mágica

Carmelo Niño | Foto: Manuel Sardá

Carmelo Niño | Foto: Manuel Sardá

El artista hace una pausa en la gráfica para dedicarse a la pintura. La exhibición Figuración y ensueño reúne 20 lienzos hechos a fuerza de espátula. En ellos confluyen arlequines con figuras religiosas y personajes retratados de manera surreal

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Un cardenal recibe a los visitantes de la muestra Figuración y ensueño, del artista visual Carmelo Niño. Luce imponente en el lienzo de 1,24 por 1,17 metros. El tema no tiene nada que ver con la Cuaresma, ni con el nombramiento de un nuevo papa. En realidad, el creador se ha inspirado en los retratos clásicos de figuras de la corte y del clero para crear algunas de las obras que exhibirá a partir de mañana en la Galería de Arte Ascaso, en Caracas.

La exposición está integrada por 20 lienzos elaborados en gran formato que muestran escenas, decorados y figuras humanas cuasiteatrales en campiñas, playas o interiores. En las pinturas confluyen arlequines, caballos alados y perros humanizados con damas que usan sombrillas o abanicos, personajes religiosos o simplemente poderosos.

Ese es el sello de la producción de Niño, creador que se define a sí mismo como un gran admirador de las obras maestras, de cuya composición se nutre para realizar la figuración con visos fantásticos que día a día crea en su taller en El Junko, donde habita desde hace 30 años.

El artista viene de trabajar los mismos temas en el ámbito de la gráfica para Los susurros del daimon, que se presentó en la misma galería en 2010. “Me encanta recrear obras clásicas de los grandes pintores holandeses y españoles. Siempre he basado mi trabajo en lo que se hacía en los últimos siglos pero con una visión actual, personal”, indica.

En esta ocasión el creador deja a un lado la gráfica y se concentra en la técnica pictórica. Mientras supervisa el montaje de su exhibición cuenta que disfruta pintar con espátula, crear fondos pastosos, con texturas espesas, que contrasten con el tratamiento más plano y sobrio que da a las figuras. “Me interesa mucho trabajar la parte matérica de la pintura. Las obras las hago de memoria, sin modelos ni fotografías; de los clásicos que observo tomo sólo la composición, el resto del aporte es muy personal”, dice el artista.

Las figuras de Niño tienen dos puntos focales: los ojos y las manos. No se propone hacer retratos que parecen ver a quien los observa. Sin embargo, reconoce que la mirada es la parte más expresiva de cada uno de los personajes que traza sobre el lienzo. En sus obras, las damas y los caballeros lucen manos muy cuidadas, con anillos que parecen recién sacados de una joyería. También es común que en sus obras las figuras aparezcan suspendidas en el aire, como si levitaran. “Me gusta mucho el juego entre el objeto y el espacio y la magia que se produce”, señala.

La mayor parte de las obras que exhibe la galería son recientes, pero la curaduría y montaje de Bélgica Rodríguez incluyó algunas piezas de los años noventa. La investigadora señala que Niño ha asumido la historia del arte como propia. “Esta relación vital y plástica plantea disyuntivas entre técnica, tema y representación, que al final son resueltas gracias a la eficiencia técnica y el dominio del espacio pictórico-plástico por parte del artista; él, de los demás y de sí mismo, se apropia de lo que le interesa”, escribe en el catálogo.

Rodríguez hace énfasis en que la pintura de Niño, de entrada es fácil de mirar por ser figurativa. Sin embargo, la obra está cargada de códigos fantásticos y metafísicos, de un misterio que el espectador no siempre podrá descifrar, pues en última instancia pertenece al artista.

Grandes maestros

El mismo día de la inauguración de la muestra de Carmelo Niño, la Galería de Arte Ascaso presentará la colectiva De la Belle Époque a la modernidad, curada por Francisco Da Antonio. El recorrido por la exhibición comienza con dos obras de Antonio Herrera Toro, entre ellas una alegoría. En el conjunto de piezas de colección destaca el estudio Buey con niño y gato y Yunta de bueyes, ambos realizados por Arturo Michelena en 1897.

“Lo que anuncia el fin de la Belle Époque es el hundimiento del Titanic. “Fue una época efervescente, chispeante y equivocada”, acota Da Antonio, que también incluyó paisajes de Pedro Ángel González y Manuel Cabré. “Ambos pintaron el Ávila, pero de manera diferente. González lo recreó en forma tersa y delicada; mientras que Cabré era más austero en el tratamiento”, indica. Hay obras de Emilio Boggio, Rafael Monasterio, Pedro Centeno Vallenilla, Federico Brandt y Armando Barrios, entre otros.

Figuración y ensueño

Obras de Carmelo Niño

De la Belle Époque a la modernidad

Colectiva

Inauguración: domingo, 11:00 am

Galería de Arte Ascaso, avenida Orinoco, entre Mucuchíes y Monterrey, Las Mercedes

Horario: lunes a viernes, de 8:00 am a 1:00 pm y de 2:00 pm a 6:00 pm; sábado y domingo, de 11:00 am a 3:00 pm

Entrada libre