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Carlos Noguera: "En cuanto a la literatura, todavía padecemos de insularidad"

Carlos Noguera: "Más allá de todo el esfuerzo que me consta ha hecho Rosa Fernández en la difusión, a nosotros nos hace falta mejorarla" | José Pacheco

Carlos Noguera: "Más allá de todo el esfuerzo que me consta ha hecho Rosa Fernández en la difusión, a nosotros nos hace falta mejorarla" | José Pacheco

 El escritor aspira a que el Encuentro de Narradores sea una cita anual. El presidente de Monte Ávila Editores Latinoamericana señala que a la gestión pública cultural le hace falta mejorar la distribución de libros y el desarrollo de un Plan de Lectura efectivo para el país

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El Segundo Encuentro Internacional de Narradores organizado por Monte Ávila Editores, junto con otros organismos del Ministerio de la Cultura como la Fundación El Perro y la Rana, la Biblioteca Ayacucho y la Fundación Celarg, reunió en Caracas a una treintena de autores de posiciones políticas contrapuestas -o, por lo menos, eso intentó-; dos críticos literarios latinoamericanos, el peruano Julio Ortega y la chilena Diamela Eltit, y a tres ganadores del Premio Rómulo Gallegos: el argentino Mempo Giardinelli, el colombiano William Ospina y el español Isaac Rosa.

La actividad que se clausuró ayer en la tarde, además, trajo a la palestra pública las funciones de la editorial estadal y convirtió a su presidente, Carlos Noguera, no sólo en el anfitrión sino en una de las caras más visibles de la convocatoria. El funcionario declaró a medios oficiales que había hecho hincapié en invitar a autores que no han tenido empacho en mostrar su oposición a la revolución bolivariana. Se refería a Gisela Kozak Rovero, Federico Vegas, Antonio López Ortega y Fedosy Santaella, entre otros. Noguera dirige desde 2003 el sello fundado por iniciativa de Simón Alberto Consalvi en 1968 y fue el que se encargó de su recuperación, pues desde el cambio de siglo todas las informaciones indicaban que estaba a punto de declararse en bancarrota. Ahora que la institución salió del atolladero y comenzó a avanzar, parece un momento adecuado para hablar con su directivo y conocer hacia dónde se enrumba, así como también entender cuáles son los desafíos que afronta actualmente el Ministerio de la Cultura en el área de al literatura nacional.

—¿Cómo ayuda el Encuentro de Narradores a la proyección de Monte Ávila?

—La voluntad es que el encuentro tenga una periodicidad regular, pues el más reciente se celebró hace cinco años y diversos problemas dificultaron que se convocara de nuevo. Vamos a conversar con el ministro Pedro Calzadilla para que se transforme en un punto en la agenda de actividades de su despacho, incluso que ellos administren directamente el presupuesto, como ha ocurrido con el Festival Mundial de Poesía, para el cual nosotros hacemos el trabajo de organización.

—En otras entrevistas, tanto Calzadilla como usted han señalado la necesidad de que en el país se lleve a cabo un nuevo Plan de Lectura. ¿Está esto planteado?

—Puedo aceptar el comentario que entraña una crítica. Hay dos aspectos flacos en nuestra gestión. En primer lugar está la distribuidora: más allá de todo el esfuerzo que me consta ha hecho Rosa Fernández en la difusión, a nosotros nos hace falta mejorarla. En cuanto a la literatura, todavía padecemos de insularidad en Latinoamérica; a pesar de que hay convenios que responden al ideal bolivariano de la integración de las repúblicas, seguimos siendo desde el punto de vista del libro un archipiélago de islas.

Es muy difícil conseguir obras que vengan de Bolivia, de Perú, de Chile o de México, de los países que son miembros del Alba junto con Venezuela. A menudo, los visitantes del exterior se quejan de que nosotros no tenemos presencia afuera, apenas en las ferias, y eso es una materia pendiente.

—¿Y el otro tema pendiente?

—Es la promoción de la lectura. Soy editor, pero también soy escritor y sé que sin lectores no hay libros. Sin embargo, no es fácil. Esto es un problema que se ha planteado en todos los países del mundo y son contadas las experiencias exitosas que sean evaluables. La gente emprende políticas de lectura y confía en la sensibilidad de los lectores potenciales, pero también piensa que con la ejecución de la política ya se cumplió el propósito, aunque eso no es necesariamente así, hay que evaluar los resultados.

—¿Este evento podría convertirse en un elemento de difusión de la narrativa entre los lectores, incentivar también la lectura?

—Mempo Giardinelli, que estuvo de visita, tiene una fundación para fomentar la lectura que es un caso único en el mundo porque toma como base no el adulto, sino el niño escolarizado. Trabajan en la capital del estado argentino de Chaco, Resistencia, y ahora esperan que el gobierno de nuestra querida Cristina Kirchner los oiga, a ver si el plan irradia hacia el resto del país. No soy experto en la materia, pero conozco el plan y creo que podríamos hacer una especie de transferencia de saberes y experiencias con esta gente.

—¿Los planes de Venezuela toman como base al adulto?

—Sí, nuestro objetivo principal ahora son los adultos, los que fueron escolarizados; otros, los consejos comunales, a los que se les hizo llegar unas bibliotecas, y los grupos de muchachos que ingresan en la Fuerza Armada. Pero creo que es necesario complementar esto con un programa serio dirigido a los niños.

—¿Cuáles son los planes de Monte Ávila para 2013?

—Ahora estamos en velocidad de crucero, porque ya salimos de aquellos años difíciles del rescate de esta editorial (entre 2003 y 2005) y pudimos hacer un plan de trabajo. Tenemos una doble responsabilidad: mantener las colecciones que dieron renombre a Monte Ávila, como Continente, Altazor y Estudios, y dar a conocer algunos de los nuevos proyectos. Uno de nuestros objetivos es reimprimir nuestras bibliotecas clásicas, como la de Mariano Picón Salas y la de Ángel Rosenblat, y lanzar alguna otra, como una dedicada a J. M. Briceño Guerrero. Pero además continuamos con nuestro tren de publicación de 80 títulos al año con tirajes que varían de acuerdo con las colecciones.

—¿Cómo es eso?

—Bueno, si se trata de la Colección Primera Dimensión, que son libros para niños. Hacemos 5.000 ejemplares porque los libros infantiles circulan muy bien; pero si se trata de la Biblioteca de Autores Básicos Venezolanos, editamos 2 o 3 títulos al año con tirajes que varían entre 2.000 y 3.000 ejemplares.

Narrar bajo el sol

Quizá no sea casual la perseverancia de Monte Ávila de celebrar a los narradores, dado que el mismo Carlos Noguera es uno de ellos. En los últimos 40 años ha publicado varias novelas, entre las que se encuentran Historias de la calle Lincoln (1971) y Juegos bajo la lluvia, finalista del Premio Rómulo Gallegos en 1994. Por eso, será el autor homenajeado del Segundo Congreso Crítico de Narrativa Venezolana que lleva por nombre Inventando los Días, que se realizará del 5 al 7 de diciembre en Porlamar.

El Instituto de Investigaciones Literarias de la Universidad Central de Venezuela organiza el evento, que se celebrará en la sede del Programa Nueva Esparta de esa casa de estudios. El propósito es reunir a diversos especialistas del área de la crítica y de la investigación para debatir sobre las modalidades del cuento, la novela y otros géneros narrativos de Venezuela.

"Este homenaje es particularmente entrañable para mí porque viene de la UCV que es mi casa de estudios, donde además di clases y trabajé", expresa el escritor.