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Carlos Márquez: “Esta obra es mi ensayo de despedida”

“El teatro es una puerta hacia la vida. Es un mundo irreal que puede llegar a ser tan verdad como la realidad que vivimos”, dice el artista | Foto Ernesto Morgado

“El teatro es una puerta hacia la vida. Es un mundo irreal que puede llegar a ser tan verdad como la realidad que vivimos”, dice el artista | Foto Ernesto Morgado

En el unipersonal, el intérprete recuerda etapas de su trayectoria artística. Dirige Ibrahim Guerra

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La conversación se interrumpe a ratos con el bullicio de un cafetín universitario en pleno mediodía. Sentado en una esquina, con su paraguas envuelto en una edición del Correo del Orinoco mientras caen las últimas gotas de lluvia, Carlos Márquez habla de Inolvidables, el monólogo que presenta hasta mañana en Unearte.

Tiene 87 años de edad -"y medio", puntualiza-, viste chaqueta beige y de vez en cuando mueve sus manos, ya pecosas, para apoyar alguna declaración. Oriundo de Guanoco, estado Sucre, Márquez pensó que había llegado el momento de decir adiós. Por eso se propuso escribir una pieza autobiográfica con la ayuda del dramaturgo José Gabriel Núñez, que presenta con la dirección de Ibrahim Guerra. En ella canta, recorre etapas del teatro y hasta recuerda el cine. “Hay diapositivas con trozos de películas como Allá en el rancho grande, que fue una de las que incentivó mi deseo de ser actor”, dice.

—¿Cuándo decidió que era su momento de despedirse del teatro?

—Fue hace un año, cuando pensé en hacer esta obra. La empecé a escribir yo mismo, pero luego me pareció que estaba muy fastidiosa y mi amigo José Gabriel Núñez le dio forma. En ese entonces creía que era la hora de ir diciéndole adiós al teatro. Pero ya no pienso igual. No me quiero retirar porque veo que hay una aceptación del público y he tenido ofertas para otros espectáculos. Siento que no estoy tan cerca de la muerte como creía. Esta obra es más bien mi ensayo de despedida.

—¿Cuál es su intención con la obra?

—La de la enseñanza para quienes no han visto, por ejemplo, un clásico. Hoy estamos haciendo quizás un teatro muy parecido al de Grotowski: pobre, pero en elementos de escenografía.

—Luego de tanto tiempo en las artes, ¿cómo es su ritual para preparar un personaje?

—Leo un texto y lo llevo a mi subconsciente. Pongo todos mis órganos, mi físico, mi voz, mi vista, mis brazos, al servicio de cada uno de mis personajes. Repaso el texto todos los días, los movimientos que tengo que hacer. Me gusta estar en el teatro por lo menos dos horas antes de la función para estar relajado y compenetrarme con el ambiente que me rodea.

—Francis Rueda dice que a medida que el actor envejece, el miedo en escena crece porque comprende más la responsabilidad. ¿Le sucede lo mismo?

—Sucede y he hablado con Francis sobre eso. El miedo viene por esa imagen que hemos infundado en el público, que cree en uno. No podemos defraudarlo. Principalmente, es un temor a no devolverle esa visión que tiene de nosotros. Es como salir al frente en una batalla.

—¿Y cómo afronta usted esa batalla?

—Con optimismo, con mucho entusiasmo. Como si fuera el adolescente que hizo su primera obra de teatro.

—¿Cómo ha visto pasar las etapas del teatro venezolano?

—Cuando empecé en el teatro en 1942 no existía la televisión y apenas había dos o tres grupos. Y con grupos me refiero a jóvenes que se reunían y había uno que fungía de director. No había escuelas. Dejábamos atrás el teatro costumbrista que se hacía, interesados en aspectos de la vida que se representaban en el mundo. Vinieron compañías, pero no había un teatro estable, que era el empeño nuestro, sobre todo de Juana Sujo y mío. Desde esa época hasta los noventa se hicieron cosas valiosísimas. En la actualidad no asisto mucho al teatro, no puedo dar una apreciación justa. Por lo que oigo es muy poco lo que se hace bueno. Veo el teatro comercializado. Pero puede que surjan artistas comprometidos. Son ciclos y a lo mejor ahora estamos en un bajón. Todo en la vida es así. —¿Qué es lo más valioso que le han dejado las artes escénicas?

—La enseñanza de la vida. El teatro representa una puerta y ventanas a esa realidad que nos rodea. 


Último adiós. Inolvidables

Sala de Conciertos, Unearte

Funciones: hoy, 7:00 pm; mañana, 6:00 pm

Entrada: 30 bolívares