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Carlos Márquez: “Siempre le he sido fiel al teatro”

El intérprete volverá a montar en febrero el monólogo «Un hombre de otros tiempos» | FOTO MANUEL SARDÁ

El intérprete volverá a montar en febrero el monólogo «Un hombre de otros tiempos» | FOTO MANUEL SARDÁ

Cumplirá 90 años en abril, pero su memoria y actividad profesional no se agotan. El intérprete fue reconocido por su disciplina y constancia

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Su café, pequeño y oscuro, está servido en la mesa. Pero él no lo endulza. “Azúcar soy, si no me vuelvo un melao”, dice y ríe. Con sus ojos acuosos que sobresalen entre los pliegues de su piel, Carlos Márquez recorre su pasado en la escena teatral.

El actor, que el próximo 19 de abril cumplirá 90 años de edad, fue el ganador del Premio Nacional de Teatro 2012-2014. El jurado –integrado por Nicolás Curiel, Román Chalbaud y Alexis Alvarado– decidió otorgárselo por la entrega, talento y disciplina con la que ha abordado la profesión.

—¿Qué momentos lo marcaron en sus inicios?
—Fue muy importante mi estreno profesional Muerto sin sepultura, de Jean Paul Sartre. También recuerdo la primera vez que me ovacionaron, fue en la última escena de Lluvia, de Somerset Maugham. No esperaba recibir un aplauso, porque yo era un desconocido total.

—¿Qué le dejaron sus años junto a Juana Sujo?
—De todo. Fue maravilloso haberme encontrado con ella. Nos quisimos mucho desde el primer día hasta el último, cuando vi que el médico le cerraba los ojos en la clínica. Haberla tenido a ella era como estar en el cielo y haberla perdido fue como caer en un precipicio inmenso. Pero me repuse, como otras veces. He tenido grandes caídas y me he levantado y seguido. Siempre le he sido fiel al teatro. Aun en los momentos de esplendor en la televisión, que me sirvieron para vivir decentemente, yo hacía teatro.

—¿Por qué nunca ha dejado las tablas?
—Porque es innato. No podría ser de otra manera. Me gusta subirme al escenario y hacer buenos textos, sentir la respiración del espectador que comparte conmigo cada escena, cada emoción.

—¿Se arrepiente de algo?
—No. Al principio quizás sí. Pero con los años me doy cuenta de que todo lo que sucede tiene que ser. Pero si uno no comete el mal no sabe después lo que es el bien.

—Después de Inolvidables, su montaje de despedida, ¿sigue activo en la escena?
—No me he retirado. Rajatabla me invitó para reponer Un hombre de otros tiempos, un monólogo que José Antonio Real me escribió. Y aprovecharé para llevarla al Festival de Teatro de Caracas.

—¿Cómo llega a los 90 años sin cansarse?
—Hago un ejercicio mental todos los días: repaso textos de las obras. Eso me mantiene la mente despierta. Lo único que no estoy haciendo es caminar. Pero debo hacerlo, porque un actor tiene que mantener activos los músculos, practicar la respiración.

—¿Cómo le gustaría ser recordado?
—Como un trabajador del teatro. Se logran las cosas al final, después de trabajar, de persistir.

—¿Cree que los grandes exponentes de la cultura tienen el reconocimiento que se merecen?
—Todavía no hemos logrado eso. Pero todo está por hacerse y ojalá pudiera formar parte de algún proyecto para reformar el teatro: darle continuidad a los espectáculos, que existan temporadas largas. Ese fue el gran empeño de Juana Sujo y yo me siento un seguidor de ella.

—¿Es optimista sobre el futuro del teatro?
—Sí. Yo creo que son crisis. Como todo: llueve y escampa, sube y baja la marea, diástole y sístole. Las crisis son normales. Uno a veces se siente decaído y al otro día está tan feliz que parece el dueño del mundo. Lo vas aprendiendo con los años.