• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

Carlos Guzmán: “Estamos obligados a ser un ente de reflexión”

Carlos Guzmán / MANUEL SARDÁ

Carlos Guzmán / MANUEL SARDÁ

El director del Instituto de Investigaciones de la Comunicación, que este mes celebra 40 años, dice que durante ese tiempo la institución se ha abocado a la tarea de comunicar democracia. Afirma que es urgente replantear la situación comunicacional del país

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Sobre las bases del Instituto de Investigaciones de Prensa, en abril de 1974 nace el Instituto de Investigaciones de la Comunicación, de la mano del doctor Antonio Pasquali.

Carlos Guzmán, actual director de la institución, señala que la organización tiene 40 años comunicando democracia. Dice que en el país nunca ha existido un modelo eficaz de medios públicos pues ello no ha estado entre los intereses de ningún gobierno.

Guzmán asegura que el Ininco tiene cómo rendir cuentas. Entre 2013 y 2014 se han iniciado 28 proyectos de investigación, de los cuales 63 concluyeron. Hasta ahora se han publicado 204 libros, capítulos y artículos. En sus aulas se forman 203 aspirantes a magíster en Comunicación Social y en Gestión y Políticas Culturales. Actualmente, en el instituto se desarrollan casi una decena de líneas de investigación.

Las actividades por el aniversario se pospusieron para junio debido a la situación del país. En ese mes se celebrarán en un mismo encuentro los 25 años del Anuario Ininco y los 50 de la publicación del libro Comunicación y cultura de masas; información audiovisual de Pasquali, fundamental para el estudio de la comunicación en pre y posgrado. 


—¿Qué balance hace de los 40 años del Ininco?

—Son 40 años de una institución que permanentemente ha investigado y diagnosticado lo que debe hacerse en materia comunicacional y en lo que se refiere al área de formulación de políticas en relación con una propuesta de servicio público. Son 40 años comunicando democracia. El Ininco ha sido pionero en temas como políticas y alternativas comunicacionales, el proyecto Ratelve, educación para los medios y cultura popular. Más recientemente también hemos trabajado en áreas como economía de la comunicación, industrias creativas y comunicación y sexodiversidad.

—¿Cuántas líneas de investigación existen ahora?

—Alrededor de ocho. La histórica, que es comunicación política y políticas de la comunicación. También están historia de las comunicaciones, que trabaja el profesor Bernardino Herrera; y educación para los medios, que maneja Gustavo Hernández con la participación de Morella Alvarado. Carlos Colina ha trabajado el tema de las tecnologías de la información y ahora se incorporan nuevas líneas, muy interesantes, que son comunicación y sexodiversidad y economía y política cultural.

—Como investigador, ¿cómo juzga el comportamiento de los medios ante la crisis que vive el país?

—Esa es una pregunta compleja. En términos institucionales, debo decir que el Ininco siempre ha mantenido una posición crítica y proactiva sobre lo que sucede con los medios en Venezuela. Nos debemos fundamentalmente a nuestra posición como académicos y los resultados de nuestras investigaciones nos obligan a ser críticos. Estamos en presencia de una situación difícil en términos del funcionamiento de los medios, en la que hay que apelar a la ética del comunicador, al manejo juicioso de la información. Pero eso no es lo que uno encuentra en los medios oficiales, que son blanco de la crítica porque son ellos los que deberían dar el ejemplo. Lo que se percibe es que la lucha en términos de polarización se ha llevado a los medios por delante.

—¿Cuál es su posición con respecto al manejo de la noticia en medio de la coyuntura actual?

—Hay que apelar al sentido de la ética de los profesionales. Que se entienda que, en última instancia, no se trata simplemente dar una información sino de saber su eficacia. Pero lo que no hay que negociar es que es necesario garantizar la democracia en términos comunicacionales. Y eso no es lo que estamos viviendo. Basta ver lo que sucede con los periodistas, que han pasado a convertirse en objetivos militares, la criminalización que se hace de los comunicadores y el uso deshonesto de los canales de servicio público.

—¿Cuál es el papel del instituto en la crisis?

—Estamos obligados a ser un ente de reflexión, a generar pensamiento crítico sobre lo que pasa en el país, a poner en evidencia las cosas que suceden, que no se corresponden con un Estado de Derecho comunicacional. Ese es nuestro papel. El Ininco se ofrece como espacio para el encuentro, para debatir sobre los medios.

—¿Es necesario establecer un nuevo orden comunicacional?

—No sé si un nuevo orden, pero es evidente que nos vamos a tener que replantear la situación comunicacional del país. Esa es la tarea que nos toca en los próximos años. 

—¿Cómo empezar a hacerlo?

—Hay que convocar a todos los actores involucrados en las comunicaciones en Venezuela. Hay que partir del principio de inclusión y tratar de generar espacios de diálogo y a partir de ahí hacer los diagnósticos y aportar soluciones. La gran deuda que tenemos en el país con el tema del servicio público de los medios. Mientras eso no se haga pasarán las cosas que están sucediendo hoy en día. 

—¿Por qué a ningún gobierno le ha interesado tener un servicio de medios públicos funcional y verdaderamente democrático?

—Porque en el momento en que se acepta ese principio es el ciudadano el que controla, el que monitorea, el que va a decir qué está bien. Eso invierte el juego, no sería de arriba hacia abajo sino al revés. Eso genera temor. Por eso es hasta gracioso cuando desde el gobierno tocan el tema de las alternativas comunicacionales. ¿Cuál alternativa? Lo que hay son organizaciones paracomunicacionales al servicio del gobierno.