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Caracas celebra el centenario de uno de sus pintores

"He insistido en los viveros porque en ellos siento la gestación de lo nuevo, el impulso vital de la naturaleza", dijo el artista | Foto Archivo El Nacional

"He insistido en los viveros porque en ellos siento la gestación de lo nuevo, el impulso vital de la naturaleza", dijo el artista | Foto Archivo El Nacional

El paisajista, que falleció en 2007, dedicó su trayectoria al retrato de la naturaleza de la capital

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La mayoría de los recuerdos que Álvaro Benavides La Grecca guarda de su padre, Pablo Benavides, lo ubican pintando en su taller. Y no es que el artista no prestara atención a su familia –porque su hijo asegura que fue un padre fervoroso–, sino que para él no había días libres con respecto a su oficio. Quizá la única excepción fueran los domingos, dice, porque era el momento que el pintor paisajista aprovechaba para recorrer junto con sus amigos las galerías caraqueñas, para disfrutar de las exposiciones y ponerse al día con lo que pasaba en la movida cultural.

El creador formado en la Escuela de Artes y Oficios se negó a abandonar el pincel incluso a los 90 años de edad, por lo cual hay cuadros de su autoría elaborados a apenas un año de su muerte, ocurrida el  28 de diciembre de 2007. Benavides dedicó la mayor parte de su vida al arte, a dibujar Caracas, especialmente su naturaleza.

El 8 de enero habría cumplido los 100 años de edad y, aunque su cuerpo ya no está presente, vive a través de su legado, pues centenares de sus obras se exhiben en museos nacionales, mientras que otras tantas permanecen en manos de coleccionistas privados.

Benavides La Grecca cuenta que su padre empezó a pintar desde muy joven, en la década de los treinta, impulsado por su hermano mayor, Rafael, quien luego enfermó gravemente. Pablo quiso seguir los pasos de éste, como una manera de rendirle homenaje. El pintor, que asistió a las aulas junto con otras promesas como Régulo Pérez, Luis Guevara Moreno, Virgilio Trómpiz y Pedro Ángel González, mostró un enorme interés por retratar la capital venezolana, el valle, el cerro y los viveros.

En una oportunidad, Pablo Benavides explicó su particular predilección: “Puedo decir que todos los temas me gustan por igual, a pesar de que me incline por los viveros y los paisajes. He insistido en los viveros porque en ellos siento la gestación de lo nuevo, el impulso vital de la naturaleza con su luz tamizada, con la frescura del aire y del color”.

El hijo del paisajista recuerda que al creador le gustaba trasladarse a esos lugares con su caballete y los pinceles, y así trabajó hasta que pudo. Después se refugió en su taller. “No sabría decir cuántas obras hizo mi padre, porque él no fue muy cuidadoso con el registro. Pero fue un artista prolífico que pintaba todo el día… Quizá es temprano porque apenas han pasado seis años de su fallecimiento, pero me encantaría algún día que hicieran un balance histórico que incluya el gran aporte de mi padre a la pintura nacional”.