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La Caja de Fósforos, un respiro de arte en un país desquiciado

La programación aniversaria incluye el II Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense, que presentará ocho piezas y un centenar de artistas

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En esta caja no hay restricciones. Las paredes son solo físicas. Y aún así se abren y se transforman: pueden todo lo que signifique libertad. En esta caja hay texto comprometido –muchas veces duro, lacerante–, hay ingenio en medio de una crisis que –¡Por favor no olvidar!– también es cultural.

Es una caja a la que no dominan censuras ni apellidos con miles de seguidores en las redes sociales. La guía una necesidad formativa: mostrarle al público qué es y lo que ha sido para que reflexione sobre aquello en lo que se puede convertir.

La dirigen tres figuras de la escena: Orlando Arocha, Diana Volpe y Ricardo Nortier. Pero a su alrededor pulula casi un centenar de jóvenes creadores que han sabido defender una de las principales salas de teatro de la ciudad. Con montajes, talleres, festivales, cine y conversatorios La Caja de Fósforos, situada en la Concha Acústica de Bello Monte, ha sabido cautivar espectadores y celebra sus tres primeros años de actividad. Como parte del festejo estrena página web: www.lacajadefosforos.com, en la que se pueden reservar las entradas.

“Es un proyecto aún en construcción porque buscamos renovarnos, estar más en contacto con la ciudad. Comenzó con la colaboración de muchas personas, tanto en lo artístico como en lo físico: fue dura la construcción, el mantenimiento. Pero fuimos entendiendo cómo funcionaba y adaptándonos a la necesidad de usarla como un espacio creativo. Yo la llamo la burbuja espiritual. Humanamente ha sido un respiro, porque uno está muy decepcionado de muchas cosas que ocurren en el país. Si no existiera, creo que ya habría intentado irme”, afirma Nortier, director y dramaturgo que también coordina logísticas, vende entradas y atiende el carrito de chucherías. “Todos hacemos un poco de todo, porque no tenemos nómina, cubrimos las áreas que sean necesarias”.

Educar en la incertidumbre. En una época en la que los espacios se cierran, las luces se apagan temprano y el miedo manda, La Caja de Fósforos mantiene su dinámica y los bajos precios de las entradas, gracias al reciclaje y al apoyo de los demás, asegura Orlando Arocha.

“Es importante para nosotros que sean precios accesibles, pues eso nos asegura que el público que va a venir no es el que tiene con qué sino el que tiene ganas de. Nuestro fin último es de servicio público, en ese sentido Baruta lo ha entendido. Esto no es un negocio. Hemos conseguido ayuda, no la suficiente. Y uno de los grandes apoyos lo dan los mismos artistas, que a veces ceden parte de sus honorarios o cobran muy barato”.

En su afán por hacer un teatro de arte, los directores de la sala han conservado una línea discursiva. “Montamos el teatro que queremos presentar, el que nos llena. Cada uno tiene sus temas favoritos y de alguna manera se reflejan en las obras que escogemos”, indica Diana Volpe, a quien le interesa hablar “de lo que no se puede hablar”: la pedofilia, la violencia, los temas duros.

La Caja de Fósforos inició su programación en 2013 con una cruda versión de Macbeth, cuya escena recibía al espectador como en una morgue venezolana: cadáveres sucios, amontonados en la desidia. Le siguieron obras como La celebración, El hombre almohada, Agreste, Pterodáctilos, Fuente oscura, Piel mercurio y Las noches celestiales de la señorita Rasch. Además, ha presentado infantiles como Mi amiguito Frankenstein, El día que cambió la vida del señor Odio y Dinamita y Fosforito.

“Estamos muy satisfechos porque no hemos parado de producir y no ha habido concesión ante lo comercial. Celebramos el poder sobrevivir, el estar aquí y representar un bastión de lo que quisiéramos que fuera el teatro, además de educar a los jóvenes que participan y al público: que vean que hay otro teatro”.

Sobre el futuro en un país de incertidumbres, Arocha concluye: “Continuar dialogando con el país tanto en lo artístico como en lo humano. Y si nos quedamos sin dinero ni recursos, buscaremos solución”.

II Festival de Teatro Contemporáneo Estadounidense
La Caja de Fósforos, Concha Acústica de Bello Monte
Entrada: 450 bolívares
Información: www.lacajadefosforos.com.ve

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