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Cacique: “La poesía significa estar atento y vigilante”

Teresa Cacique | Foto: Leonardo Noguera

Teresa Cacique | Foto: Leonardo Noguera

La búsqueda de la verdad y el retrato de sus sentimientos impulsan el trabajo literario de la autora

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Teresa Cacique se declara creyente de la poesía y, en especial, del ejercicio de ese género como oficio del espíritu. Tal fe puede leerse entre las líneas de su poemario La fuente blanca (Bid & Co., 2012), obra en la que decanta sus dos preocupaciones literarias capitales: el ritual de comunicar lo más íntimo y su preocupación por la verdad.

“Se trata de una necesidad de estar atenta, pero no para evitar contradecirme. Por el contrario, contradecirse, pienso, es un paso siempre hacia delante, si lo que envuelve se ha sopesado”, explica sobre su visión de la verdad en la literatura: “La poesía significa estar atento y vigilante”.

Esa necesidad de trascender lo aparente la obsesiona desde hace décadas, y se convirtió en el tema de un ensayo suyo sobre el género lírico titulado Poesía y verdad. Mínima meditación, editado en 2007 por la Fundación para la Cultura Urbana.

 

Dolor hecho verso. En La fuente blanca, su segundo poemario, la licenciada en Comunicación Social (1987) y en Letras (2005) y colaboradora de la fuente cultural en varios diarios nacionales reflexiona sobre las honduras del duelo y la necesidad de verbalizar el dolor de la pérdida. Allí incluyó poemas de su primer título escrito en el género, Casa de polvo, editado por el sello independiente Pequeña Venecia, en 2000. Pero también añadió otros como “La espera”, “Oscuro”, “Sombra”, “Éxodo” y “Admonición”, escritos más recientemente pero terminados antes de concebir el duelo como tema literario y descubrir que quería hacer de esos pensamientos un libro.

Los versos de “La expansión de lo grande” crearon las estructuras semánticas en las que después comenzó a darse forma al poemario. “Aquello que estaba quieto/ rezuma vida/ una y otra y una vez más.../ Así mi beso sobre tu herida blanca/ tal vez aplaque/ a la moira” es la estrofa final de la pieza, cuyo drama marca el sentimiento del resto de la publicación.

 

Construir poemas. “Un duelo implica necesariamente una reflexión también sobre la memoria y el tiempo, lo compartido y lo ido”, explica la poeta.

Como en el caso del estadounidense Robert Frost, para quien el poema empieza a escocer en el interior como “un nudo en la garganta”, para la autora el sentimiento impulsa la necesidad de crear un texto. Luego vienen la proyección del ritmo y las numerosas ediciones, pero primero es la emoción.

Y justamente para encontrar los signos para decodificar las emociones los escritores recurren a otros autores y Cacique no es la excepción. Por eso, en su libro fueron importantes influencias como el poema “El coro de los huérfanos” de Nelly Sachs, incluido en el libro que reúne su correspondencia con Paul Celan (Trotta, 2007), el título Horizontes rotos del escritor italiano Emilio Coco y “Pavana del hoy para una infanta difunta”, escrito por Olga Orozco y dedicado a Alejandra Pizarnik después de su muerte.