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"En México se sigue haciendo una televisión pésima"

Damián Alcázar | Cortesía Cinemapress

Damián Alcázar | Cortesía Cinemapress

El actor más premiado de México recomienda a los jóvenes cineastas no repetirse en la violencia 

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El padre Natalio de El crimen del padre Amaro es un hombre de la izquierda más quemadora de cauchos y no titubea para llamar “basura” (a veces casi se le escapa algo peor) a las telenovelas mexicanas o al sistema político venezolano previo al año 1999.

Pero que nadie olvide que Damián Alcázar, actor nacido en Michoacán en 1953, es el que más Premios Ariel (el Oscar de la nación mexicana) ha ganado: ocho. Está en Mérida como el rostro internacional más conocido del IX Festival del Cine Venezolano, que termina mañana, y, luego de ver una parte de las 16 películas en concurso, recomienda a los directores jóvenes que avancen más allá de documentar la violencia: “Para no repetirse, forzosamente deben prepararse y tener una mirada más crítica, verter una opinión, tratar de mirar cuál es el fondo, el caldo de cultivo. No sólo mostrar que un niño agarra un revólver para matar a su papá. Eso se acaba”.

El festival que se celebra en estos días en Mérida se llama “de cine”, pero en realidad ya casi todo lo que se exhibe se hace en video de alta definición. “Las nuevas tecnologías hacen que cualquier persona pueda contar su historia. Por supuesto, eso no lo hace un cineasta. Si me pongo estricto como jurado, algunos de estos directores debutantes están en desventaja con respecto a los que tienen una preparación cinematográfica estricta. Pero es lo de menos. Lo mejor es que la gente vea sus historias y eso ya es un premio enorme”.

Los filtros de la derecha. Uno de los filmes que más le llamó la atención en Mérida a Alcázar, como cabía esperar, es El país de abril, una propuesta intimista en blanco y negro del debutante Rober Calzadilla, un egresado de la Escuela de Artes de la UCV, ambientada durante los acontecimientos de abril de 2002.

“Por supuesto que he estado pendiente de lo que sucede en Venezuela, como muchísimos mexicanos. Pero todas las noticias pasan por los filtros de Estados Unidos y la derecha. Nadie va a darle gusto a todos nunca. Pero la postura del comandante (Hugo Chávez) frente a Estados Unidos nos parecía de hombres. Tenía un par bien puestos, como nos haría falta en otros países de Latinoamérica. Ojalá esté en descanso real. Me cuentan que el aparato productivo se cayó. Entonces que se levante uno nuevo. Esa es la tarea que hay que hacer, no regresar al aparato productivo anterior, que era una basura. Sólo privilegiaba a los poderosos”.

Finalizó hace un par de domingos el rodaje de La verdad sospechosa, de Luis Estrada, uno de sus directores mexicanos favoritos, porque su cine es político y polémico. “Aquí mismo, mientras estaba en Mérida, me llamaron para ofrecerme trabajo en una serie. Pero en México se sigue haciendo una televisión pésima. Tú te preguntas: ¿Será verdad que van a hacer algo de calidad? ¿Habrá voluntad? Me parece que van a recular. Prefieren hacer siempre la misma basura, porque impera el comercio. Tengo ofertas de cine y TV en Colombia, Perú y Ecuador. Prefiero voltear para el sur”, concluye quien ha sellado asiduamente su pasaporte en Bogotá para producciones de la pantalla pequeña como Kdabra y Lynch.