• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

C4 Trío llevó a Gualberto al Teresa Carreño

El cantante y el ensamble instrumental, junto con el humorista Emilio Lovera, ofrecieron un show que duró más de dos horas. El intérprete de “María Antonia”, tema que sirvió de clímax, no exhibió la potencia de otrora, pero sí la gracia

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Cuando se abrió el telón de la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, a las 11:15 am, se vio la silueta del ensamble C4 Trío, incrustado en una puesta en escena poco usual para presentaciones de música tradicional. Círculos bicolores, variantes de iluminación y una pantalla gigante acompañaban a la agrupación que decidió rescatar a Gualberto Ibarreto, un ícono nacional indiscutible, para llevarlo a una sala del tamaño de su legado.

La introducción de “A mis hermanos”, el tema de Aquiles Báez que se ha convertido en estándar en Venezuela, acompañaba las imágenes pregrabadas de gente en la calle aupando a los músicos. Los cuatristas Jorge Glem, Edward Ramírez y Héctor Molina, y el bajista Rodner Padilla, fueron iluminados justo cuando el merengue caraqueño pasa de la estrofa a la descarga. Momentos así se repitieron durante un show que en dos horas y media combinó la música y el humor.

Después de “Receita de samba”, la pieza de Jacob do Bandolim en la que exprimen sus instrumentos para generar una atmósfera carioca, salió Emilio Lovera. “Pensé que más nunca me iba a presentar aquí. Les agradezco a Gualberto y a C4 por la oportunidad”. Habló detrás de un púlpito, muy seriamente, sobre cosas que despertaban unánimes carcajadas de los asistentes.

Los acordes iniciales de “La carta” sirvieron de anuncio. Desde el lado izquierdo del escenario caminó lentamente el ídolo del sombrero y la franela de rayas. Cantó, sin potencia pero con gracia, por lo que se excusó: “Yo tiendo a estar a veces bien… a veces mal… No estoy en plenitud de facultades, pero de todas maneras le voy a poner el corazón”.

“Anhelante” se convirtió de pronto en “La bikina”, tal como está en el álbum Gualberto + C4, que fue bautizado. “No tienen idea de la emoción que sentimos por estar en el Teresa Carreño con nuestro tío, con el que es nuestro ídolo desde que somos chamitos”, dijo Glem con su acento oriental. Con chispa, presentó otro segmento, que comenzó con “Zumbacumlaude” y culminó con “Vaya pue”, el tambor de patanemo que compuso Ramírez.

En pantalla, Rafael “Pollo” Brito, Erika de La Vega, Elba Escobar, Maickel Melamed y César Muñoz, entre otros, cantaban, bromeaban y opinaban. Después de “Presagio” sonaron “Jota carupanera” y “Guácara”, acompañadas por caricaturas de Eduardo Sanabria, mejor conocido como Edo.

En “Periquera con seis por derecho”, C4 Trío realizó otro performance. Los cuatristas se juntaron y entrelazaron. Mientras Glem tocaba su cuatro con la mano derecha, su izquierda hacía los acordes del instrumento de Ramírez, quien a su vez marcaba las notas en el de Molina. De alguna manera, todos sonaban igual, como si estuvieran ejecutándolo con normalidad.

Lovera volvió y presentó una rutina sobre los emigrantes venezolanos, que desembocó en elogios hacia la música de raíz tradicional. Ibarreto regresó para “La jota de mi canto”, en la que pareció mejorar la voz. También interpretó “Amor bonito” y “Arroz con frijol”, en la que participó Jorge Torres, mandolinista de Kapicúa.

Después de “Las dos Luisas”, un joropo oriental de Morocho Fuentes en el que se incorporó el maraquero Raúl Salmerón, llegó el máximo hit de Ibarreto, sobre esa señora que se hace la loca para evitar conflictos con su marido, esa tal “María Antonia”. La audiencia fue protagonista, como también ocurrió en “A cuerpo cobarde”, una canción a la que el intérprete le modificó el último coro: “El cuerpo a la pea le rompió el contrato”.