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Bruce Springsteen lanza un desafío de rock al invierno de Buenos Aires

Bruce Springsteen / EFE

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La noche arrancó con "We take care of our own", "Badlands", "Death to my hometown" y "No surrender"

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Al grito de"¡Hola, Buenos Aires! ¡Hola, Argentina!", Bruce Springsteen salió anoche al escenario en la capital suramericana para desafiar al viento helado del invierno austral y dispuesto a hacer olvidar los 20 años de ausencia que le han mantenido separado del público argentino.

Pese a que la temperatura se mostró inclemente, miles de fieles ocuparon el estadio Geba de Buenos Aires (con capacidad para 18.000 espectadores) para disfrutar del segundo de los cuatro conciertos que ofrecerán "el Boss", como se conoce a Springsteen, y su banda, la E Street Band, en Latinoamérica dentro de la gira "Wrecking Ball".

En Buenos Aires no se colgó el cartel de entradas agotadas pero el público respondió con entusiasmo a la oferta de casi tres horas y media de música que repasó los temas que han elevado a Springsteen -que cumplirá 64 años este mes- a mito del rock, pero también canciones de su último disco (2012), que da nombre a la gira.

La noche arrancó con "We take care of our own", "Badlands", "Death to my hometown" y "No surrender". Con "Waiting on a sunny day" Springsteen llamó al sol para intentar hacer olvidar el frío que se cernía sobre los asistentes y con "The river" el estadio guardó silencio bajo las luces casi apagadas.

Otros éxitos del cantante de Nueva Jersey que encendieron la noche fueron "Thunder Road" o "The Rising", pero fue en la recta final cuando la entrega se convirtió en delirio de coros y saltos mientras Springsteen hacía bramar su guitarra para encadenar "Born in the U.S.A.", "Born to run", "Bobby Jean", "Glory days" y "Dancing in the dark".

Pasada ya la media noche, el público no se cansaba y gritaba "¡no se va, el jefe no se va!" para corear los esfuerzos de los incansables músicos que, tras más de tres décadas de vida en la carretera, aún pulverizan récords en lo que a longitud de conciertos se refiere.

Durante el concierto, Springsteen recorrió los pasillos que separaban las distintas secciones de la audiencia, se dejó tocar y abrazar por sus seguidores. El cantante se mezcló así con aquellos a los que les canta y que protagonizan sus letras: los de abajo.

Si por algo se felicitó al Boss tras publicar "Wrecking ball" fue precisamente por haber vuelto a poner en el centro de su música el compromiso con la sociedad en la que vive y los problemas de la gente de la calle.

La última vez que Springsteen y el público argentino se habían visto las caras había sido en Mendoza (oeste), en un concierto por los Derechos Humanos organizado por Amnistía Internacional en 1988.

Tras aquel recital, el estadounidense se reunió con afectados y familiares de desaparecidos durante la última dictadura militar argentina (1976-1983).

"Me he acordado de estar aquí hace mucho tiempo. Las cosas eran muy diferentes", explicó Springsteen, quien contó que la Argentina que se había encontrado entonces tenía muchas preguntas sobre su futuro, pero también sobre su pasado.

También hubo un homenaje para otro de esos "fantasmas" que hablan a través de las voces de todos, porque aunque en el escenario Springsteen estuvo acompañado por escuderos habituales como el rockero "mafioso" Steve van Zandt, el guitarrista Nils Lofgren, Max Weinberg a la batería y Soozie Tyrell en el violín, faltaba el saxofonista Clarence Clemons, fallecido en 2011.

A modo de cierre, el estadounidense interpretó "This hard land" y se disculpó por no cantar nada en español como a él le hubiera gustado -Chile le vio interpretar el "Manifesto" de Víctor Jara el pasado día 12- pero prometió sorprender con un vídeo que se publicará hoy en su página web.

Springsteen y la E Street Band dijeron adiós a los argentinos para poner rumbo a Brasil, donde aún les esperan Sao Paulo y el festival Rock in Rio, pero lo hicieron con la promesa de que esta despedida no será tan larga y de que volverá pronto.