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“Bolívar multiplicó la imagen del héroe vigoroso que necesitaba para su poder”

Elías Pino Iturrieta | Foto: Alexandra Blanco

Elías Pino Iturrieta | Foto: Alexandra Blanco

Acostumbrado a desmontar las hipocresías de la historia oficial, el autor de Simón Bolívar. Esbozo biográfico se propuso bajar del pedestal al personaje para ofrecer una mirada más real de su época

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Hace décadas, cuando emprendió su primera investigación de la Carta de Jamaica, Elías Pino Iturrieta encontró que faltaban nuevas lecturas de los documentos de Simón Bolívar, pues al intentar aproximárseles con la seriedad del profesional no captó su esencia. Existía una barrera que le impedía el entendimiento: la liturgia bolivariana.

Como son objeto de culto, la vida y los escritos del Libertador se hallan en el centro de la interpretación histórica de su época, lo que imposibilita ver al personaje como parte de un conjunto. Decidido a terminar con esas incorrecciones, el ex presidente de la Academia Nacional de la Historia ha dedicado años a revisar la imagen del héroe. Su trabajo más reciente en ese sentido se titula Simón Bolívar. Esbozo biográfico (Alfa, 2012), una ampliación del libro publicado en 2010 por la Biblioteca Biográfica Venezolana (Los Libros de El Nacional), cuyas dos ediciones se agotaron.

“Se acude a los documentos más trillados sobre su vida, a testimonios examinados por nuestros historiadores y biógrafos desde el XIX, pero se intenta hacer una lectura nueva gracias a la que se puede llegar a conclusiones inéditas”, escribe el historiador en la “Explicación” que prologa el texto.

Lo que logra, sin embargo, es mucho más. Se deslastra de las visiones estereotipadas de Bolívar y lo convierte en un ser humano con limitaciones y contradicciones. Así da una grave estocada al discurso oficial, que se encuentra en la base de la liturgia bolivariana. El Bolívar que “esboza” el historiador es uno que se vendió a sí mismo como héroe, un mantuano cuyo proyecto emancipador era rechazado por la mayoría pobre del país.

“Al deshacerme de los prejuicios, tanto el personaje como su época aparecieron completamente distintos. Quise verlo como interlocutor de sus iguales, para entender también a sus semejantes. En la medida en la que se exagera en la valoración del héroe, subestimamos el período y a los otros que hicieron la Independencia”, dice el historiador.

 

–En el libro señala que aunque Bolívar dijo que era exacto, el retrato que le hizo el peruano José Gil de Castro en 1825 no estaba ajustado a la realidad. Escribe que el Libertador pretendía mostrarse como “encarnación de una modernidad liberal de talante hispanoamericano, híbrido de civismo y espada, aunque también de postura aristocrática y republicana insinuación”. ¿Cree que Bolívar se asumía como “ungido” para la Independencia?

–La imagen del Libertador se construye desde el interés del propio Bolívar, que hizo su campaña propagandística enfocada al engrandecimiento de su persona. Eso también se ve en el Correo del Orinoco, el órgano de su causa, que fundamentó su culto. La reflexión era simple: si había que reemplazar al rey, que mandaba por derecho divino, se necesitaba presentar a una persona superdotada o elegida por la Providencia. Esa es la propaganda (y la iconografía) de la época promovida por él. Los informes médicos y las cartas del propio Bolívar lo prueban: hay algo raro en su representación pictórica, pues en una carta fechada un lunes –por ejemplo– escribía que estaba viejo y que sentía que se iba a morir y en los cuadros pintados por esos días no se observan síntomas de enfermedad.

–Una representación hecha a la medida de la propaganda…

–Sí, eso no sólo pasa ahora con Hugo Chávez. Bolívar tenía que presentarse como un personaje potente y, por eso, multiplicó la imagen del héroe vigoroso que necesitaba para su poder. Puede verse a plenitud en el cuadro de Gil de Castro. Ese no era Bolívar, porque para ese momento ya estaba encanecido, arrugado y viejo.

–¿También la imagen de Bolívar presentada por Chávez en 2012 puede verse desde el interés propagandístico?

–Bolívar pasa a la posteridad a través del pincel y ahora Chávez se asume como su fotógrafo. Sin embargo, continúa la proposición heroica hecha en el siglo XIX, pues hay muchas semejanzas entre ambas. Tampoco sale acá Bolívar con signos de enfermedad. No se consideró al personaje real para la reconstrucción fotográfica, sino al retrato manipulado con fines políticos. Gil de Castro, en su época, obvió la decrepitud de Bolívar y del proyecto político que él representaba, y Chávez, hoy, apela al mismo héroe y, justo por eso, oculta la realidad.

–Su libro revela otra simplificación en la historia oficial. Se ha leído la Independencia como una empresa plural que pretendía que todos los venezolanos se liberaran del yugo monárquico, pero se trató, por el contrario, de una causa de los mantuanos. ¿Realmente qué cambió ese proceso?

–Fue un proyecto de mantuanos al que se opusieron pardos y esclavos, quienes veían al rey como un mediador entre clases, pero la Independencia les abrió un mercado en el que no habían participado antes: el de la depredación. Si iban a la guerra no era por ser partidarios de Bolívar o del rey, sino porque pensaban que podían sacar algo de allí. Además, el movimiento fue también una puerta de ascenso político: así José Antonio Páez llegó a ser Presidente.

–¿Entonces fue la Guerra Federal la igualadora de los venezolanos?

–Bolívar le temía a la pardocracia e insistía en razones para frenar las pasiones de los morenos. Evidentemente eso es un prejuicio racial, pero muestra que las clases bajas buscaban la igualación. Con la Guera Federal se les permitieron ciertas licencias para darles la ilusión de igualdad, como el tuteo. Pero hasta allí. El control de la sociedad lo tenían aún los mantuanos. Este país tuvo que esperar hasta la Revolución de Octubre, en 1945, para que la pardocracia ocupara posiciones importantes en su control. El Trienio Adeco (1945 a 1948) coronó el proceso tan arduo que vino desde la Independencia y tuvo el segundo capítulo en la Federación.


Libro

Reconstruir un País archipiélago

Aunque publicó el año pasado Simón Bolívar. Esbozo biográfico (Alfa) y La mirada del otro (Artesano Editores) –escrito hace años junto con el historiador y ministro de Cultura Pedro Calzadilla–, Elías Pino Iturrieta no para de trabajar y tiene listo su próximo título. Se trata de la reedición de un libro que presentó hace 20 años la Fundación Bigott, País archipiélago (Venezuela, 1830-1854). El texto saldrá a la venta en el segundo semestre de 2013.

Se ocupa allí de la época de la formación de la república, con el objeto de descubrir cómo un país en ruinas comenzó a convertirse en nación. El investigador explica que la Independencia dejó a Venezuela en escombros, sin gente, y que los pocos que la habitaban estaban divididos y hambrientos: “Los verdaderos fundadores de la patria no son los actores políticos del 5 de Julio, sino los supuestos enemigos de Bolívar, porque ellos sí agarraron al toro por los cuernos. Por eso una pregunta guió mi investigación: ¿cómo un país sin carreteras ni universidades pudo convertirse después en república?”.