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Bingo, un libidinoso juego de edades

La obra tendrá luego una temporada en el Celarg | Archivo

La obra tendrá luego una temporada en el Celarg | Archivo

La pieza escrita por Román Chalbaud y dirigida por Costa Palamides clausura el III Festival de Teatro de Caracas

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En el recientemente inaugurado Teatro Bolívar las letras y números que identifican las butacas son un papel rojo pegado en la tela, también roja. Muchos están a medio despegar y otros tantos no se precisan con facilidad. A esto se sumó la confusión que hubo ayer en el estreno de Bingo, cuando se ubicó al público general, invitados y asistentes oficiales con bastante desorganización.

La pieza ─la más reciente de Román Chalbaud─ fue la seleccionada por Fundarte para despedir esta tercera edición del Festival de Teatro de Caracas, que oficialmente clausura hoy. Una segunda función del montaje se presentará esta tarde en el teatro que está en la plaza Bolívar. Luego pasará a los escenarios del Celarg.

Un audio que no advierte sobre la prohibición de tomar fotos con flash, sino que habla de la revolución y de Hugo Chávez, antecede el inicio de la obra. Chalbaud, sentado junto al director de la puesta en escena, Costa Palamides, observaba divertido desde la segunda fila.

Mientras en tarima Andy Ramírez y el doctor Robinson ─personajes interpretados por Ludwing Pineda y Vito Lonardo─ hablaban del trabajo y de la ópera, a la sala seguían llegando espectadores. “Sienta a la abuela aquí abajo”, dijo una de las diez personas que se atravesaron buscando puesto. No consiguieron y la abuela tuvo que sentarse en la escalera, junto con otras dos señoras mayores. Más tarde protocolo les colocó unas sillas de plástico frente al escenario.

Producida por el Centro Nacional de Teatro y el Teatro del Duende, Bingo cuenta la historia de un venezolano asiduo al Metropolitan Opera House que llega a un asilo de ancianos en Nueva York para entretener a los pacientes con juegos de azar. El doctor Robinson y la enfermera Maggy (Gladys Prince) le dan la bienvenida al humilde personaje que habla de que en su país hay emisoras culturales y el dinero ─incluso en moneda extranjera─ abunda. Son los años sesenta.

“Aquí todo es posible”, dijo al hacer su entrada Patty, una de las coquetas residentes del asilo, personificada por Francis Rueda. Ella se burla de otra paciente, una mujer de apellido alemán pero de madre latinoamericana (Aura Rivas) que se traga la lengua porque en sus sueños cree que se trata de un falo.

Con constantes referencias sexuales, bailes, toqueteos e insinuaciones transcurre Bingo, cuya escenografía la componen paneles blancos y telas traslúcidas que simulan las habitaciones. Allí las mujeres ─personajes libidinosos y racistas─ son amantes del doctor; ellas se pelean, se convierten en gatas en celo y fantasean. “Esto es una opereta pornográfica”, sentencia Andy antes de ceder a la dinámica que se ha construido en el asilo.

Con un humor ligero, diálogos atravesados por episodios reflexivos y un extraño código de iluminación transcurre el montaje de la historia que el autor de La quema de Judas comenzó a escribir en los años ochenta y finalizó en 2011.

“Aquí reina la ley más sabrosa ─dice Patty hacia el final─: la ley de la selva. Es la mejor manera de vivir, o de morir”.



mcastillo@el-nacional.com