• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

La Biblioteca Nacional de España honra a las autoras pioneras

La exposición, comisariada por la poeta y traductora Clara Janés, exhibirá hasta abril auténticos "tesoros" literarios -manuscritos e impresos- escritos por pioneras de la literatura femenina como Santa Teresa de Jesús

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

La Biblioteca Nacional de España (BNE) se ha sacudido la "tradición machista" que tenía desde su inicio con la exposición "El despertar de la escritura femenina en lengua castellana", un homenaje a las primeras mujeres escritoras que abarca desde el siglo XV al XVII.

La exposición, comisariada por la poeta y traductora Clara Janés, exhibirá hasta el próximo mes de abril auténticos "tesoros" literarios -manuscritos e impresos- escritos por pioneras de la literatura femenina como Santa Teresa de Jesús, Luisa Sigea, Isabel de Villena, Sor Ana de San Bartolomé, María de Zayas o Sor Juana Inés de la Cruz.

El florecer de la literatura femenina en los conventos, tanto en prosa (Santa Teresa de Jesús) como en poesía (Sor María de la Antigua), se ve acompañado del trabajo de otras mujeres que se presentan a certámenes literarios o suman sus escritos a libros colectivos realizados con motivo de homenajes o celebraciones.

No obstante, algunas de ellas pagaron su "osadía" con altos precios, según ha explicado hoy la poeta y traductora Clara Janés, como en el caso de Luisa Sigea, quien fue víctima de la impostura literaria al firmar Nicolás Chorier con su nombre un libro de carácter erótico, "casi pornográfico", titulado "La academia de las damas".

"La Biblioteca Nacional tiene una tradición muy machista desde su inicio", explicó hoy en la presentación de la muestra la directora de la Biblioteca, Gloria Pérez-Salmerón, quien recordó que su fundador en 1711, Felipe V, no dejaba pasar a las mujeres y que éstas solo pudieron entrar, los sábados y de visita, como si fueran "bichos raros", a partir de 1837.

Para paliar esa restricción de la mujer a la cultura, muchas se vieron empujadas a refugiarse en conventos, donde podían tener su "parcela privada" y escribir, fundamentalmente textos religiosos, algunos de los cuales custodia la Biblioteca Nacional, una institución que, a pesar de contar con un grueso cuerpo de bibliotecarias, hasta 1990 no estuvo dirigida por una mujer.

Ahora esta exposición honra a esas autoras y, entre las obras seleccionadas por la comisaria, que ha partido para la muestra de su libro "Las primeras poetisas en lengua castellana" (1986), destaca la carta manuscrita de Santa Teresa de Jesús a Doña Isabel Osorio que abre la exposición.

También se exhibe el libro "Camino de perfección", que escribió la fundadora de los monasterios de las Carmelitas Descalzas para sus monjas.

De la importancia que tuvo para la historia su obra dan prueba las fiestas que se celebraron en toda España en el momento de su beatificación, cuyo libro "Compendio de las solemnes fiestas que en toda España se hicieron en la beatificación de Teresa de Jesús" también se puede ver ahora en la Biblioteca Nacional.

Al no ser bien visto por la Inquisición el movimiento cultural iniciado por la monja abulense, discípulas suyas como Sor Ana de San Bartolomé o sor Ana de Jesús, tuvieron que partir a otros países como Bélgica, dónde están fechados algunos de los documentos que se pueden ver en la muestra, como "Vida de la venerable Ana de Jesús", escrito por ella misma en 1632.

Otras, como Sor Juana Inés de la Cruz y María Zayas destacaron, según la comisaria, por su defensa "a ultranza" del derecho de la mujer a la educación.

Así, la primera publicó su "Carta Atenagórica", que se puede ver en la Biblioteca Nacional, considerada poco devota para las jerarquías eclesiásticas, que la llevaron a juicio y acabó por abjurar y declararse "la peor de todas", viéndose obligada a abandonar la vida pública y a no editar sus escritos.

Entre las voces femeninas de las que transcendieron "pocos ecos" la muestra destaca la de la científica Oliva Sabuco, descubridora del jugo cerebral, que recogió en su libro "Nueva filosofía de la naturaleza del hombre, no conocida ni alcanzada de los grandes filósofos antiguos".

Su propio padre quiso apoderarse de la autoría de su descubrimiento, aunque no lo pudo hacer porque Felipe II había otorgado permiso a su hija para publicarlo, si bien posteriormente la mala relación de Felipe II con los ingleses hizo que estos se apropiasen del descubrimiento de Oliva Sabuco.