• Caracas (Venezuela)

Escenas

Al instante

El Banco del Libro resiste en su labor de promover la lectura

María Beatriz Medina y Virginia Betancourt consideran que el principal reto de la institución es sobrevivir en un contexto de crisis económica | Manuel Sardá

María Beatriz Medina y Virginia Betancourt consideran que el principal reto de la institución es sobrevivir en un contexto de crisis económica | Manuel Sardá

La organización asegura que cada vez es menor el apoyo de la empresa privada y el del Estado representa aproximadamente 16% de su presupuesto anual

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Cuando Virginia Betancourt entra al Banco del Libro todos la saludan, la tratan con extrema cordialidad, le abren las puertas, la hacen sentir cómoda. 

Ninguna de las personas que trabajan en el edificio que está ubicado en Altamira Sur ignora que ella fue la impulsora de la institución. 

"El comienzo de todo se asocia con el deseo de cambiar el país después de la caída de Marcos Pérez Jiménez. En ese momento un grupo de personas le pidió ayuda a mi mamá, Carmen Valverde, esposa del presidente Rómulo Betancourt, para crear una asociación que tuvo vida muy corta, Solidaridad Humana, con la que colaboré. Entre sus actividades estaba la recolección de libros para los niños más pobres", cuenta. 

Recuerda, sin dejar de sonreír, el galpón en Plaza Venezuela que sirvió para guardar todo lo recabado, especialmente los textos escolares con los que empezaron. Se inspiraron en el intercambio de alimentos, ropa y libros que hacían hermanas, hijas y esposas de quienes estaban en la clandestinidad durante la dictadura. 

De esa experiencia surgió la organización que cumple este mes 55 años de fundada. 

Al comienzo hacían caravanas por las urbanizaciones para solicitar con altoparlantes la colaboración de los vecinos. "Mucha gente ayudó en esa primera etapa. Recogían libros en diferentes lugares, los organizaban. El énfasis era apoyar la educación y promover la lectura para formar ciudadanos", dice Betancourt, quien se enorgullece del programa de intercambio de textos escolares con el que se han formado varias generaciones. 

En ese entonces había un trabajo en conjunto con el Estado. El galpón de Plaza Venezuela pertenecía al Ministerio de Obras Públicas, ente que en 1963 otorgó en comodato los terrenos de Altamira Sur donde actualmente se encuentra la sede de la institución. 

En los a ños siguientes pensaron en grande para llevar a cabo proyectos como el Primer Seminario de Libros de Texto en Primaria, con el apoyo de Luis Beltrán Prieto Figueroa, fundador de la Federación Venezolana de Maestros. Esa iniciativa, recuerda Betancourt, sirvió para la elaboración de las primeras guías de evaluación de libros de lectura, matemáticas, ciencia y ciencias sociales, que fueron empleadas por el personal del Ministerio de Educación. 

"Aún me encuentro con gente en la calle que dice que estudió en la escuela gracias al canje que promueve el Banco del Libro. También somos responsables de impulsar la producción de libros escolares en Venezuela para que se dejaran de importar. A pesar de que era una labor de amas de casa bien portadas, tuvo eco hasta en el mundo intelectual y en el área de la educación. Todo eso creó la noción de que también pensábamos y no solo éramos unas recolectoras de libros viejos", dice con satisfacción sobre un programa que se mantiene hasta ahora. 


Retos en la adversidad

Si Betancourt asegura que habló sobre los orígenes, María Beatriz Medina, directora ejecutiva del Banco del Libro, reconoce que le toca hablar de lo más difícil: el contexto actual. 

Como ejemplo de los cambios que ha habido menciona el proyecto del llamado Bibliobús, que llevaba libros a los barrios y que en 1973 llegó a estar presente en 16 zonas populares de Caracas. 

Hace dos años tuvo que cancelarse esa iniciativa por la imposibilidad de mantenerla operativa. Al comienzo contaban con 12 unidades, pero al final eran solo 2. "Barrio Adentro se dio hace muchísimos años", expresa entre risas Betancourt. 

Ambas recuerdan también el sistema de cinco bibliotecas públicas, que tiene como principal exponente la Mariano Picón Salas del Parque Arístides Rojas, que luego fue transferido al Estado. 

Otro motivo de orgullo es Ediciones Ekaré, que surgió como un proyecto de promoción de lectura del Banco del Libro y que ahora se vale por sí mismo. Un título emblema es La calle es libre, editado en 1981, sobre la historia real de unos niños del barrio San José de La Urbina, donde había una biblioteca impulsada por el banco. "Ha sido traducido a 16 idiomas. El sello se convirtió no solo en una referencia nacional, sino internacional. 

Ahora sigue adelante, con todo y las dificultades editoriales que atraviesa la industria", señala Medina. 

Betancourt lamenta que las bibliotecas estén sin nuevos títulos desde hace varios años: "Lo importante es que compren los libros y los distribuyan para que lleguen a los niños, pero eso no se está haciendo". Medina aclara: "Sí hay estados que han comprado libros recomendados por el Banco del Libro, como Miranda. Sin embargo, sí han disminuido las compras institucionales en el país, cuando en Chile, Colombia y Guatemala buscan las publicaciones de Ekaré". 

Cuando se les pregunta por los retos de la institución, Betancourt responde sin titubear: "Sobrevivir". La directora ejecutiva lo confirma: "La supervivencia. Para multiplicar nuestras acciones necesitamos de una articulación mucho mayor. Hemos logrado resistir". 

Del presupuesto anual, Medina asegura que aproximadamente 16% proviene del Ministerio de Educación. "En 2013 no hubo aporte, pero lo retomaron. Cada vez es también menor el que recibimos de la empresa privada por la situación del país. Mantenemos apoyos de fundaciones como Telefónica y el Goethe-Institut".