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Artistas prueban el dulce veneno de la Chiky Lorens

Chiky Lorens | Foto CORTESÍA MARCOS RIVAS

Chiky Lorens | Foto CORTESÍA MARCOS RIVAS

El show web conducido por Juan Solórzano, que cuenta con dos temporadas en Youtube, busca mostrar el lado pícaro de figuras como Caridad Canelón o Leonardo Padrón

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Cada vez que Juan Solórzano se pone los tacones de la Chiky Lorens pierde su identidad. “No me llames por mi nombre de pila”, dice en tono de regaño. Su álter ego lo secuestra por una hora. Se convierte en una diva humilde, “una que solo gana 8.000 dólares al mes y vive apretadita en una mansión de 16 cuartos y 7 baños en el Country Club”.

Adoptó a Vallito, su asistente, a la que le enseñó a hablar español, a peinarse y a colar el jugo de parchita. También la entrenó para que recibiera a sus invitados en el estudio de Chiky Top Show, el programa web por el que han pasado figuras como Caridad Canelón, Estelita del Llano, Fedra López, Mery Cortez y Leonardo Padrón.

Carlos Cruz fue el invitado de esta semana y no se dejó intimidar por el humor ácido de la diva. “Eres una de las personas más genuinas que conozco. Por eso acepté venir a sentarme aquí”, dijo el actor al finalizar la entrevista.

Elogios similares ha recibido la Chiky Lorens por parte de otros artistas que han decidido ir al programa del travesti sin prejuicios y por convicción propia.

“Yo quiero mostrar al ser humano detrás de la estrella”, dice Juan Solórzano una vez que recupera su cuerpo, ese que fue entrenado en el mundo de la danza desde los 6 años. A esa edad comenzó a estudiar en el Ballet Metropolitano de Caracas. Se profesionalizó en Unearte, luego de obtener su licenciatura en Artes en la Universidad Central de Venezuela. Actualmente es miembro de la compañía de danza Dramo.

“Incursioné en el mundo del travesti hace 12 años. Me aterraba la idea, hasta que me di cuenta de que por un show obtendría lo mismo que ganaba en un mes como miembro del Ballet Juvenil de Venezuela”, cuenta el artista que se hizo adicto a las risas y los aplausos que recibe cuando está metido en su personaje. “La Chiky ha ido borrando a Juan con su dulce veneno. Me pasó como en Flores en el ático, en la que la madre mata poco a poco a sus hijos dándole donas espolvoreadas con arsénico”.

Considera que hay mucha pacatería en los medios de comunicación. “Me han dicho que mi proyecto no tiene cabida en la televisión porque atenta contra la moral. Incluso me llegaron a denunciar en Fiscalía alegando que mi imagen denigraba a la comunidad gay”.

El caso no procedió y a pesar de que Solórzano trabaja para un ente gubernamental, buena parte de sus monólogos son de crítica social. “Soy un profesional, mi arte no está casado con ningún bando político”.

El bailarín considera que el oficio del travesti está subestimado en el país. “Hay empresarios que quieren contratarte para un show y te ofrecen 800 bolívares. Esto es un trabajo que requiere entrega como cualquier otro. El vestuario, los equipos, el personal detrás del programa, todo eso cuesta. Debemos darnos nuestro puesto como artistas de la transformación. Es más, debería fundar un sindicato de travestis”.

Mientras tanto sueña con que Maite Delgado se siente en su sofá. “Entrevisté a su estilista, Franklin Salomón, y me envió dos notas de voz con él. Ya ha visto el programa. Sería la cúspide del show que ella viniera”.

Solórzano trabaja para que su proyecto se mantenga en el tiempo. Quiere aprovechar la popularidad de la que goza y el respaldo de sus invitados especiales. “Tengo programas con 20.000 visitas en Youtube. Me han escrito personas de Australia, Argentina y República Dominicana que no entienden los chistes, pero se enganchan con los personajes. Porque todos queremos ser una diva, con chiva o sin chiva”.