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Armando Quintero: Ningún cuento es inocente

El juglar nacido en Uruguay tiene tres décadas en Venezuela dedicado a la literatura infantil

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Armando Quintero empieza un cuento y no hay quien lo detenga, porque conecta una anécdota con otra, con la pericia de quien lleva años cautivando a niños y adultos con sus fantasías. Tanta es su gracia histriónica que casi es imposible quitarle los ojos de encima y tan agradable es su voz que los oídos sólo quieren escuchar sus palabras.
Llegó a Venezuela hace 34 años desde Uruguay y comenzó a trabajar como ilustrador en El Diario de Caracas, en la época de Tomás Eloy Martínez. Colaboró con otros medios impresos, escribió y pintó libros para niños y hasta tuvo exposiciones, pero su verdadera vocación se selló hace 25 años, justamente un mes de octubre, cuando la tarde de un soleado domingo en la Biblioteca Pública Rómulo Betancourt del Parque del Este –dirigida entonces por Luisa Salazar de Camilla– escenificó relatos para niños. Así comenzó su proyecto Cuentos de la Vaca Azul. Aquello fue el inicio de una actividad que se extendió a la plaza Vicente Emilio Sojo del Teatro Teresa Carreño, a colegios y liceos alrededor del país y, desde hace dos décadas, a la Universidad Católica Andrés Bello.
La agrupación de hombres y mujeres entrenados por Quintero y dedicados a la narración oral como forma de transmisión de conocimiento cumple varios lustros entreteniendo a niños de todas las edades y dedica este mes a celebrarlo. Mañana, a partir de las 4:30 pm, presentará lo que ha llamado La Octavita de Aniversarios de La Vaca Azul en el Parque Caballito, situado entre las avenidas Séptima y Octava con Séptima Transversal de Altamira. Además, todos los domingos hasta el 9 de diciembre, se presentarán en este mismo lugar jornadas de cuentacuentos vespertinas.

Más que literatura para niños. La vocación de cuentacuentos se le reveló desde muy joven a Quintero, que hoy tiene 67 años de edad. Ya desde la escuela le gustaba leer y si hoy sabe que es un error “simplificar” la literatura infantil, es porque un tío suyo lo instó a conocer Don Quijote de La Mancha a partir de la versión en castellano antiguo (la más cercana al original de Miguel de Cervantes) y con las ilustraciones de Gustave Doré. Leyeron juntos el capítulo en el cual el caballero de la espigada figura se enfrenta a los molinos de viento, “la parte más corta de la novela” –recuerda el juglar, entre sonrisas– y, desde entonces, Quintero tuvo en su tío un cuentacuentos. Y un ejemplo.
Por esta experiencia, por los años en los que fue docente en Uruguay y por las décadas que tiene recorriendo Venezuela y viviendo de la narración, Quintero sabe que la literatura es una sola, sin importar cuál sea su público: “Si el texto tiene una validez precisa desde el punto de vista ético y estético, cualquiera puede apropiárselo. Uno lo ve en actos muy concretos, como por ejemplo que los niños hoy en día consideran suyas obras como Alicia en el País de las Maravillas, Robinson Crusoe y Los viajes de Gulliver, aunque no fueron concebidas originalmente como textos para niños”.
La literatura es para este hombre que le ha dado su vida una manera de ensayar pareceres y futuros. Por eso señala que si ciertas narraciones tienen influencia sobre los niños es porque estos reflejan en la lectura sus propias experiencias. “Si el pequeño se apropia de un texto es porque este representa un reconocimiento de su situación, dudas, sorpresas y pensamientos: de todo aquello que integra su crecimiento personal. Por eso creo que es mala la literatura para niños que utiliza mucho los diminutivos, porque el niño está viviendo en el mundo de los adultos”, indica el autor de libros como Caracol y caracola y ¿Has visto el León?, ambos publicados por el sello español Oqo Editora.
Pero a pesar de que también se dedica a la producción de libros infantiles, Quintero enfatiza que los cuentacuentos no son promotores de lecturas. “Sí puedo decir que nosotros sabemos que al contar un cuento de un autor reconocido, el niño, el joven o el adulto que está allí, escuchándonos, va a tratar de enterarse de algo más. Así que en ese sentido sí se puede decir que estamos indirectamente promoviendo libros”, señala antes de concluir que esta promoción no es consciente. “No somos moralizadores, porque es una falta de respeto decirle a la gente qué tiene que hacer. Pero ningún cuento es inocente, siempre hay un mensaje allí y por eso sabemos que le abrimos puertas a la imaginación de la gente y despertamos sus conciencias”.

En el campus de la UCAB
Desde hace 20 años, Armando Quintero dirige Narracuentos UCAB, una agrupación adscrita a la Dirección de Cultura de esa universidad. El relator no descarta la posibilidad de crear un diplomado de Narración Oral, intensificar el desarrollo de los talleres e incluso tratar de lograr aportes para publicaciones, tanto de material teórico como de cuentos y poemas que sirvan para la educación de los talleristas. Además, acaricia la idea de que sus cuentacuentos tengan una sede. “Aspiramos a tener en algún momento un espacio para la Vaca Azul. Para lograrlo estamos en conversaciones con el Centro Simón Díaz, donde dimos un taller para ancianos, pero aún no hay seguridad”, expresa Quintero.
El 5 de noviembre comenzará sus talleres de Narración Oral en la Universidad Católica Andrés bello. Los cursos durarán hasta el 16 del mismo mes, con reuniones los lunes, los miércoles y los viernes entre el mediodía y las 2:00 de la tarde. Para inscribirse, los interesados deben contactar a la Dirección de Cultura de esa casa de estudios superiores (teléfono: 407-4563).