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Antonio Tabares: “Escribo para mostrar mi asombro del mundo”

“El teatro es válido en sí mismo como hecho escénico, como arte comunitario”, dice Tabares/ Foto: Manuel Sardá

“El teatro es válido en sí mismo como hecho escénico, como arte comunitario”, dice Tabares/ Foto: Manuel Sardá

El dramaturgo español dictó talleres en Caracas y Valencia. También presenció el primer montaje internacional de uno de sus textos, La punta del iceberg

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Antonio Tabares venía a Venezuela con una mezcla de miedo y emoción. Muchas eran las noticias sobre inseguridad y desabastecimiento que había escuchado en Canarias. Pero el consejero cultural de la Embajada de España le dijo que se quitara los prejuicios. Eso hizo. 

“Creo que los contrastes son muestra de que la ciudad está viva”, señaló sin haber tomado el primer café de la mañana y ya sin los efectos del jet lag.

El dramaturgo nacido en Santa Cruz de la Palma en 1973 visitó el país como parte del Mes Cultural de España en Venezuela, donde dictó talleres sobre escritura teatral en Caracas y Valencia.Además, presenció el montaje de La punta del iceberg, el primero de sus textos que se estrena fuera de su tierra y que se escenifica en el Trasnocho Cultural con la dirección de Javier Vidal.

Autor de dramas y comedias, ha estrenado piezas como Los mares habitadosCuarteto para el fin del tiempo y Una hora en la vida de Stefan Zweig. Se inició en la dramaturgia por afición, pues le gustaban el teatro y la literatura. Lo que vino después fue muy orgánico. “Escribo porque hay muchas cosas de la realidad que no entiendo, no termino de comprender ciertas acciones del ser humano. Escribo para mostrar mi asombro del mundo”, expresa.

—¿Cuándo escribe se deja llevar por sus obsesiones?
—Uno siempre escribe con sus obsesiones, lo que le interesa y sus pasiones. Siempre hay algo terapéutico en la palabra. Probablemente si no escribiera sería más infeliz. Pero uno tampoco debe obsesionarse con los motivos por los que escribe. La obra es un proceso muy largo, lleno de sinsabores y dificultades.

—¿Qué elementos de la condición humana le interesa retratar en sus historias?
—Me llama la atención esa manera que tenemos los seres humanos de relacionarnos entre nosotros. A veces nos dañamos, incluso sin querer, o somos capaces de algo grande con pequeños gestos. Un dramaturgo es, sobre todo, un recolector de historias; tiene que estar muy atento. Y creo que por ahí va mi escritura, buscar temas que muevan a las personas sin necesidad de que sean grandes acontecimientos o puestas en escena con muchos artificios. Me interesa un teatro más cerca de lo cotidiano. 

—¿Es más importante complacer al público o complacerse a sí mismo como creador?
—Uno se plantea continuamente si hace concesiones para que la obra tenga un mayor recibimiento o si se mantiene fiel a su idea. Yo escribo con la conciencia de que soy el primer espectador e intento no engañarme. Al final es importante tener honestidad y saber que la historia no siempre es amable, que lo que el espectador quiere ver no siempre es lo que necesita.

—¿Suele ser muy crítico consigo mismo?
—Al cabo de un tiempo debes tener una cierta piedad, no puedes martirizarte toda la vida. Lo primero que tienes que hacer cuando escribes es ser consciente de tus limitaciones, intentando algo mejor siempre, porque si no corres el riesgo de terminar un poco loco.

—¿Cómo se mueve la escena teatral en España?
—El país atraviesa un momento teatral muy interesante. Hay nuevos autores, se han abierto talleres, la escuela de arte dramático tiene su especialidad, hay publicaciones. Hay variedad en ciudades como Madrid y Barcelona, que tienen una diferencia abismal con el resto del país. En lo económico, se reivindicó al sector, pues se redujo el impuesto a la producción y exhibición de espectáculos. Pero, más que eso, no ha habido un apoyo al teatro ni a la cultura. Aún nos queda mucho por recorrer.

—¿Considera que el teatro va unido a una misión?
—Tiene la que cada uno le quiera dar. El teatro es válido en sí mismo como hecho escénico, como arte comunitario y su propia naturaleza es su misión: reunirnos a todos para contemplarnos como individuos y como sociedad.
 
La punta del iceberg
Espacio Plural, Trasnocho Cultural
Funciones: viernes, 8:00 pm; sábado y domingo, 7:00 pm
Entrada: 500 bolívares