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Antonio Canales: "Cuando bailo flamenco no tengo que serle fiel a un personaje"

El bailaor Antonio Canales | Foto: Cortesía

El bailaor Antonio Canales | Foto: Cortesía

El artista español también dará clases magistrales para jóvenes y adultos desde hoy hasta el miércoles

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Antonio Canales tiene más de una semana en Venezuela. No solo vino a las actividades previstas en Barquisimeto y Caracas, sino que por segundo año consecutivo viajó para pagar promesa en la procesión en honor de la Divina Pastora que se realizó desde Santa Rosa, en el estado Lara.

No quiere decir el motivo.

Solo cuenta que fue hace años que entró por primera vez a la iglesia donde se encuentra la figura y hubo conexión.

"Cuando vine a la peregrinación el año pasado comprobé esa fe existente. No se puede describir. Ahí se reúnen todo tipo de personas. No hay clases sociales. Está el militar, el policía, el rico, el pobre, el que roba y el que mata", cuenta el bailaor español, quien no solo tiene un vínculo con el país por su faceta artística, sino porque su yerno es venezolano.

La preparación ha sido ardua estos días. Cuando contesta el teléfono al mediodía tiene pocos minutos de haberse despertado. Tampoco ha sido todo trabajo. Ha tenido chance para visitar lugares como Sanare, Carora y Morrocoy.

El sábado dio una clase magistral en el Teatro Juares de la capital larense con su alumna predilecta: Mónica Fernández, quien no viajó a Caracas por tener que cumplir compromisos en España.

Entre hoy y el miércoles compartirá sus conocimientos del flamenco en la sala La Viga del Centro Cultural Chacao. El jueves presentará el espectáculo A solas con Antonio Canales en el Teatro de Chacao, a las 7:00 pm.

"Caracas es una ciudad obligada para mí. Desde los años ochenta he presentado casi todos mis espectáculos en el Teatro Teresa Carreño. Es uno de los lugares más f lamencos de América Latina. En este país la gente tiene mucho ritmo, baila mucho.

Hay salsa, rumba", señala el artista de 53 años de edad.

No contará ninguna historia, no se adentrará en ningún personaje. Solo será él.

Le gusta ese tipo de propuestas, en la que no tiene que prevalecer la caracterización de figuras ajenas, sin trajes ni máscaras. "No es que me canse de los disfraces. Mi vida es un disfraz, pero cuando bailo flamenco no tengo que serle fiel a un personaje".

Un suspiro de añoranza se escucha cuando se le pregunta por anécdotas en el país.

Recuerda su amistad con Jesús Soto, quien lo convidó a bailar en varias fiestas privadas. "Me regaló una de sus obras, El Apocalipsis. En los ochenta, recuerdo que vi a Celia Cruz en el Poliedro. Las noches en el Caracas Hilton, el puente que conectaba con él sin violencia. No había nada y había de todo. Con Paco de Lucía fuimos una vez al mar, a la costa cerca de Caracas, donde habían dos tablaos. Me enamoré y amé acá".

Ahora cuando viene a Venezuela, afirma, no puede dejar de sentirse molesto por la situación que atraviesa el país.

"No me gusta que haya escasez. Este año ha empeorado.

Esto no puede seguir así, con la gente pasando trabajo. Increíble que ni haya leche. Me dirás tú, de qué estamos hablando. Me parte el alma que haya necesidad. Hugo Chávez fue varias veces a verme con sus hijas. Incluso llegamos a comer y discutir".