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Un Año de gracia para reírse de los tiempos difíciles y de la España en crisis

Ventura Pons dice que para él la vida sigue al ritmo que le marca una agenda de rodajes, promociones y reconocimientos | Foto: EFE

Ventura Pons dice que para él la vida sigue al ritmo que le marca una agenda de rodajes, promociones y reconocimientos | Foto: EFE

El filme enfrenta las soledades de un joven naif con las de una casera amargada ansiosa de compañía

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En febrero, cuando Año de gracia se estrenó en Barcelona, su director, Ventura Pons, insistía en que se trataba de una comedia “de buen rollo”, una frase que se veía en su cartel. “Tal como están las cosas, vale la pena enviar un mensaje diferente, de vida positiva”, decía en aquellos días de invierno, con los españoles ahogados en el desempleo y en la desastrosa caída de la economía. En ocho meses el panorama no ha cambiado para la nación ibérica, más bien está peor, pero el cineasta catalán no le hace caso a las malas noticias y se atreve a dar una lectura distinta a su película: “Igual hubiera podido llamarse Vaya drama”, ironiza. Y no le falta razón.
En el filme, incluido en la programación del Festival de Cine Español, muchos son los sinsabores que experimentan los personajes. Está el desencanto de David (Oriol Pla), el veinteañero que sale de su pueblo para vivir en Barcelona y cumplir sus sueños sin saber que se topará con complicaciones que le acaban minando las ganas. Y también está la amargura de Gracia (la veterana actriz Rosa María Sardá), la casera insufrible que supera las siete décadas y que no se cansa de pelear e imponer. Juntos  forman una pareja que muestra, sin sesgos, dos realidades de su sociedad: la del joven que no sabe cómo levantar cabeza ante los problemas y la de la anciana aislada que busca un poco de compañía.
La trama tuvo su génesis en un encuentro casual. Un viejo amigo de la escuela, a quien el realizador catalán casi ni recordaba, le contó que su hijo había vivido con una señora mayor que era una verdadera aficionada a las cartas. La simple idea le sirvió para comenzar un guión que siempre estuvo enfocado en el choque de sus protagonistas. “Quería enfrentar a dos hijos de puta. De la confrontación salen cosas más interesantes”.
Posteriormente vinieron las colaboraciones en la escritura de Jaume Cuspinera  y Carme Morell y, entre los tres –asegura Pons que sin querer–, tocaron transversalmente los temas del encarecimiento de la vida, los altos alquileres y la búsqueda de empleo que se torna imposible. En fin, la España que hace 10 años no existía.

La risa en tiempos difíciles. “En todo el mundo, en cualquier momento, siempre se necesita reír más que llorar”, sentencia el director y añade que, a pesar de las penas, Año de gracia es un relato fresco con un ligero reflejo de lo que se hace en su país para escapar del atolladero del paro. “¿Seremos capaces de no esperar que nadie nos ayude a salir de esto? Estamos en un momento en el que la gente se organiza en sectores para poder seguir”.
Dice el cineasta que la cinta se identifica mucho con su carácter y con su trayectoria, que cuenta 23 largometrajes durante 3 décadas de trabajo sin pausa, ni siquiera por la mala situación económica que atraviesa España. “A mí nadie me ha dado nada, he tenido que luchar para producir mis películas”, afirma en tono contundente, aunque admite que la crisis, como a todos, también lo afecta. “Tenemos que espabilarnos con lo que haya y proponernos hacer filmes menos ambiciosos, que no necesiten tanto presupuesto”, sostiene Pons, acostumbrado a presentar por lo menos una producción cada año y medio.
El realizador señala que la vida para él sigue al ritmo que le marca una agenda de rodajes, promociones y reconocimientos. Sólo este año ha recibido tres homenajes por su prolífica filmografía en festivales de Estados Unidos e Irlanda, y uno más –el Sant Jordi a la Industria– entregado por el cine local y la Generalitat de Cataluña. Además, tiene una cinta en marcha que estrenará el próximo año, pero se niega a dar detalles del proyecto.

Caracas y Pons
“Imagínate, es que eso fue hace mucho tiempo. Yo siempre viajo por el mundo para presentar mis películas, he estado en más de 650 festivales internacionales y lo recuerdo poco”. La frase la suelta el cineasta catalán cuando se le pregunta por la única visita que ha hecho a Caracas, en 2001, para participar en una edición del Festival de Cine Español.  Sin embargo, lo que sí rescata es haberse encontrado con un público que conocía sus cintas y la retrospectiva de siete de sus filmes que le dedicó la Cinemateca Nacional, que incluía desde su ópera prima, Ocaña, retrato intermitente, hasta las laureadas Caricias y Anita no pierde el tren.