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Taquititán enseña poesía venezolana a los niños

La antóloga y la ilustradora de Taquititán consideran que el género lírico infantil ha sido subestimado en el país | Foto: Manuel Sardá

La antóloga y la ilustradora de Taquititán consideran que el género lírico infantil ha sido subestimado en el país | Foto: Manuel Sardá

María Elena Maggi hizo la selección para el libro de Ekaré y Ana Palmero Cáceres las ilustraciones

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El aporte de la poesía al desarrollo cognitivo de los niños es indiscutible, principalmente porque se conecta con la forma más primigenia de la literatura que es la oral, no solo a las culturas originarias de la humanidad sino al temprano desarrollo, a partir de lo lúdico, del individuo. A esto, aunado con la necesidad de cultivar un gusto por los libros desde pequeños y el convencimiento de que los sueños activos de los poetas y la simbología de los cuentos permiten que aprehendan el mundo, apela la obra más reciente de Ekaré, Taquititán.

Allí se reúnen 18 poemas lúdicos y breves, en los cuales se integran imágenes de animales y de la naturaleza con los juegos infantiles. El propósito es que los niños aprendan a familiarizarse con la poesía a través de autores que publicaron entre las décadas de los años cuarenta y ochenta y que son fundamentales de este género en la literatura infantil, como Luis Barrios Cruz, Efraín Subero, Carmen Delia Bencomo, Andrés Eloy Blanco, Velia Bosch y Jacinto Bombona Pachano, entre otros que María Elena Maggi descubrió en antiguos ejemplares de la revista Tricolor o en ediciones de autor y que se propuso rescatar con el objeto de reivindicar el pasado literario nacional en este género tan poco tomado en cuenta.

“La poesía para niños ha sido subestimada en el país, por asociársele a la cursilería. En 2007 hice una antología de poesía venezolana, A la una la luna, en la cual había poemas para niños de diferentes edades. De allí, María Francisca Mayobre, directora de Ekaré, seleccionó los más breves que consideraba se podían enfocar en los niños más pequeños”, indica Maggi sobre el nacimiento de la obra que tardó un lustro en gestarse.

Como se trata de un libro-álbum enfocado en la población que aún no llega a edad escolar, los elementos para-textuales de la obra son cruciales y es allí donde entran las ilustraciones de la venezolana de origen español Ana Palmero Cáceres, para quien la unidad estética de la publicación tenía que construirse a partir de las imágenes de animales. “Las imágenes de la naturaleza son importantes por la vinculación de los venezolanos con su ambiente natural y por eso hay mucho de eso en el libro”, señala la diseñadora.

El libro también está concebido para lo que en el mercado editorial infantil se llama el “lector mediador” y nombra a los padres y educadores, es decir, a los responsables de la promoción de la lectura entre los niños en las edades más tempranas.