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Ana Teresa Torres volvió a la novela histórica con un incesto del siglo XVII

Durante más de tres años, Torres se dedicó a crear una ficción sobre un hecho de la época colonial que la obsesionó por dos décadas | Foto MANUEL SARDÁ

Durante más de tres años, Torres se dedicó a crear una ficción sobre un hecho de la época colonial que la obsesionó por dos décadas | Foto MANUEL SARDÁ

La obra cierra el tríptico de Caracas que comenzó Doña Inés contra el olvido en los años noventa

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 La escribana del viento se fundamenta en un crimen acaecido en el siglo XVII, el primer caso documentado en el pasado nacional de un juicio a una mujer por un delito moral, y la persecución que con esta excusa desatara el obispo fray Mauro de Tovar contra su familia. Con esta obra, Ana Teresa Torres cierra el tríptico de novelas históricas ambientadas en Caracas que comenzó en 1991 con la publicación de Doña Inés contra el olvido y continuó al año siguiente con El exilio del tiempo.

La novela narra, tal como se la cuenta la protagonista al personaje de Ana Ventura, la vida de Catalina de Campos, que a los 17 años de edad fue acusada de cometer incesto por tener relaciones con su hermano por parte de madre, Pedro Navarro. Aunque escribió la obra en aproximadamente cuatro años, la anécdota obsesiona a Torres desde hace dos décadas, por considerarla el retrato de las incómodas relaciones entre el mundo civil y el eclesiástico desde la génesis de la formación de la nación venezolana.

“Cuando terminé Doña Inés contra el olvido, libro que también requería una exhaustiva investigación bibliográfica, encontré la anécdota central de esta novela y al avanzar en esa investigación me di cuenta de que daba para otra novela, así que guardé un especie de guion de cada capítulo”, recuerda la autora de El oficio de narrar de sus estudios acerca del crimen que en la actualidad hubiera sido tomado como un caso de abuso sexual.


Historia y mujer. Al tomar como punto de partida la experiencia femenina, Torres propone una novedosa perspectiva dentro de la novela histórica, género bastante transitado en la literatura venezolana actual. “Esta novela mira a aquellos venezolanos [los del siglo XVII] desde la representación que de ellos podemos tener hoy, con el propósito de concederle densidad narrativa a un pequeño, pero no por eso menos dramático fragmento de nuestro pasado”, escribe Torres en “Testimonio de la autora”, el capítulo con el que cierra la novela. Eso que la autora denomina “mirar”, el lector lo entenderá como un sólido proyecto narrativo en el que la historia oficial –como construcción del imaginario colectivo– se ve increpada por la experiencia femenina. Si la novela histórica actual puede interpretarse como un territorio del conflicto entre el saber tradicional y la heterogeneidad posmoderna, en La escribana del viento, la herramienta del enfrentamiento entre ambas realidades es la mirada de la mujer, pues aunque Torres no se resista a hablar de una “literatura feminista” o de una “escrita por mujeres”, señala que en las letras entra la experiencia cabal del escritor y la de ella es, además de la perspectiva de la psicóloga y la venezolana del siglo XXI, también la mirada de una mujer.

Por eso, La escribana del viento se construye sobre dos personajes femeninos archiconocidos en la literatura universal: la mujer que cuenta y aquella que escribe. Sherezade, que cada noche inventa un cuento para evitar la muerte, y Penélope, que hila en una tela sin final las tramas de la vida. No es la primera vez que Torres recurre a la figura del escribano, pero la transgresión que propone  es que aquí es una mujer quien escribe la historia de otra. Así, la escribana Ana Ventura funciona como una metáfora de la mujer escritora. “Sé que cuando pasen los siglos nada tendrá importancia y me convertiré en la escribana del viento”, reflexiona Ventura en la frase que inspira el título de la obra y así evidencia cómo la palabra de la mujer ha sido silenciada por el tiempo y por el peso de la moral.