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Ana Lucía Domínguez: “Tengo el privilegio de hacer lo que amo”

Ana Lucía Domínguez | Foto: Cortesía Ana Lucía Domínguez

Ana Lucía Domínguez | Foto: Cortesía Ana Lucía Domínguez

Con 20 años en el mundo de la actuación, la artista además ha incursionado en otras áreas del entretenimiento. Asegura que está cumpliendo su sueño y que descansará cuando se convierta en madre

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Ana Lucía Domínguez parece estar en constante ebullición. Nacida en Bogotá hace 29 años, ha llevado su carrera con la misma energía desde los 9 años de edad, cuando comenzó con la telenovela Padres e hijos.

Casada con el también actor Jorge Cárdenas, Domínguez obtuvo su primer protagónico a los 15 años y causó polémica en su país. La crítica llegó a comparar a Antonia, de Hermosa niña, con la Lolita de Vladimir Nabokov. A partir de ese momento decidió dedicarse en serio a la actuación e inició un camino que incluye participaciones en dramáticos tan exitosos como Pasión de gavilanes, Perro amor y La traicionera.

Ha mostrado sus destrezas, sin embargo, en campos distintos al de la actuación. Ha trabajado como modelo, para la revista Soho Colombia, y tiene su propia marca de jeans, que diseña y comercializa. 

¿Cómo la han tratado los venezolanos?

–Muy bien. Me he conseguido un grupo muy chévere. Gente que cuando la ves por primera vez sientes que la conoces desde siempre. Creo que vamos a ser amigos el resto de la vida.

Aparte de actriz, también es modelo.

–Sí, aunque para mí el modelaje es coyuntural. Salgo en esas portadas porque soy actriz y porque alguna novela tiene muchísimo éxito y me reconocen por mi trabajo. Pero me divierte. Sobre todo la campaña más reciente para Soho, que se hizo para la prevención del cáncer de mamas. Gracias a Dios tengo una imagen que puedo usar para decir “hay que cuidarse”. Por otro lado, el tema del modelaje también va ligado a mi marca de jeans, ALD, y a su promoción.

Con respecto a ALD, ¿usted diseña los jeans? ¿Dónde se venden?

–¡Sí, claro! Los diseño en cualquier momento que tengo libre, en el camerino o en casa. Los pinto y me los imagino, inspirada en algo que haya visto. Se han vendido muy bien. La primera colección se comercializó en Estados Unidos y ahora en Colombia. Los quiero traer a Venezuela.

¿Y cuándo descansa?

–¡Ahora! (risas). Llevo 20 años haciendo novelas. La primera vez que paré fue para prepararme para una película que se llamó Gringo Way, porque tenía que perfeccionar mi inglés. No me gusta parar, no me gusta descansar. Supongo que lo haré cuando tenga un bebé. Ayer estuvimos grabando en La Guaira y me sentía fantástico. Un paisaje lindo, el clima rico, como si estuviéramos en un paseo. Lo disfruto tanto que hace que no lo vea como un trabajo, sino como que me pagan por divertirme. Fui bendecida, tengo el privilegio de hacer lo que amo.

–Con una carrera exitosa a nivel internacional, ¿cómo hace para llevar la relación con su esposo?

–No hay derecho de pensar que Jorge se va a Miami a hacer una novela y yo me quedo en Caracas. Cuando pasa eso las relaciones se acaban. Gracias a Dios hemos tenido la oportunidad de escoger y decir “hoy por ti, mañana por mí”. Así hemos llevado nuestras carreras, siempre junticos, esa es la idea.

Trabajaron juntos en La traicionera.

–Sí, y fue muy divertido. Acabábamos de llegar de Miami, donde hacía Perro amor, cuando a él le salió la novela. En ese momento yo estaba entre un proyecto en Miami y otro en Colombia, y  decidí que iba a hacer el de Colombia porque él estaba allí. Justamente el antagónico que me habían ofrecido era el de La traicionera. Fue muy emocionante, algo distinto.

–¿Los reconocen en la calle?

–A mí no tanto. Lo reconocen a él y me dicen “¿me tomas la foto?”. Eso me encanta. A veces a Jorge como que le da pesar y les dice “ella también es actriz” (risas).

¿Qué ha sido lo más complicado de Las bandidas?

–El tema de los caballos. Fabiola es una mujer que monta caballo al derecho y al revés y hace carreras con sus hermanas. Y eso al principio nos costó mucho, aunque en la primera semana nos llevaron a una finca y cada una escogió el caballo con el que mejor se sentía.

En Pasión de gavilanes también montó caballo, como que está destinada a trabajar con ellos…

–¿Y sabes qué? ¡Me gusta! Me parece súper chévere. Son animales increíbles. Y aquí hay unos hermosos. El de Daniela Bascopé es una yegua albina, tiene los ojos azules y el pelaje blanco. Es como un caballo de la Barbie (risas).

¿Qué proyectos tiene para después de Las bandidas?

–Me hicieron una propuesta muy interesante en México, aunque todavía no se ha definido nada. En Colombia, gracias a Dios, siempre hay mucho trabajo y muchas cosas interesantes. ¡Ah! Y voy a estar en Colombia Moda con ALD.