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Amolado en Tokio

Wolverine afila en Japón las garras

Wolverine afila en Japón las garras

La segunda película de Wolverine como lobo solitario se muda a Asia y hace un guiño de ojo rasgado a la elegancia coreográfica del cine de Hong Kong

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El silbato del amolador suena en las calles de Tokio. Wolverine, de lejos el más carismático de la tribu mutante de los X-Men, con esa atractiva y poco afeitada rusticidad que ha sido domada en el resto de los animales urbanos, afila en Japón las garras de la indestructible aleación de adamantio y se adapta a las artes marciales de la Yakuza, la temida mafia del archipiélago asiático.

El resultado es formalmente bastante más elegante que X-Men: Wolverine (2009), la primera y no muy memorable aparición en solitario del lobezno estepario. The Wolverine es, dentro de la saturación que sufre el género y por lo menos antes de las escenas finales, una de las relativas sorpresas de la temporada de superhéroes vacacionales de 2013.

Hugh Jackman, el atractivo macho alfa que llegó de la lejana Australia para bailar en cuñas de té frío, cantar en Los miserables, animar eventualmente el Oscar y ser un exótico ejemplar de hombre al que le gusta el yoga (por desgracia para las occidentales, está muy monógamamente casado desde 1996 con su discreta paisana Deborra-LeeFurness), se unió como protagonista y productor con el realizador de Johnny y June: pasión y locura (2005), James Mangold, a quien conocía desde que lo dirigió en la comedia romántica Kate y Leopold (2001).

La película se basa en la serie limitada de libros de historietas del reputado dibujante Frank Miller, publicada a partir de 1982, sobre las aventuras en Japón de Wolverine, mutante dotado del poder de la regeneración permanente de sus heridas y, por tanto, de una inmortalidad no tan placentera como se supondría. El personaje lobuno, al que en cristiano llaman Logan, apareció por primera vez en las páginas de la editorial Marvel en 1974, como una trama secundaria de Hulk, el Hombre Increíble.  

The Wolverine es tributaria del estilo coreográfico del cine de acción de Hong Kong y sorprende porque, por lo menos en el desarrollo inicial, ofrece más reflexiones filosóficas sobre la inmortalidad que efectos especiales rimbombantes. La modelo japonesa Tao Okamoto hace de Mariko (sin relación con los insultos del diputado Pedro Carreño), interés romántico asiático del hombre de las manos de navaja, cuya prolongada edad lo convierte en, entre otras cosas, testigo presencial de la explosión atómica de Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial.

Como en todo filme de superhéroes que se precie, Wolverine es llevado a los extremos físicos y psicológicos de su condición. Su amor más tormentoso, Jean Grey, se le aparece en visiones. Pierde su poder de regeneración y se desangra. Dos enemigos, el Samurái de Plata y Viper (una mutante rusa de lengua ciertamente viperina), pondrán a prueba la premisa de que las garras de Hugh Jackman son como los cuchillos japoneses de cocina de las cuñas de telemercadeo. ¿Sobrevivirá? Es bastante probable, porque en mayo de 2014 llega una nueva entrega de los X-Men en cambote: Los días del pasado futuro.       


The Wolverine

Fantasía. Estados Unidos, 2013

Director: James Mangold

Reparto: Hugh Jackman, Tao Okamoto, Hiroyuki Sanada

Desde mañana en cines (también en 3D)