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Los Amigos Invisibles viajaron en el tiempo

Los conciertos, cada uno dedicado a un par de discos de su catálogo, tuvieron a la mexicana y a la euforia del público como denominador común

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El viaje que comenzó el martes pasadas las 8:00 pm culminó en la madrugada del jueves, a la 1:30 am, en el mismo lugar: la sala de conciertos del Centro Cultural BOD-Corp Banca. Los Amigos Invisibles, una banda experta en agitar audiencias en directo, se metió en una máquina del tiempo para transportarse a capítulos de su propia historia.

Antes de la primera cita, agotada por un vuelo de tres escalas pero feliz de estar en Venezuela, llegó la diminuta y encantadora Natalia Lafourcade, a quien más tarde el guitarrista José Luis Pardo presentaría como “un souvenir que nos trajimos de México”. La cantante apareció como una más, sin un ápice de divismo, sin escoltas ni un equipo de producción.

“Cancelé otros compromisos y me peleé con un montón de gente”, dijo, y probó sus canciones con guitarra y ukulele, acompañada por Pardo. “Yo soy una fan de Los Amigos Invisibles. Estuve todo el año tratando de venir a Venezuela y casi me decido a venir sola a tocar en sitios con mi guitarra. Pero se dio esta maravillosa coincidencia. No podría ser de mejor forma”, dijo en camerinos, justo antes de salir al escenario, mientras sus colegas venezolanos le servían tragos y la abrigaban y cuidaban como a una hermana menor.

“Para mí es perfecto, además, porque quiero mostrar algo de mi nuevo disco”, confesó. Se trata de Mujer divina, un álbum tributo a Agustín Lara. De ese, cantó “María Bonita”, “Aventurera” y “La fugitiva”, que grabó con Kevin Johansen. Pero complació al público cuando abordó temas suyos como “Casa”, “Un pato” y “Cursis melodías”. Lafourcade salió para el cierre en los tres espectáculos e interpretó “Viviré para ti”, la canción que la unió con los venezolanos.

Cada show de Los Amigos Invisibles es como una terapia que sus compatriotas necesitan cada cierto tiempo. Pero esta vez el sexteto hizo un experimento, que para su ejecución requirió de mucho ensayo y, algunas veces, de que los músicos revisaran el material como si nunca lo hubieran tocado. Algunas canciones no habían sido interpretadas en 5, 10 o 15 años.

El primer concierto fue nostálgico. Julio Briceño, el frontman, que confesó estar nervioso antes de comenzar, bromeaba: “Pasan por mi cabeza todas las novias”. Junto con Pardo, contaba la raíz de las canciones de A Typical and Autoctonal Venezuelan Dance Band (1995) y The New Sound of the Venezuelan Gozadera (1998), dos álbumes que presentaron concentraciones mayores de acid jazz y envenenados solos de guitarra. Armando Figueredo sonreía desde los teclados, Juan Manuel Roura desde la batería, Mauricio Arcas desde la percusión y José Rafael Torres se movía con su bajo.  

Del primero rescataron hits como “Dialecto divino”, “Dime” y “Nada qué decir” y rarezas como “Pelusa”, “En el cielo o en tu boca” y “Acid jazz de las mujeres locas”. Del segundo, obviamente tocaron “Sexy”, “Disco anal” y “Ponerte en cuatro”, pero mostraron las instrumentales “Cha-chaborro”, “Mango cool” y “Las lycras del Ávila”, sin dejar de lado piezas como “Mi linda”, “Groupie” y “Cachete a cachete”. 

Al día siguiente se pasearon por Arepa 3000: A Venezuelan Journey Into Space (2000). Así como tocaron los clásicos “Cuchi cuchi” y “La vecina”, volvieron a otras como “Piazo e’ perra”. Y hurgaron en The Venezuelan Zinga Son Vol. 1 (2002), al que pertenecen éxitos como la salsa “Esto es lo que hay” y el bossa “Playa azul”. 

El tercer capítulo comenzó a las 11:15 pm del miércoles e incluyó rarezas de Super Pop Venezuela (2005) como “San Agustín”, que es un tributo a Vytas Brenner, y de Commercial (2009), como “Es la verdad”. Todo sumado a los hits y los momentos de descarga y gozadera. Pero además de recorrer sus seis álbumes, Los Amigos Invisibles aprovecharon para viajar al futuro y llevarse al público con ellos. Temas como “Sex Appeal”, “Hopeless Romance”, “La que me gusta” y “Corazón Tatoo” son abrebocas de lo que vendrá el 15 de marzo de 2013.