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Álvaro Sotillo promueve la calidad en la masificación del libro

Álvaro Sotillo | Ernesto Morgado

Álvaro Sotillo | Ernesto Morgado

Dice que no se trata de anteponer la estética al contenido, sino de crear tramas donde se complementen

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Las manos gruesas de Álvaro Sotillo acompañan con puntualidad cada una de sus palabras. Sus ojos acuciosos no se distraen al formular los pensamientos que su boca transmite y, aunque no le gustan las entrevistas, pone atención a qué le preguntan y responde con sinceridad: le toca conceder ésta, pues el Festival de la Lectura Chacao le dedicó su quinta edición.

“Me interesa explorar hasta dónde uno puede hacer más complejas las soluciones del diseño editorial, tramando los contenidos con los recursos gráficos y creando una imagen de múltiples niveles de información, donde una cosa conduce a la otra”, explica el miembro de la Alianza Gráfica Internacional y creador del Laboratorio de Tipografía de Caracas y el estudio de diseño Visión Alternativa.

Y es en la amalgama que se crea entre sus diseños y lo escrito en las publicaciones donde se halla la clave que distingue sus más de 40 años de trayectoria profesional. Por eso, el currículum de Sotillo incluye una seguidilla de galardones en concursos internacionales. En Alemania, por ejemplo, le han otorgado tres Letras de Oro (en 1985, 1999 y 2008), el máximo reconocimiento del certamen Los Libros Más Bellos del Mundo, que organiza la Stiftung Buchkunst. En 2005, ese mismo país le entregó el Premio Gutenberg de la Ciudad de Leipzig.

–Al hablar de sus inicios en el diseño editorial, dijo que su vocación nació de su “encantamiento por los libros”. ¿De dónde surgió ese hechizo?

–Lo que llamo mi encantamiento con las publicaciones viene de pensar en cómo es posible que el hombre, con un gesto de ingeniería tan sencillo como es el libro, sea capaz de crear un artefacto cuyas fronteras desconocemos todavía. Cuando alguien dice que leyó una buena obra, automáticamente se refiere al contenido, porque el diseño dentro del objeto es tan natural que es como el oxígeno: sólo lo sentimos cuando hace falta. El libro es un objeto sofisticado, pero está dentro de nuestra vida de una manera tan natural que queda anulado por la cotidianidad.

–¿Qué papel juega el diseño editorial en la experiencia del lector?

–Las buenas soluciones de diseño se agradecen, pero son invisibles para el usuario. No se trata de anteponer la estética del diseño a la importancia del contenido. Nuestra necesidad de fondo está por encima de la eficiencia del diseño. Ahora, cuando esas dos cosas se unen, entonces debemos celebrarlo.

–¿Qué falta por hacer en el área del diseño editorial?

–Hay dos líneas en este trabajo. Una está representada por el libro de bolsillo, que tiene contenidos lineales y que normalmente pasa por un proceso de estandarización de las decisiones de diseño con el objetivo de ganar tiempo para producir más. La otra línea –que es donde se mueve mi equipo– es la particularización de las respuestas de diseño, una vez que uno analiza libros de contenidos complejos. No estoy muy seguro de lo que falta, porque creo que tenemos muy buenas escuelas de diseño, pero quizá es un buen momento para masificar la calidad de nuestras publicaciones. Esto pasa por tener consciencia de lo que son las soluciones tipográficas y las condiciones éticas, psicológicas y estéticas de la lectura.

–Comparado con otros países de Iberoamérica, ¿cómo ve el desarrollo del diseño editorial en Venezuela?

–Debemos diferenciar entre la masificación de la industria editorial y la calidad del producto. Somos deficientemente masificadores de libros y eficientemente productores de buen diseño editorial. Eso está reflejado en los concursos internacionales, en los que los extranjeros tienen gran interés por los libros diseñados en este país. Nos falta un poco de equilibro entre la calidad formal y la masificación para verdaderamente democratizar la lectura y la producción editorial.