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Se fue Álvaro Mutis, pero se quedó Maqroll el Gaviero

A pesar de que sus libros eran apliamente conocidos en Europa, mutis decía que en ese continente no había interés por la literatura latinoamericana | Foto: Vasco Szinetar

A pesar de que sus libros eran apliamente conocidos en Europa, mutis decía que en ese continente no había interés por la literatura latinoamericana | Foto: Vasco Szinetar

Murió a los 90 años de edad de una neumonía el hombre que se consideraba “un servidor de la poesía” 

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Octavio Paz llamó a Álvaro Mutis un poeta de la estirpe más rara en español, porque su castellano era “rico sin ostentación y sin despilfarro” y porque sus versos tenían la “necesidad de decirlo todo y conciencia de que nada se dice”. Su relación con la palabra, que iba del amor al odio y a la desesperación, signó su obra literaria porque no entendía cómo aquel mismo código que se usaba para hacer transacciones comerciales, dar malas noticias o insultar a otros, podía usarse también para la experiencia lírica.

Con la misma mesura con la que usaba el lenguaje pasó su existencia y ocurrió su muerte: sin aspavientos. “La vida sufrida a sorbos; amargos tragos que lastiman hondamente, nos toma de nuevo por sorpresa”, escribió el autor de La balanza (1948) y Los elementos del desastre (1953) en su poema “El miedo”. Sin embargo, ayer fueron sus lectores quienes se sorprendieron con su deceso ocurrido en México, un mes después de que el autor cumplió 90 años de edad.

Los médicos dicen que murió de un problema cardiorrespiratorio, pero sus lectores tienen la esperanza de que se transmute en su álter ego literario: Maqroll el Gaviero, protagonista de casi una decena de novelas como La nieve del almirante (1986), Ilona llega con la lluvia (1988) y Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero (1993). Porque fue con Maqroll que Mutis se convirtió en ciudadano fundamental de la patria de las letras como, según Mario Benedetti, hizo Gabriel García Márquez con Macondo, Juan Carlos Onetti con Santa María y Juan Rulfo con Comala: “Maqroll es también una región de lo imaginario, aunque creada mediante un habilísimo montaje de pequeñas y grandes realidades”.

En una reseña de 1991, Valentina Marulanda describió a Maqroll como el “sobreviviente de todos los desastres, transhumante y perenne exiliado, damnificado eterno, siempre a punto de perderlo todo, fracasado en las empresas que lo involucra el azar, sobrevive también a la muerte”. Y leer esto ahora formula el deseo de que todos los escritores fueran Maqroll, porque entonces el poeta estaría vivo. Y Marulanda también.

Letras entre Europa y América. Desde sus primeros escritos, la obra del autor nacido en Bogotá en 1923 estuvo marcada por el desasosiego de los tiempos que corren y que criticó duramente. Ya a los 19 años de edad, cuando publicó uno de sus primeros poemas en el diario colombiano El Espectador, sus preocupaciones rondaban la desesperanza y la desconfianza en el género humano. “Jamás en su vida sobre la Tierra el hombre ha vivido más solo, más aislado de sus semejantes, más vejado por sus propios inventos, destinados a borrar en él hasta el último rasgo de humanidad”, dijo en Madrid en octubre de 2007, cuando inauguró el festival VivAmérica.

Mutis, que era amigo de García Márquez, rechazaba la existencia del boom literario latinoamericano. “Es una invención nuestra”, decía. Pensaba que Europa no estaba interesada especialmente en los libros de autores nacidos en el Nuevo Mundo y señalaba que la obsesión por discutir al respecto era de los suramericanos. "Ese vivir siempre pensando en otros continentes y esa dependencia de lo que digan de nosotros en otras partes", como dijo a El Nacional cuando visitó Venezuela en 1992.

Ese mismo año, señaló entonces la revista colombiana Semana, la Academia Sueca pidió sus recaudos y parecía que su nombre se barajaba entre los candidatos para el Nobel de Literatura, que entonces le tocó a otro poeta: Derek Walcott. En 1991 y en 1993, el autor fue finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos. Primero concursó con Amirbar,  pero el galardón finalmente se lo llevó Arturo Uslar Pietri por La visita en el tiempo. En la edición siguiente clasificó con Abdul Bashur, soñador de navíos, pero ganó Mempo Giardinelli con Santo oficio de la memoria. Pero Mutis recibió varios reconocimientos, entre los que están los premios Cervantes (2001), el Príncipe de Asturias de las Letras, el Reina Sofía de Poesía (1997), el Nacional de las Letras de Colombia (1974) y el Xavier Villaurrutia de México (1988).