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Álvaro Bustillos visita el cálido telar de Juan Félix Sánchez

Juan Félix Sánchez. Del telar a la gráfica | Foto: Alexandra Blanco

Juan Félix Sánchez. Del telar a la gráfica | Foto: Alexandra Blanco

El artista reinterpreta el diseño de los tejidos del maestro merideño desde las artes gráficas

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Junto con el grito, hacer cosas es la forma de oración más antigua que tiene el hombre. Con el grito y con las cosas, como con la escritura desde que existe, quiere el hombre poner un límite entre su frágil existencia y la fuerza avasallante de la vida. Delante de un tigre, en una selva, el hombre reza. Después, si puede, corre y se encarama. En 1941, tras la muerte de su madre, Juan Félix Sánchez se mudó a El Tisure, un pueblo lejano en los páramos de Mérida. Se fue allá para “hacer oración”, según sus propias palabras, y allí mismo años más tarde construyó una capilla de piedra. Con sus propias manos.

En 1868 el mundo se conmovió cuando un cazador informó de la existencia de las cuevas de Altamira, al norte de España. Las pinturas que se encontraron allí dentro, sobre la piedra, reconfirmaron que el hombre crea por lo menos desde el Paleolítico, es decir, desde tiempos inmemoriales. Un asombro parecido estremece cuando se ve la capilla de Juan Félix Sánchez. Entonces se lo llama sabio, místico, visionario, cuando acaso haya sido simplemente, antes que todo eso, un hombre que hacía cosas para acompañarse contra el tiempo.

¿Suena complicado? Es lo que sucede cuando se intenta interpretar lo que está a la vista y no exige nada excepto contemplación. Juan Félix Sánchez aseguraba ser una persona “sin aspiración de nada”. Una vez dijo que sólo quería “dejar un recuerdo”, y remató con dos de las palabras que más cuesta poner juntas: “No sé”. Al borde de ese “no sé”, que es la frontera que impone el misterio del mundo a toda pretensión de conocimiento humano, está la obra de Sánchez. Además de la capilla ella incluye esculturas y muebles. Y también tejidos.

Son estos últimos, precisamente, los que son noticia hoy. Y lo son porque la Sala TAC del Trasnocho Cultural, en Paseo Las Mercedes, Caracas, inauguró la exposición Juan Félix Sánchez. Del telar a la gráfica, que tiene como fecha de clausura el 31 de marzo de este año. Se trata de una gema engastada en medio de la fealdad nacional rampante, una joya museológica y museográfica: concepto claro y montaje impecable, que debe su existencia a la diligencia de Maitena de Elguezabal y Rafael Santana.

Álvaro Bustillos, curador y diseñador de la exposición, es además su segundo protagonista, luego del maestro Sánchez, fallecido en 1997. La muestra consiste en la presentación del trabajo gráfico que llevó a cabo Bustillos, un artista de hoy, a partir de los diseños de las cobijas que tejió en su día el artista merideño. ¿En qué consistió ese “trabajo gráfico”? Advertido por sí mismo de que de los diseños de las cobijas de Juan Félix Sánchez podían desprenderse patrones –abstracción de raza–, Bustillos emprendió su extracción y los trasladó, primero, a láminas de acetato y, después, a serigrafías en color. Difícil decir cuál resultado es más bello. Junto con las 10 ruanas originales –cuya concepción, material y acabado hubieran admirado al propio Saint Laurent–, en la Sala TAC se exhiben 28 de esas reinterpretaciones llevadas a cabo por Bustillos. Pero ¿no es toda obra, de una u otra manera, una reinterpretación, una lectura de algo previamente visto? Los acetatos y las serigrafías de Bustillos son, pues, obras y valen en cuanto tales.

El artista resume así su trabajo: “Yo quería traer los tejidos de Juan Félix Sánchez a la contemporaneidad, ofrecer de ellos una lectura acorde con este tiempo. Y verlo a él, esta vez no como artesano, como naif, sino como artista, con toda su intensidad”.

Además de lo dicho, la exposición presenta fotos de Eva Schmeichler y de Charles Brewer-Carías. Soberbio el blanco y negro de Schmeichler. Evocador el rostro del maestro de Mérida en los retratos de Brewer-Carías.

Con Juan Félix Sánchez. Del telar a la gráfica, la Sala TAC instaló en Caracas la capilla de El Tisure. Muy pocos rezan hoy en día. Pero al menos hay un lugar donde resguardarse. No es poco.