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Álvaro Benavides muestra su ficción en cápsulas

Benavides La Grecca escribió muchos de los relatos luego de levantarse por las noches | FOTO WILLIAMS MARRERO

Benavides La Grecca escribió muchos de los relatos luego de levantarse por las noches | FOTO WILLIAMS MARRERO

El comunicador social presentó su segundo libro, en el que reúne 60 relatos cortos que versan sobre de la cotidianidad

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“Llegué tarde. Ella no está”. Ese es el relato más corto contenido en Sus últimas palabras, un libro de microcuentos con el que Álvaro Benavides La Grecca, consiguió el pasaporte hacia la ficción.

El periodista había publicado Comunicación persuasiva en 2011, obra en la que abordaba el tema de la gestión empresarial. Fue editado por Los Libros de El Nacional. En esta oportunidad con Fundavag Ediciones presentó un libro que reúne 60 relatos, con los que el escritor buscó hacer un ejercicio de síntesis. “Muchos de estos cuentos eran más elaborados, contaban con personajes y descripciones. El reto que me planteé fue hallar la manera de decir lo mismo con menos recursos, sin dar tantos detalles”, cuenta Benavides La Grecca, quien pretende hacer del lector un sujeto activo dentro de su literatura. “Yo necesitaba que el relato no lo hiciera yo, sino el que lo leyera. Yo pongo una semilla que da frutos en la mente del lector. Cada quien tiene diferentes versiones, y eso es lo maravilloso de esto, pues el ciclo de la escritura se completa cuando alguien lee lo que uno escribe”.

Benavides La Grecca decidió incursionar en la ficción luego de una grata experiencia. “Durante un tiempo he escrito cuentos sin rigor, algunos han publicado en Papel Literario. Me inspiré luego de que salió el relato ‘Un gran tipo’, que era una interpretación absurda de la vida. Fue bien recibido por los colegas y eso me estimuló”.

Benavides La Grecca no puede determinar en cuánto tiempo concibió su obra. Le gusta refugiarse en la soledad para escribir de madrugada, momento en el que se sienta a teclear en su computadora. “Hubo una etapa frenética en la que me paraba en la noche a anotar algún cuento que se me había ocurrido”. En el proceso también se involucró su esposa, con la que interpretaba de manera lúdica los roles de los personajes tácitos en los relatos.