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Almas desquiciadas se consumen en las consecuencias de su caos familiar

En El matrimonio de Bette y Boo los personajes conviven con la locura y la muerte | Foto: William Dumont

En El matrimonio de Bette y Boo los personajes conviven con la locura y la muerte | Foto: William Dumont

El GA 80 reestrena la obra El matrimonio de Bette y Boo, que cuestiona instituciones como la Iglesia

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¡Dios bendiga a todos!, exclaman los personajes como vaticinando el caos. Se escucha de fondo la música del compositor Jacky Schreiber. En el ambiente, se agitan los desquiciados integrantes de dos familias que están unidas por la relación de sus hijos. Ellos existen entre obsesiones, el consentimiento de irrespetos, afectos cínicos y diálogos hirientes en El matrimonio de Bette y Boo, obra del dramaturgo estadounidense Christopher Durang que el Grupo Actoral 80 trae de nuevo a los escenarios. El montaje se presentará desde hoy en el Trasnocho Cultural y estará en cartelera hasta el 9 de diciembre.

Ganadora del Premio Municipal como Mejor Producción 1995-1996 y Mejor Actor de Reparto para Alejo Felipe, la pieza es una comedia negra que cuestiona instituciones como la Iglesia, la familia y el matrimonio. El reestreno mantiene la escenografía y el vestuario originales del argentino Marcelo Pont-Vergés –director de arte del filme El secreto de sus ojos– así como parte del elenco: Martha Estrada, Iris Dubs, Omaira Abinadé y Jorge Canelón, a quienes se suman Samantha Castillo, Melissa Wolf, Juan Vicente Pérez, Jesús Cova y Wadih Hadaya.

Como en 1995, Héctor Manrique repite como director de la pieza. “La obra es una locura y me gusta mucho porque tiene excelentes personajes, que son retadores para el actor y nos pueden dar satisfacción si logran conectar con el espectador. Esa irreverencia y el cuestionamiento son como un pellizco en las nalgas. La experiencia de hace 17 años me dejó la dulzura que suelen tener los éxitos. Fue mi primera dirección y me hizo redescubrir la fe en el oficio. Creo que en todo lo que haga va a haber algo de El matrimonio de Bette y Boo”.

Seres neuróticos. Corren los años cincuenta. A Bette le gustan Blancanieves y sus siete enanos, pero sobre todo Bambi, nombre con el que llama cariñosamente a su único hijo, Matt. Ella es infantil y está obsesionada con una familia numerosa, porque así lo establece la religión, pero su tipo de sangre se lo impide. Tras un breve noviazgo se casó con Boo, un ser débil y confundido, descendiente de un hombre alcohólico y burlón que ofende constantemente a su esposa Switche, experta en evadir la realidad.

Sobre un escenario minimalista, con un fondo de montaña y abismo, la familia de Bette es también particular. Su madre desea a toda costa mantener a sus hijos cerca y está casada con un hombre que escupe un dialecto irreconocible, metáfora de la incomunicación en la pareja. Tiene otras dos hijas, una amargada e infeliz y otra para quien la culpa es motivo de vida. “No sé qué otra cosa hacer salvo pedir perdón”, dice.

La historia avanza y retrocede en el tiempo, narrada por Matt. Intervienen también un médico con aires de rastafari y un extravagante cura para quien el café y la tocineta son cosas fundamentales en un matrimonio. Sus diálogos no contienen respuestas. “No quiero que la gente salga directo a un abogado para divorciarse, pero sí que se interrogue. Las rebeliones interiores pueden llevarnos a rebeliones públicas que no nos harían nada mal”, concluye Manrique sobre la obra, que a partir de enero se presentará en el Centro Cultural BOD-Corp Banca.

El matrimonio de Bette y Boo
Teatro Trasnocho, Trasnocho Cultural, Paseo Las Mercedes
Funciones: viernes y sábado, 10:00 pm; domingo, 8:00 pm
Entrada: 140 bolívares