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Alirio Palacios mostrará las obras que integraron su primera individual

El artista presenta una serie de grabados y bocetos que permanecieron extraviados durante 49 años

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Alirio Palacios aún conserva la maleta marrón con la que viajó a China por primera vez en 1961. Está gastada. El tiempo ha hecho mella en ella. Sin embargo, los papeles que contiene están intactos. Se los trajo al país en 1966, cuando finalizó el periplo de cinco años durante el cual estudió grabado, sembró arroz, se familiarizó con la llamada Revolución Cultural de Mao Tse-tung y cambió su filosofía de vida. "Me tocó vivir comunismo del bueno", bromea mientras comparte un guayoyo con los visitantes que recibe en su taller, que está ubicado en Carrizal, estado Miranda.

A los 75 años de edad, el artista aún mantiene la maleta al alcance de la mano, pues ésta simboliza un período determinante tanto en su obra como en su vida.

Es por ello que el hallazgo de una serie de grabados y dibujos que creó en esa época, y que había dado por perdidos, le ha resultado tan satisfactorio. Se trata de un conjunto de piezas de sus años de estudiante. Las vio por última vez en 1964, cuando las expuso en el hotel Hilton de Hong Kong, en la que fue la primera individual de su vida, organizada por la Asociación de Artistas de Pekín. Allí se extraviaron, en el proceso de inestabilidad política que se vivía entonces.

Las gráficas y bocetos volvieron a sus manos recientemente. Han transcurrido casi 50 años y están intactas, dice. Crear una obra que trascienda épocas siempre fue una de sus principales preocupaciones. "A diferencia de Armando Reverón, que pintó sobre todo tipo de superficies, hasta coletos, yo nunca usé materiales malos. Ahora su obra se está perdiendo, se la come el tiempo", indica mientras muestra una de las obras de este conjunto que serán expuestas a partir de mañana en la exhibición La huella de Pekín.

Palacios cuenta que las piezas llegaron a sus manos por casualidad. "Me las trajo el galerista Nicola Bianchi, que está organizando la exposición. Son obras que no estaban hechas para ser vendidas. Eran muy mías. Las hice pensando en mis estudios, en mis profesores", señala.

Entre los trabajos destacan varias xilografías en papel y madera. Todos tienen una estética oriental lograda a través del uso limitado del color, un efecto que se repite en bocetos elaborados con pigmentos chinos. "Lo bueno que tienen estas obras es la técnica, ese tipo de grabado hecho a mano y a base de agua que casi no se ve en el continente americano. El grabado occidental es duro, hecho con aceite. Los chinos tienen otra sensibilidad y además llevan más de 5.000 años trabajando en piedra y en madera".

La libertad del caballo

Las primeras experiencias de Palacios con el grabado fueron en los años cincuenta, en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas, de la mano de Luis Guevara Moreno. Allí comenzó a interesarse por la gráfica. Luego transitó como estudiante de pintura por Italia y como aprendiz de escenografía por Hungría. Después de vivir un quinquenio en China, residió en Polonia, Alemania, Suiza y Estados Unidos. Sin embargo, ello no significa que su obra no esté profundamente enlazada con su lugar de origen: Volcán, en el Delta del Orinoco, y con el país en general. Así lo prueban piezas como Pájaro y Diablo danzante, que forman parte de la serie de creaciones halladas recientemente.

El caballo, el tema que más ha trabajado como grabadista, pintor y escultor, comenzó a aparecer en su propuesta mientras estuvo en China. "Diría que para el momento de esa primera exposición en Hong Kong todavía no había caballo, sino más bien una insinuación", expresa mientras muestra la figura de un cuadrúpedo con cara de pájaro a la que califica de "mancha interesante".

En la serie que se expondrá en la galería Utopía 19 figura lo que Palacios define como dibujos espirituales, también retratos de personajes con los que el artista se topó en la cotidianidad de esos años. "Estas son obras muy libres, unas cabezas de pájaros que parecen caballos, pero no lo son. Son formas muy mías", dice.

Actualmente el artista trabaja en una serie de ensamblajes de equinos monumentales, elaborados en metal y otros materiales, que expondrá a mediados de año en Caracas. "Da la impresión de que siempre he creado caballos, pero comencé a interesarme por ellos después de los años sesenta, cuando me dediqué a estudiar los que pertenecieron a la dinastía Tang".

Fue así que comenzó a investigarlos, a llevarlos al formato de metro y medio. Ahora también los transforma en escultura. "La libertad del caballo me venció, se metió en mi alma y hasta hoy vive allí", afirma.