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Alirio Palacios galopa hacia su último viaje

El artista Alirio Palacios / Manuel Sardá/El Nacional

El artista Alirio Palacios / Manuel Sardá/El Nacional

El dibujo, el grabado y la escultura se nutrieron del ingenio del maestro que deja un legado importante para la cultura. “Espero dibujar hasta la muerte”, expresó en su última entrevista para El Nacional

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Los latidos del corazón de Alirio Palacios acumulaban millas viajeras. En China, Polonia, Suiza, Holanda, Alemania, París, Estados Unidos y en muchas otras naciones se nutrió de los símbolos que fueron su inspiración: la fuerza de los caballos, la belleza del perfil de las mujeres y la amplitud de los paisajes que adquirieron nuevas formas de la mano del artista. Su vida empezó a trazarse desde 1938 en Tucupita, Delta Amacuro. 77 años transcurrieron hasta que se concluyó la obra que representó su propia existencia. El maestro falleció el viernes en horas de la noche, luego de que su salud se vio comprometida después de una intervención quirúrgica en la que le colocarían un marcapasos.

“Espero dibujar hasta la muerte”, dijo el año pasado, a propósito de Manchas del asombro II, su última individual en Caracas a cuya inauguración llegó en silla de ruedas. Su ingenio ocupó los tres niveles de la Galería de Arte Ascaso con los temas que lo han maravillado desde siempre.

“Papel, papel, papel. El dibujo para mí lo es todo. Ya comencé a trabajar otra vez. Será una exposición que montaré en Miami el año que viene. Mi palabra final será el dibujo”, expresó el artista en la última entrevista que concedió a El Nacional.

En 1954 empezó a estudiar en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas en Caracas. Apenas terminó su carrera se convirtió en un artista cosmopolita que siempre volvía a sus raíces.

En 1959 viajó a Europa para representar a Venezuela en el VII Festival de la Juventud de Viena. Se radicó un tiempo en Italia y Hungría antes de mudarse a China, donde estudió grabado en la Universidad de Bellas Artes en Pekín.

Su siguiente parada fue Polonia, donde aprendió la técnica del grabado sobre metal y litografía en la Universidad de Varsovia. Más tarde hizo una pasantía en los talleres de la Academia de Arte de Berlín Occidental, en Alemania.

En 1985 se radicó en Nueva York, ciudad en la que permaneció durante 20 años, y en la que fue nombrado asesor cultural del Consulado de Venezuela en esa ciudad. Allí instaló su taller en el Soho.

También realizó distintos viajes de investigación. En Nepal y la India estuvo junto a los escultores del Templo Khajuraho. En Indonesia estudió las piezas talladas del gran templo de Brorobudur, al igual que en Egipto con el gran Museo de Esculturas en Piedra.  

Sus colecciones están distribuidas entre Shangai, Pekín, La Habana, Ginebra, Brasilia, Madrid, Ciudad de México, Managua, Varsovia y Edimburgo. En Venezuela se pueden encontrar en el Ateneo de Valencia, la Galería de Arte Nacional, Museo de Bellas Artes, así como en ministerios y organizaciones privadas.

El galerista Nicomedes Febres explica la manera en que la humanidad del maestro Palacios influía sobre su obra. “Antes que ser uno de los grandes dibujantes del país, Alirio era una excelente persona. Fue uno de los altos representantes del realismo social o mágico en Venezuela, vinculado a los conceptos de lo telúrico lo que es compatible con su lugar de origen, pues él viene de los caños del Orinoco. Ese impacto de la naturaleza se refleja en su obra, pues vivió en medio del calor de esas emanaciones de agua. Tuvo una carrera con mucho logro. Él se sentía un poco triste porque la moda abstracta había marginado a la figuración”.

Felix Suazo, crítico de arte, hace un balance de las principales contribuciones del artista plástico. “El aporte nuclear del maestro Alirio Palacios fue el dibujo, en el momento en el que tenía una significación muy importante a finales de los sesenta. Fue su propuesta más consistente. Las fases siguientes fueron derivaciones muy sólidas en el manejo de la línea, el claro oscuro, en la definición de la imagen. Cuando desarrolló su investigación en dibujo existía un impulso de la figuración humana, que coincidía con un proceso de reflexión de la idea del hombre que afronta momentos difíciles. Esa fuerza de lo gráfico prevalece en toda su obra”.

María Luz Cárdenas, crítico de arte, destaca también la calidad de Palacios como docente. “Él formó a muchos artistas de toda una generación en la Escuela Técnica de Artes Visuales Cristóbal Rojas y en el Instituto de Diseño Neumann. Todos los alumnos que pasaron por allí en la década de los setenta transmiten esos conocimientos, son excelentes. En un momento en que triunfaba la abstracción, Alirio incursionó en la figuración de manera sutil con su trabajo de capa por capa. En las artes gráficas innovó en técnicas. La colección gráfica de los museos es extraordinaria. Es una pérdida lamentable”.

 

 

 

 

 

 

TESTIMONIOS

 

Bélgica Rodríguez

Curadora

Caballos: escultura y grandes papeles fue la última exposición en la que trabajamos juntos. Yo fui su curadora y le hice el catálogo. Fuimos amigos, lo admiré mucho, tanto personal como profesionalmente desde los años sesenta cuando entré al Ateneo de Caracas. Se nos fue muy joven. Uno de los principales aportes fue en el campo de la obra gráfica sobre papel, que contribuyó al boom del dibujo en los 80. También realizó una importante investigación en la exploración de materiales en sus collages. En lo personal era muy simpático y generoso”.

 

Zilah Rojas

Alumna

“Alirio fue mi maestro en el Instituto de Diseño Neumann. Desde ese momento se convirtió en un gran guía para mí. Desde 2003 trabajé como su diseñadora de catálogos. A pesar de que se le conoce como pintor, pienso que uno de sus mayores aportes fue en el grabado. Más allá de la técnica artística, lo más grande que nos enseñó fue la humildad; era un hombre  extremadamente bondadoso, sin egoísmo por compartir sus conocimientos. Alirio y el río infinito fue el libro que le dediqué como un homenaje en el que también participaron Mariano Pineda y Carmen Salvador”.

 

Josefina Núñez

Curadora

“En Xilografías y Concretografías (1999) era la primera vez que después de muchos años mostraba su quehacer con las técnicas del grabado chino.

En 2006 Alirio me llama para curar Caballos, la primera muestra de su escultura. Esta experiencia significó mucho aprendizaje sobre su reverencia hacia casi todas las cosas, aunque en apariencia poco lo demostraba. En paralelo coordiné el libro que compendió su obra, escrito por Eugenio Montejo, su amigo. Alirio nos lega una pasión incansable por el trabajo. Su memoria encarna el caballo guerrero que recorrió toda su existencia”.

 

 

Felipe Herrera

Artista Plástico

“Sería un cuento muy largo de hablar todo lo que nos aportó el maestro Alirio. Su muerte nos deja un grabado en el alma. En lo académico me permitió la reafirmación de mi lenguaje. Él perteneció a la casta de personas necesarias para consolidar esa memoria de la que carecemos como sociedad. Muchas veces somos arrastrados por las modas. Alirio era de esos maestros que  defendía el papel, cosa de lo que muchos coleccionistas no tiene conciencia. Durante muchas conversas y viajes en los que coincidimos hablábamos de esas cosas. Era un hombre muy profundo y denso”.

 

Antonio Ascaso

Galerista

“Tengo una profunda amistad con Alirio desde los noventa. Nuestra relación profesional dentro de la Galería de Arte Ascaso comenzó en 1997. Para él la escultura fue un experimento que le dio un nuevo aire a su obra porque viene del dibujo. Era una persona muy humilde y con un talento extraordinario. Profesaba un profundo amor por su país. Él decía que de acá no se iba a pesar de que estuvo mucho tiempo afuera. Quería producir acá por esos recuerdos que le dejaba su Delta natal. Además, muchos de los materiales que utilizaba eran naturales. Era un artista orgánico”.

 

 

Epígrafes

“Papel, papel, papel. El dibujo para mí lo es todo. Ya comencé a trabajar otra vez. Será una exposición que montaré en Miami el año que viene. Mi palabra final será el dibujo”

Alirio Palacios

artista plástico

 

“En un momento en que triunfaba la abstracción, Alirio incursionó en la figuración de manera sutil con su trabajo de capa por capa. En las artes gráficas innovo en técnicas”

María Luz Cárdenas

Crítica de arte

 

Una carrera

premiada

A los 20 años de edad Alirio Palacios recibió su primer reconocimiento en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Caracas, lugar en el que empezó a perfilar su línea de investigación. Desde ese entonces se iría engrosando la lista con el Premio Arturo Michelena (1961), Primer Premio del Salón Aragua (1962), Primer Premio del Salón de Jóvenes Pintores (1965), Premio Roma del Salón Oficial Anual del Arte Venezolano (1967). Obtuvo el Premio Nacional de Artes Plásticas en Caracas (1978), Premio Andrés Pérez Mujica y el Premio Fundarte de Dibujo. En el año 2000 fue el artista homenajeado de la Feria Iberoamericana de Arte