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Alberto Rial: “La democracia es lenta porque necesita consensos”

Alberto Rial | Manuel Sardá

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Para el investigador, elchavismo no propone cambios en la sociedad venezolana, sino que acentúa suspeores rasgos colectivos

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La variable independiente: el rol de la idiosincrasia en el desarrollo de Venezuela explica que las creencias y valores de la sociedad son tanto o más importantes para comprender ciertas decisiones políticas y económicas de los venezolanos como otros factores coyunturales y más concretos del entorno. El ensayo del investigador e ingeniero Alberto Rial contextualiza la crisis nacional de las últimas tres décadas desde los estudios culturales y alude a la baja autoestima de los venezolanos como el mayor obstáculo para su desarrollo individual y grupal.

“Somos una sociedad externa –porque buscamos las causas de nuestros males en otros países, el pasado, el Gobierno o el clima– y una que, además, no difiere sus recompensas. Eso conforma el perfil de nuestra cultura dominante y, al preguntarnos qué tipo de sociedad construye una sociedad con ese perfil, nos damos cuenta de que construirá sistemas políticos y económicos que son centralistas, autoritarios, controladores y personalistas, para los que las relaciones son mucho más importantes que las estructuras”, indica Rial, antes de preguntarse cómo pueden individuos así construir instituciones sólidas y despersonalizadas, es decir, democráticas.

Democracia y crisis. Su trayectoria en la asesoría gerencial le permite al autor diagnosticar los problemas culturales de fondo de los venezolanos, sus limitaciones para acceder a una verdadera democracia y la necesidad de someternos a un profundo cambio cultural que asegure la articulación del país hacia el progreso y el bienestar social: “La democracia es lenta porque necesita consensos y negociaciones. Cuando urgen resultados rápidos uno se impacienta con el sistema. La democracia es abierta, tolerante y reparte información. Es también incierta, porque en ella participa mucha gente y a nosotros no nos gusta el riesgo. Preferimos comportamientos definidos y predecibles, como el del padre que manda y que uno acata”.

Rial explica que la revolución bolivariana no ha cambiado a la sociedad venezolana sino que ha acentuado sus peores rasgos colectivos. “Las carencias en la gestión de gobierno son las mismas, sólo que más evidentes y de mayor cuantía; la ineficiencia es mayor, la corrupción está mucho más extendida, las trampas en las elecciones son mucho más abiertas y el sectarismo mucho más cortante”, escribe al referirse a cómo estudios hechos desde 1974 hasta ahora señalan que en la cultura venezolana las necesidades de poder, logro y afiliación intentan satisfacerse a través de las taras del caudillismo, el machismo, la recompensa inmediata, la resistencia al cambio y el sectarismo.