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A corazón abierto | Archivo

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Ni la diferencia de edad ni la distancia geográfica de sus orígenes se interponen entre el talento de Juliette Binoche y Edgar Ramírez en A corazón abierto

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Una violenta transición cinematográfica entre un vientre que espera un bebé y una pared derribada por un martillo ilustra el contraste entre la sutileza femenina y un hombre que parece haber perdido el control de su pulsión erótica. Él es una mole de pelos y pecas. Ella, pura y mullida blancura. 13 años, además de los muchos kilómetros que hay entre sus natales París y San Cristóbal, separan en la vida real a Juliette Binoche y Edgar Ramírez, aunque la garra de ambos actores se apropia de un guión no demasiado consistente en A corazón abierto de la directora Marion Laine.

Ramírez interpreta a Javier Rulfo, un cirujano cardíaco de origen suramericano, en la película que sirve de anzuelo principal por la presencia del venezolano para el XXVII Festival de Cine Francés que se inaugura mañana. Binoche es Mila, su esposa y colega. Como suele ocurrir en la ficción, coinciden en la misma clínica en Marsella. La profesión de ambos, sin embargo, es anecdótica, más allá de las impactantes imágenes (ojo, espectador sensible) de arriesgadísimas intervenciones quirúrgicas en las que se expone indefenso y batiente el órgano al que erróneamente atribuimos la pasión y la emotividad. Pudieron haber sido mecánicos de taller. A corazón abierto sigue la secuencia del deterioro de un matrimonio que aparentemente exhalaba el desenfado de un noviazgo.

Javier bebe en exceso, una tendencia que probablemente ha heredado de sus padres y que en algún momento comienza a comprometer una carrera profesional en la que resulta fundamental la precisión de sus manos. Además, Mila queda en estado y sus intenciones iniciales son interrumpir el embarazo. La compleja personalidad de Javier nunca permite entrever del todo qué es exactamente lo que le irrita: ¿no haber conocido la noticia antes?, ¿que ella no desee tener el niño?, ¿o que el niño, en caso de que nazca, se interponga entre ambos?

Binoche y Ramírez son verosímiles en la intimidad. Su ocio improductivo de buhardilla, motocicleta y parque zoológico cerrado al público, es lo mejor de una A corazón abierto a la que le faltó una transfusión de trascendencia. La actriz francesa es una maestra del gesto pequeño y, a los 49 años de edad, se permite dar una cátedra incluso en aspectos como la manera en que dicta tendencias con su vestuario, por ejemplo, una chaquetica con capucha en color vinotinto extremadamente “cuchi”. Ramírez le pone discos de pasta con el bolero “Bésame mucho” y trata de que ella pronuncie la doble erre en frases en español como “Qué rico”.

En algún momento se insinúa que el cirujano Javier drenó sus impulsos violentos en el boxeo, deporte que el actor venezolano practica en la película que filma actualmente en Panamá, la biografía de Mano e’ Piedra Durán. Marion Laine, también actriz, dirigió antes una adaptación de Flaubert, Un Coeur Simple (2008). A corazón abierto se basa en una novela de Mathias Énard.

Entre las joyas del XXVII Festival de Cine Francés figuran Copia certificada (2010) del iraní Abbas Kiarostami, De óxido y hueso (2012) de Jacques Audiard y Potiche, mujeres al poder (2010) de François Ozon.


A corazón abierto

(À Coeur Ouvert)

Drama. Francia, 2012

Directora: Marion Laine

Reparto: Juliette Binoche, Edgar Ramírez

Desde mañana en el XXVII Festival de Cine Francés

Información y cartelera diaria:

www.grancine.net

www.cinefrances.net

www.ambafrance-ve.org

www.afvenezuela.org