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Ana Alicia Alba: “En el sexo aún soy una alumna”

Ana Alicia Alba | Alexandra Blanco

Ana Alicia Alba | Alexandra Blanco

“Tuve que preparar a mi mamá antes de decirle que haría un programa en el que se hablaría de orgasmos”, dice la periodista de Barinas, que cada vez se suelta más en placeres que para ella eran un tabú

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Es una llanera urbana. Ana Alicia Alba, que no es familia de la duquesa, aunque le gustaría (“a ver si me gano unos millones”, sonríe en un vestidito naranja que casi se evapora con el sol), nació en el hospital Luis Razetti de la ciudad de Barinas y, a los 16 años de edad, fue electa reina de la feria de la capital del estado. Vivaqueó en Caracas sin ningún contacto laboral, hasta que un profesor de su universidad, la Santa María, le hizo lobby para entrar en Venevisión, no como periodista sino como actriz.

El resto es historia. Al final, la comunicadora social sí entró en el noticiero del canal del tigrito y se apropió del segmento Vida y Salud. Desde el pasado 14 de junio conduce Sexo al Desnudo, que ha tenido números insólitos de sintonía los viernes a la medianoche, y que tuvo como última invitada a Diosa Canales.

“Mi mamá es una mujer muy religiosa, muy conservadora. Demasiado. La tuve que preparar. Cuando me dieron Sexo al Desnudo, le dije: ‘Mamá, mira, la primera emisión va a ser sobre los orgasmos. Yo te recomiendo que, si quieres, no lo veas. No me voy a poner brava’. Pero ha ido viendo el programa y lo disfruta. Agarra lo que le gusta. Aunque el de Diosa no creo que lo haya aguantado”, se escalofría.

—¿Se sabe “Linda Barinas”?

—Claro, la letra y los acordes. Yo toco cuatro. Muchas veces la canté en escenarios allá en mi estado. Me enorgullezco mucho de ser llanera y de comer de todo. Porque el caraqueño no come muchas cosas raras. A mi me fascina el chigüire, el hígado y el picadillo.

—¿Qué no sabía usted de sexo y se enteró en el programa?

—La gente ahora me dice que soy la profesora. En realidad soy una alumna. Aprendo de los especialistas. Muchas veces nos quedamos en lo básico: mujer, hombre, órganos genitales, se casan, tienen hijos. La gente lo que quiere es que alguien los guíe. Como una academia de inglés. Y eso es lo que hacemos en Sexo al Desnudo. Lo que siempre me impresiona, de verdad, es la cantidad de jugueticos que hay. He ido a sex shops donde te explican todos los detalles: dónde entra, dónde sale, dónde se prende, que si ilumina en la noche o tiene no sé cuantas vibraciones. Me dejan boquiabierta sus usos ilimitados.

—Si uno habla demasiado con sexólogos, ¿se pierde algo del divino misterio?

—No creo. Los conocimientos te dan seguridad en ti mismo, y el misterio nunca se va a perder. Nunca conocemos todo. Como sentenció uno de mis sexólogos invitados: "El que diga que lo sabe todo es el peor amante".

—¿Entonces no se ha saturado de sexo?

—¡No puedo! Hay algo muy curioso. Me hubieras conocido hace dos años y yo era de las que me paraba de la conversación si se hablaba de sexo. Yo decía: “¡No, no, no! Eso se trata en privado, no es para hacer chistes”. Me iba a dormir. Y cuando me tocó hablar de sexo en Venevisión, pensé: “Bueno, soy una mujer de retos. Me voy a preparar para enfrentarlo”. Luego comencé a explorar el tema, a conocer, a leer, yo misma sufrí un proceso de cambios. Empecé a ver la sexualidad como parte importante de la salud del hombre y de la mujer. Y también me solté y me sentí mucho más cómoda.

—¿También se metió en el personaje de conductora sexy?

—¡Ahora sí me siento sexy! ¡Imagínate, si en el programa me pongo puros microvestidos! Subo al Ávila regularmente para que mis piernitas se mantengan tonificadas, porque un vestido a veces compromete.

—¿Qué pasó con Ricardo Álamo?

—La única pareja que tengo se llama Sexo al Desnudo. Quedamos de amigos. No pasó ningún inconveniente entre nosotros, ni peleas ni nada, sino que llego un momento en que ya no nos veíamos más, y tomamos la decisión hace tres meses. Por mensaje de texto y por llamada no puede funcionar una relación. Por cierto, estoy muy brava con Ricardo porque no quiere ir a Sexo al Desnudo. A lo mejor tiene miedo de lo que le voy a preguntar.

—¿Y el punto G?

—El verdadero está en el cerebro.


Sexo al Desnudo

Viernes, 12 de la medianoche

Venevisión