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“El ADN republicano se manifiesta aunque no lo conozcas”

La historiadora Inés Quintero / William Dumont

La historiadora Inés Quintero / William Dumont

La historiadora cree que el proyecto que llegó al poder en 1999 cometió el error de desentenderse de la construcción colectiva que le precede: “Y la gente siempre ha estado dispuesta a resistir”

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Como toda estudiosa del pasado, Inés Quintero es cauta ante el vértigo del presente. Lo que no quiere decir que la autora de La criolla principal no tenga una posición firme ante las páginas abiertas de la calle.

Uno de sus proyectos, que apenas empieza a bosquejar, es el de componer una historia de Venezuela no como una sucesión de presidentes o revueltas, sino desde el punto de vista de la defensa irrestricta de los valores republicanos por parte del ciudadano medio, incluso en los momentos más aciagos.

Le interesa más la construcción colectiva y silenciosa que la intervención de iluminados: “El esfuerzo colectivo de una sociedad que no ha claudicado en 200 años. Esa es mi emoción. Somos parte de eso. Históricamente, no estamos solos”, alude a los que se oponen hoy al abuso de poder.

—¿Se ha visto en la tentación de imaginar un ranking de personajes influyentes en la historia del país y situar dentro de él al fallecido Hugo Chávez?
—Los historiadores tenemos un gran privilegio: lo que nos interesa es comprender, no juzgar o valorar. Me tiene sin cuidado debatir cuál ha sido el mejor presidente de Venezuela. ¿Quién es el padre de la democracia? La sociedad. No le adjudico esa paternidad a nadie. Más que la figura de Chávez, habría que comprender el momento histórico que da lugar al surgimiento de un liderazgo de sus características. ¿Cuáles fueron los vacíos? ¿En qué medida esa figura nos satisfizo o no? ¿En qué consiste el socialismo del siglo XXI? ¿Los desposeídos están efectivamente en una situación distinta respecto a sus demandas y necesidades? ¿Dónde está el debe y el haber? Para mí la gran revolución fue la declaración de Independencia. Afirmar: “Acabemos con la monarquía, vamos a hacer una república con todos los hierros, aquí está esta constitución y aquí está este país”. Eso es indefectible.

—¿Más allá de que luego se haya dividido esa república en cuarta o quinta?  
—Esa es una periodización operativa. En definitiva, es la república. Y esa república es la que sigue viva y dice: “No”.

—Para un historiador del futuro, ¿cómo será el reto de un personaje como Chávez, que dejó registrada en televisión una buena parte de su vida como presidente?  
—Cualquier personaje histórico, reciente o antiguo, demanda enfrentar un volumen de información. Sin que esto signifique una comparación, hay que ver las toneladas de material que escribió Simón Bolívar y las que sobre él se han escrito. En el caso de Chávez, ese volumen tiene la dificultad de la magnitud, la cantidad, pero por otro lado la facilidad de acceder a él. ¿Tú te imaginas tener que oír todas las cadenas de televisión de Chávez? No le envidio el lugar a ese historiador. Ahora, hay otra cosa que me parece importante: difícilmente un venezolano tenga indiferencia plena alrededor del momento histórico en el cual vive. Está intervenido por tu propia visión, tu compromiso, tu valoración, tu posición en torno a los hechos. Eres parte de lo que está ocurriendo. No hay neutralidad posible. No solamente en relación con el presente, sino con el pasado. No hay manera de que tú consigas un personaje histórico en el que todo el mundo esté de acuerdo. El historiador tiene que ser consciente de esas visiones encontradas, identificarlas, saber la motivación de esos antagonismos. Porque de otra manera terminas repitiendo la polarización en tu propia obra.

—En la escala histórica, 14 años no es nada.
—Es una ñinguitica. A mí me parece que el gran costo político de la ejecución de este proyecto que comenzó en 1999 ha sido la confrontación con la defensa de las prácticas y valores republicanos. El desdén al Estado de Derecho. El copamiento de las instituciones. La desinstitucionalización de la división de poderes. Todas esas cosas han sido parte de la construcción de la condición republicana de esta sociedad. Tú puedes tener un proyecto, una idea. Pero no puedes desentenderte, desconocer, echar por la borda la construcción histórica que te precede. Porque esa sociedad va a demandar, a resistir, a hacer valer el resguardo de esa construcción. La libertad de expresión, por ejemplo, no es un hecho de hoy. Es una construcción histórica que involucra a la sociedad.

—¿Como el ciudadano que se la juega con su voto, aunque sepa que no va a ganar unas elecciones?
—Quizás no hay una conciencia clara de que te está empujando un ADN republicano. Uno no tiene conciencia de su ADN. Tú no andas por allí pinchándote para ver cuál es la calidad de tu ADN. Puede que tú no sepas quién fue Juan Germán Roscio, Leoncio Martínez o Mario Briceño Iragorry, o de que el 14 de febrero de 1936, luego de la caída de Juan Vicente Gómez, se armó un zaperoco en la plaza Bolívar de gente que dijo: “No, señor, aquí no volvemos a la dictadura, aquí vamos a otra cosa”. Pero resulta que la sociedad tiene esos referentes históricos, aunque no los conozcas. Es lo mismo que tú no sepas las destrezas de tu abuelito. Pero eso está allí. Por eso insisto en la importancia de la apropiación de la historia. Termina dándote herramientas no solamente de comprensión, sino de fortaleza. Hemos demostrado una fortaleza republicana irreductible. No viene del capricho. Viene de la convicción.

—¿A pesar del control de medios de comunicación, ejército, industria petrolera, poderes del Estado?
—Por muchos 14 años de fuerza mediática, de petrodólares, las sociedades tienen una cosa que se llama memoria. Puedes echarle pichón a tratar de borrarla. Pero la memoria no es moldeable por el capricho. Porque además tiene sus propias dinámicas. Sus maneras de fortalecerse. ¿Después de 27 años de la dictadura de Gómez, de dónde salió este furor democrático de 1936? Estaba allí. Siempre estuvo. En el día a día, la gente estuvo convencida, dispuesta, más allá del terror, a hacer una resistencia cotidiana.

Inspiración en La Carraca
 
Inés Quintero está ocupada en la ampliación del libro sobre Francisco de Miranda que publicó para la Biblioteca Biográfica Venezolana de Los Libros de El Nacional. Para inspirarse, hace unas semanas visitó la prisión de La Carraca en Cádiz. Afirma que todavía es posible hacer descubrimientos, y promete sorpresas, sobre un personaje que le apasiona, y no por sus proezas de cama o uniforme: “Miranda representa a muchos otros empecinados, quizás más anónimos, que aportaron elementos constitutivos en ese esfuerzo histórico monumental de la construcción de la república. No importa que hayan caído derrotados.

Miranda, sí, terminó preso, murió en la cárcel, se perdieron los huesitos. Pero no tienes manera de desentenderte de su presencia”. Y reflexiona: “No existe manera de producir conocimiento histórico si no tienes una actitud crítica frente al pasado. Es como hacer matemáticas y no saber multiplicar. Puedes producir panfletos. Pero no un conocimiento guiado por el fin último del trabajo intelectual: la pasión de comprender, como decía Manuel Caballero”.