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Arnold Shapiro: Mi interés es ayudar a la gente joven y a su familia

Terapia de shock ha grabado un total de 54 programas, en los cuales han participado más de 200 adolescentes

Terapia de shock ha grabado un total de 54 programas, en los cuales han participado más de 200 adolescentes

La cuarta temporada del show ganador de múltiples premios Emmy se estrenó el viernes

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Siempre hay una oportunidad para cambiar, pero para algunos adolescentes delincuentes, la que le ofrece el programa Terapia de Shock puede ser la última. Arnold Shapiro, ganador del Oscar por el documental Scared Straight!, decidió llevar una propuesta parecida a la televisión: seguir la vida de jóvenes delincuentes mientras participan en una sesión con criminales convictos dentro de cárceles o reformatorios juveniles, con la intención de asustarlos y que de esta manera cambien sus vidas.

Shapiro aseguró, vía telefónica, que más de la mitad de las personas que han participado en el programa han cambiado positivamente su vida. “Mi interés es ayudar a la gente joven y a su familia. Ver un programa como este no cuesta dinero y ayuda tanto como ir al doctor, por eso pensé que debía tener difusión nacional”, añadió.

Además, el 16 veces ganador del Emmy afirmó que los adolescentes de hoy enfrentan más problemas y más tentaciones: los inconvenientes familiares, las pandillas y la masificación del uso de las drogas y el alcohol son algunos de ellos. “Cuando yo era chico, por supuesto que habían jóvenes que tomaban alcohol, eran irrespetuosos con sus padres y cometían algunos delitos. Pero ahora hay jóvenes que golpean a sus padres y abuelos hasta enviarlos a un hospital y que son arrestados por violencia doméstica. Algunos padres tienen miedo a sus hijos”, dijo.

—¿Cómo consiguen los casos?

—La mayoría de las veces hablamos con los encargados de los correccionales. Este tipo de terapias o programas existen así no se muestren en televisión, las personas de los reformatorios nos dicen cuáles son los jóvenes que ingresarán en los próximos días. Entonces contactamos a las familias, quienes tienen que llenar muchas planillas y requisitos para manifestar su deseo de ser grabados. También estamos siempre en contacto con los consejeros de las escuelas y oficiales de policía, quienes nos dicen si conocen a alguien que necesite participar en el programa.

—¿Cómo ha cambiado su concepto de redención con esta experiencia?

—Cada programa que hacemos es diferente, aunque todos tengan el mismo fin: enseñar a los adolescentes las consecuencias de sus acciones. Algunos chicos al salir del programa han cambiado de manera radical en unas pocas horas o días, a otros les toma un poco más de tiempo hacerlo y algunos simplemente no cambian. No tengo estadísticas exactas pero puedo asegurar que al menos la mitad de los muchachos que hemos tenido en el reality han hecho algún cambio en su vida. Quizás han dejado de ser criminales pero siguen fumando marihuana o siguen siendo irrespetuosos. 

—¿Recuerda algún caso en particular?

—Eso es como preguntarle a un padre cuál es su hijo favorito, pero hay uno que viene a mi mente: el de un muchacho afroamericano de 16 años, de Michigan, que vendía drogas y había abandonado la escuela. Él fue tan desafiante que tuvo una pelea muy fuerte con uno de los guardias de la prisión, nunca habíamos visto algo así. Fue muy irrespetuoso con algunos de los reclusos que estaban tratando de aconsejarlo y por primera vez en la historia del programa, tuvimos que echarlo. Estábamos seguros de que cuando hiciéramos el seguimiento de su caso, un mes después, nos encontraríamos con que había fallado y cuando lo vimos nuevamente ya había vuelto a la escuela, no vendía drogas, había dejado las peleas. Luego se graduó, estaba buscando un trabajo y esperaba para entrar a la universidad. Había cambiado completamente y eso nos sorprendió.