• Caracas (Venezuela)

Enrique Santos Molano

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Enrique Santos Molano

Violencia oficial

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El fallo absolutorio de Darren Wilson, el policía blanco que mató en Ferguson (Misuri, EE. UU.) a Michael Brown, un muchacho de color que no portaba armas, ni estaba incurso en ningún acto de violencia, ha desatado la ira de miles de personas, blancas o negras, en más de ciento setenta ciudades de Estados Unidos que consideran la absolución del policía una actitud redomadamente racista.

Aparte de la cuestión racista, es imperioso examinar el fenómeno, cada vez más frecuente y menos fenómeno, de la violencia oficial, como lo fue el caso de Ferguson. Al respecto son muy útiles las declaraciones del policía Wilson, publicadas en El País en las que se muestra contento de haber cumplido con su deber y de haber hecho su trabajo “correctamente”. Asegura que fue entrenado para “actuar de esa manera” y que obró en defensa de su vida porque Brown intentaba quitarle el arma. Sin embargo varios testigos, algunos de ellos blancos, aseguran que Brown había levantado las manos tal como le ordenó el policía y que no estaba en actitud agresiva.

La indescriptible tragedia de Ayotzinapa también es el fruto de la violencia policial contra la población civil, como parte de una estrategia de represión de las protestas contra la ineficacia, el abuso y la corrupción de la autoridad.

Que la violencia oficial no solo es antidemocrática, terrorista, injusta e innecesaria, lo denunció el santo padre Francisco y lo demostró la alcaldesa de Bogotá (encargada), Clara López, durante su breve mandato. En un momento en que los ánimos estaban caldeados por la reforma educativa, y en que grandes manifestaciones estudiantiles desfilaron por las calles de Bogotá, y se temían choques con la policía, la alcaldesa retiró los agentes de las calles, pactó con los estudiantes un desarrollo tranquilo de las protestas, y miles de jóvenes desfilaron, sin vigilancia policial alguna, y sin que hubiera el menor desmán.