• Caracas (Venezuela)

Emiro Rotundo Paúl

Al instante

¡Qué vergüenza J. R.!

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Es muy vergonzoso lo que está pasando en Venezuela. El gobierno de Maduro, heredero del desastre socio-económico y político generado por quien se creyó investido de la autoridad (y aun del genio) de Simón Bolívar, está empeñado por todos los medios, en especial los más viles, en eludir su inevitable final. Golpea, embrolla y retarda la consulta popular revocatoria que es un derecho inalienable del pueblo venezolano conferido por la Constitución Nacional. La misma que los incondicionales juristas del comandante confeccionaron bajo su tutela y que este al comienzo denominó “la mejor Constitución del mundo” y posteriormente, con la confianza y el manoseo, terminó llamando “la bicha”.

Para la inmoral misión de desprestigiar el esfuerzo realizado por la oposición democrática, el régimen escogió al hijo de un luchador político pertinaz (a quien conocí bien) ultimado vilmente en una cámara de torturas del régimen político anterior. Con sonrisa cínica y voz meliflua, este ejecutante, coronado con laureles heredados que no enaltece, se burla sin recato de la voluntad y del empeño de millones de venezolanos que en solo dos días desbordaron los sitios de recolección de firmas para solicitar la iniciación del proceso del referéndum revocatorio. Designado por Maduro revisor del proceso, con manos libres para hacer y deshacer, denuncia supuestos fraudes con firmas de personas fallecidas, de delincuentes presos, de identidades falsas y demás bellaquerías realizadas por agentes suyos infiltrados en el acto masivo de recolección de firmas, en el que cualquier bandido podía anotar, firmar y acreditar con sus huellas digitales cualquier nombre supuesto, o simplemente entregar planillas falsas al CNE, sin que nadie pudiera detectar a priori la trampa, salvo el que la realizó o la ordenó realizar. Esta farsa quedó plenamente demostrada cuando el acusador de marras y director de la misma, empezó a denunciar, con copias de planillas en mano, las supuestas usurpaciones de identidad mucho antes de que el CNE comenzara la revisión de las firmas y la anulación arbitraria de más de medio millón de ellas perfectamente válidas (como la mía, la de mi esposa y la de otros familiares y amigos), aparte de las plagiadas por los tartufos del oficialismo.

¿Para qué quiere el militarismo chavista-madurista seguir gobernando? Hay muchas respuestas a esa pregunta, pero ninguna de ellas es buena para el país, dado el estado de deterioro y corrupción del proceso y sus gestores. ¿Cree realmente la camarilla civil y militar gobernante que el país puede soportar por dos años y medio más la atroz situación que está viviendo? En la historia de Venezuela no se había dado una situación similar a la actual. Un brinco rabioso de la mayor opulencia a la más grande escasez, inflación y pobreza nunca había pasado. Solo se había manifestado algo parecido en la década de los ochenta cuando cayeron los precios del petróleo artificialmente incrementados por la OPEP. Pero sus secuelas fueron mucho menos graves que las de hoy, porque el aparato productivo nacional no había sufrido todavía los embates del “socialismo del siglo XXI”.

El golpismo militar del 4-F y del 27-N de 1992, alcahueteado por las élites sociales molestas con los ajustes económicos de Carlos Andrés Pérez, abortó el proceso de cambio que avanzaba exitosamente y que en años posteriores, con los altos precios del petróleo, hubiera permitido el desarrollo integral de Venezuela. Esa conjura entre golpismo militar y demócratas desleales constituyó un grave error político que permitió el ascenso del pensamiento castro-comunista que salió de los cuarteles para asumir el poder en detrimento de la industria, la legalidad, la unión, la paz, la prosperidad y la felicidad de los venezolanos.

El infortunio que estamos viviendo dejará una profunda huella en la nación. Quiera Dios que esa amarga experiencia nos sirva para madurar política, ética e intelectualmente para que no caigamos nunca más en manos de gobernantes inescrupulosos formados con los catecismos del pensamiento seudorrevolucionario que forja soluciones teoréticas e idealistas para los problemas concretos del país y del mundo desconociendo (o conociendo mal) las realidades económicas y sociales de la actualidad y de la historia.