• Caracas (Venezuela)

Emiro Rotundo Paúl

Al instante

Si no hubiera revocatorio

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El referéndum revocatorio del mandato presidencial se ha convertido en el punto crucial, el quid, el foco de la problemática nacional. ¿Por qué? Porque no hay salida posible del estado de trastorno en que nos encontramos sin un cambio de gobierno, sin una sustitución del modelo económico-político-social impuesto por el chavismo que se ha convertido en una tragedia para la inmensa mayoría de los venezolanos. El gobierno no va a cambiar así se destruya el país, se multipliquen las revueltas populares y mueran muchos compatriotas por hambre, enfermedad o violencia. La naturaleza insensible del régimen y la irreductible obstinación de las ideas que bullen en las cabezas de sus fanáticos gestores, le impiden reconocer su fracaso, deliberar y realizar un cambio en su trayectoria.

Por eso son tan intransigentes. Están tratando por todos los medios, legales e ilegales (estos últimos en mayor número), de evitar la celebración del referéndum revocatorio este año y aplazarlo para el año que viene. Así, con esa maniobra, y en el peor de los casos, saldría Maduro pero continuaría el régimen en el poder. Pero, en realidad, bajo esas circunstancias, tampoco Maduro sería depuesto de su cargo porque la oposición, y no me refiero a la MUD sino a los millones de personas que se oponen al régimen sin ser de ningún partido, y los mismos chavistas arrepentidos no tendrían ya ninguna razón válida para participar en esa pantomima. No votarían un referéndum revocatorio para que siga en el poder el sistema político responsable de todo lo que está pasando. Porque no es Maduro, es el sistema, es el chavismo, es la ideología, el verdadero problema. Cualquiera de sus exponentes, dirigiendo el país, seguiría el mismo rumbo hacia el desastre.

¿Qué pasará si el gobierno se sale con la suya y no hay referéndum este año? En primer lugar, el gobierno perdería el resto de legitimidad y legalidad que le queda. Durante años el chavismo ha venido violando la Constitución y pervirtiendo las instituciones, pero impedir el referéndum revocatorio a la brava para mantenerse en el poder en contra del sentir de la inmensa mayoría del pueblo venezolano sería ir demasiado lejos. Sería un golpe de Estado mondo y lirondo. Tal cosa no ocurriría sin una reacción del resto de los países de América y de Europa. Hasta hoy los atropellos oficiales a la legalidad y a la democracia tenían como ámbito de ocurrencia el territorio nacional. Venezuela estaba aislada del mundo, protegida por una muralla de dólares que el comandante distribuía pródigamente para que las miradas foráneas voltearan para otro lado. Pero ahora, con las imágenes de las colas, el hambre, los disturbios cotidianos, las muertes de ancianos, enfermos y niños por falta de medicamentos, las denuncias de la oposición y, sobre todo, el informe del secretario general de la OEA, las cosas son diferentes. El mundo conoce mejor la situación del país y está pendiente de lo que está ocurriendo en Venezuela. Percibe el sentido y la importancia del referéndum revocatorio y no permanecerá indiferente a su anulación por parte del gobierno. De manera que no será fácil para el régimen burlar la disposición constitucional, impedir el referéndum y quedarse en el poder como si nada hubiera pasado.  

Una actuación como esa, tan inicua y desvergonzada, sumada a la gravísima situación económica, política y social del país, produciría una mezcla muy difícil de tragar. Sería una medida desesperada que no abonaría la ganancia que sus promotores presumen. Indudablemente que se agravaría el estado de violencia existente, que pudiera desbordarse completamente. ¿Hasta dónde puede llegar la cólera de los venezolanos? No lo sabemos, porque la situación actual no tiene parangón con ninguna otra que hayamos vivido en Venezuela en los últimos cien años. Lo más parecido a lo que está ocurriendo hoy fue la explosión de violencia popular del año 1989 conocida como el “Caracazo” (aclamada por el chavismo) cuyas características tienen similitudes con los estallidos limitados que se están produciendo por todas partes. Aquel episodio nos da una idea de lo que pudiera suceder si llegara a producirse una conjunción de todos estos estallidos a escala nacional: muchísimos muertos y heridos, saqueos masivos, destrozos de locales y equipos, cierre de negocios y desaparición de toda clase de víveres y bienes de consumo. Sería un fin espectacular y altamente doloroso, pero definitivo, del chavismo con todos sus ídolos y sus mitos.