• Caracas (Venezuela)

Emiro Rotundo Paúl

Al instante

El problema y la solución

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El desastre que estamos viviendo en Venezuela tiene su origen en el régimen populista, rentista, autocrático, sin contrapesos ni controles, impuesto por el chavismo al margen de la Constitución Nacional y las leyes de la República. Los otros males se derivan de él: los que existían se exacerbaron con la llegada del chavismo y otros más se sumaron a estos para hacer de Venezuela un país insoportable. Por eso se han ido al exterior más de 1 millón de compatriotas, la mayoría de ellos profesionales.

El régimen socio-económico y político del chavismo, que con ínfulas de universalidad se autodenomina socialismo del siglo XXI, está basado en la ideología marxista con su derivación tropical castro-comunista. Es tildada de “revolución” por la cúpula cívico-militar que la sustenta y como tal no puede ser sometida a ningún tipo de transacción. Las revoluciones no se discuten ni se negocian.

Bajo estos parámetros, la nueva Asamblea Nacional no está en capacidad de cambiar el sistema vigente en forma significativa. El desabastecimiento, la inflación, la falta de producción, la pérdida del poder adquisitivo de la moneda, la escasez de divisas, el control cambiario, la emisión de dinero inorgánico, nada de eso se resuelve con la aprobación de nuevas leyes ni con reformas de las ya existentes si el gobierno no coopera. Ya los albaceas del legado chavista han fijado claramente su posición: la “revolución” no se entregará; el camino es “seguir luchando y profundizar la revolución”. Por eso el triunfo de la oposición es considerada una “contrarrevolución”. De esta manera el chavismo se convierte en la oposición del poder popular expresado el 6-D mediante el voto mayoritario de los venezolanos.

El desastre, por lo tanto, seguirá su curso hasta alcanzar límites máximos que pueden generar una explosión social. Quizás esa sea la dinámica histórica del proceso, si nadie puede controlarlo ni encauzarlo. Este punto debe ser tomado muy cuenta por los dirigentes de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y ser explicado muy claramente a la opinión nacional para que no se creen falsas expectativas y para que no se culpe a los nuevos parlamentarios por la no solución de los problemas heredados.

Para superar el desastre y recuperar el ejercicio de la democracia en Venezuela es preciso desmontar la estructura caudillista, estatista, centralista, no alternativa, sin contrapesos ni controles, que ha sido erigida por el chavismo durante sus diecisiete años de ejercicio del poder. Ese acontecimiento sería un hecho mucho más revolucionario que el surgimiento del propio chavismo que, en definitiva, fue un montaje fraudulento y una falsificación del ejercicio del poder logrado mediante el juego democrático.

Frente a este dilema, es preferible que la mayoría parlamentaria opositora no se afane inútilmente en resolver la situación y deje que la crisis siga su curso en detrimento del régimen, dirigiendo sus esfuerzos en la Asamblea para hacer de ella un foro patriótico en el cual se discuta públicamente la situación nacional, se exponga la verdadera causa de la enfermedad que aflige al país y se proponga el remedio para su curación, tratando con ello de hacer comprensible y aceptable a todos la necesidad de deponer al presidente de su cargo mediante el referéndum revocatorio previsto en la Constitución Nacional.

Ello permitiría convocar rápidamente nuevas elecciones presidenciales que con toda seguridad ganaría el Movimiento de Unidad Nacional, en el cual necesariamente devendría la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) para emprender a partir de allí las reformas necesarias para enderezar la vida nacional alterada, deformada y prostituida por la ideología chavista que, como otras del siglo XX, quisieron hacer lo mejor y terminaron haciendo lo peor, porque una cosa son las ideas y otra las acciones, cuanto entre unas y otras median seres humanos comunes y corrientes y no seres angelicales, que en nuestro caso resultaron ser más comunes y corrientes que los otros.

 

*Profesor jubilado de la UCV