• Caracas (Venezuela)

Emiro Rotundo Paúl

Al instante

¿Qué se obtuvo de la reunión de la OEA?

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Durante diecisiete años el chavismo hizo de las suyas en Venezuela. Tenía un líder carismático, apoyo popular, un torrente de dólares y la aprobación interesada y/o desinformada de la mayoría de los países americanos, en particular, de los que integran la Comunidad Caribeña (Caricom), catorce pequeños países de habla inglesa, francesa y holandesa, que tienen muy poco en común con América Latina y que representan, en forma no proporcional a su extensión territorial, población y economía, 41% de los votos de la OEA; países con los que el gobierno de Venezuela, con cálculo político sagaz, fue muy generoso, suministrándole petróleo a crédito, con cómodas y olvidadizas cuotas, a precios por debajo del mercado y con intereses preferenciales.

Bajo estas condiciones, Chávez fue desmontando poco a poco la democracia liberal, representativa y alternativa con la que llegó al poder para sustituirla por una democracia popular al estilo de las impuestas por la Unión Soviética en los países de Europa Oriental y en Cuba. Ante el asedio a la democracia en Venezuela la mayoría de los países de la región hicieron la vista gorda. Cuba vivía de Venezuela; los países del Caricom estaban económicamente atados a ella, Nicaragua, Bolivia y Ecuador recibían toda clase de ayudas; Argentina y Brasil celebraban jugosos negocios con Chávez; Colombia, empeñada en un proceso de paz con las FARC, muy ligadas al régimen chavista, escurría el bulto. Los demás países, con excepción de Estados Unidos y Canadá, permanecían callados. Venezuela estaba sola ante la embestida chavista.

Las cosas cambiaron repentinamente. Los giros políticos en Argentina y Brasil, la pérdida de capacidad económica del chavismo y la llegada de Luis Almagro a la Secretaría General de la OEA, después de la insulsez de Insulza, fueron factores que cambiaron de manera sustancial la situación expuesta anteriormente. Por fin alguien, desde una tribuna de amplia proyección internacional, se preocupaba por Venezuela y denunciaba el desastre económico, político y social del país causado por el chavismo y las agresiones de este contra el orden constitucional y el sistema democrático venezolano.

La reunión del Consejo Permanente del día 23 de junio pasado marcó un hito en la historia de la OEA. Venezuela fue sentada en el banquillo de los acusados. El informe del secretario general sobre la situación venezolana fue demoledor y la actuación de la canciller de Venezuela dio pena. Trató de boicotear la sesión con un punto previo de no aprobación de la agenda que fue derrotado por 20 votos contra 12 (la mitad de estos últimos procedentes de los países del Caricom que siguen liados con Venezuela). Luego se dedicó a insultar al secretario general y pedir su renuncia, acusar a Estados Unidos de dirigir las acciones, descalificar a la OEA y negar lo denunciado en el informe de 132 páginas del secretario general, debidamente sustentado con cifras y datos totalmente comprobables.

Pero quizás lo más importante de la reunión del Consejo Permanente de la OEA no fueron las denuncias del secretario general, sino que los ex presidentes designados por el gobierno venezolano para un diálogo con la oposición (Zapatero, Fernández y Torrijo) con miras a ganar tiempo en su propósito de diferir el referéndum revocatorio, obtuvieron un reconocimiento general del Consejo Permanente de la OEA. Eso los vincula moral e institucionalmente con ese organismo. Tendrán que desempeñar su misión con mucha honestidad para no perder credibilidad y respeto. El diálogo previsto, “largo, duro y difícil”, como lo calificó Zapatero, no podrá ser un obstáculo para celebrar el referéndum revocatorio este año. Los ex presidentes no podrán prestarse a tretas contra el pueblo venezolano que quiere, mediante el recurso constitucional, pacífico y democrático del referéndum, un cambio de gobierno para salir de la situación de penuria y desesperación en que se encuentra. Si la oposición concentra sus esfuerzos en el referéndum revocatorio y maneja hábilmente su relación con los ex presidentes puede transformar la maniobra oficialista en una herramienta para garantizar la realización del mismo.