• Caracas (Venezuela)

Emiro Rotundo Paúl

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Emiro Rotundo Paúl

El meollo del problema (y II)

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Voy a insistir nuevamente sobre el punto de mi artículo anterior. La cúpula del liderazgo opositor, nuestros representantes ante la nación y el mundo, ha eludido tomar el toro por los cachos y enfrentar abiertamente la causa fundamental de la problemática que azota, sin excepción, a todos los venezolanos, sean adversarios o ingenuos partidarios del chavismo. Los portavoces de la oposición unificada presentan al gobierno-Estado una agenda de “puntos concretos” para el diálogo. ¿Cuáles son esos puntos? La liberación de los presos políticos, el desarme de los grupos paramilitares, la renovación de los funcionarios de los poderes públicos con cargos vencidos, el cese de las detenciones arbitrarias y de las torturas, la reactivación del aparato productivo con la colaboración de todos, y cosas por el estilo. Si los grandes capitostes del gobierno-Estado accedieran a todas esas peticiones, que no significarían para ellos ceder ninguna posición importante de su proyecto político, ¿quedaría superado el problema de fondo y eliminada la fuente de las calamidades? Evidentemente que no.

Dije en mi artículo anterior que lo correcto era centrar la lucha en la raíz del problema, en su núcleo, en lo que tiene de dañino y amenazador para nuestras vidas y para las de nuestros hijos y nietos. Me refiero al proyecto castro-comunista que se nos quiere imponer a toda costa y no a los hechos circunstanciales que emanan de él, que siendo simples manifestaciones del plan, pueden ser resueltos sin alterar para nada la naturaleza y la trayectoria del proyecto. Tales manifestaciones surgirían nuevamente con más fuerza y virulencia.

La inmensa mayoría de los venezolanos no quiere vivir bajo un sistema comunista. Ese sentimiento ha sido expresado abrumadoramente en todas las encuestas de opinión que se han realizado en el país. Ese proyecto fue rechazado ya anteriormente, pese a todo el camuflaje con el que se le cubrió, en la única confrontación electoral que ha perdido el chavismo. ¿Por qué, entonces, no atacamos por ese lado que es el talón de Aquiles del régimen? ¿Será que todavía sufrimos el “síndrome” de la izquierda latinoamericana, ese complejo ideológico sembrado por el comunismo internacional durante la “Guerra Fría” en las mentes de los intelectuales y los políticos en el sentido de que toda oposición al “socialismo” y a la “revolución” es una posición reaccionaria, una claudicación, una traición, una entrega al “imperialismo yanqui”, etc.?

¿Hasta cuándo vamos a cargar con esa rémora? ¿Por qué nadie se atreve a definirse como liberal, burgués, capitalista o partidario de la libre empresa, si esos términos expresan las fuerzas, los valores y las realidades históricas que han hecho posible la democracia, la libertad y el humanismo en la cultura occidental y en el mundo? ¿Por qué sentirse avergonzado de las ideas filosóficas y políticas que han ido desplazando al despotismo, al absolutismo y al totalitarismo en diferentes épocas y latitudes? ¿Por qué hemos de claudicar en la defensa de nuestra cultura humanista y cristiana ante fórmulas fracasadas de sistemas liberadores que han ensangrentado el mundo y cometido las peores infamias en aras de una “justicia social” llevada de la mano de hombres mesiánicos, de gigantes infalibles y eternos que han sembrado el dolor y la muerte bajo la falsa promesa de un mundo mejor?

Creo que ha llegado el momento de plantear al gobierno-Estado la discusión abierta del proyecto chavista, de ese “plan de la patria” que nadie discutió ni votó, para revisarlo entre todos, modificarlo y hacerlo compatible con las ideas, los sentimientos y los intereses de los diversos sectores que integran la sociedad venezolana. Si no hay acuerdo sobre ese punto esencial, no vale la pena iniciar ningún diálogo, aun cuando ello suponga mayores sacrificios para todos. Creo que ha llegado la hora de la verdad y de las definiciones.

*Profesor jubilado UCV